Unos escritos de domingo

Son las 7 de la noche y aún estoy en el diario. El día fue desastroso y practicamente lo terminé dándole un cabezaso a la combi mientras bajaba. La mejor decisión que tomé fue llegar a mi cuarto, desnudarme muy rápido y dejar caer el agua sobre mi, quizá eso me limpiaría de la mala suerte del día. Después del buen baño tomé mis maletas y ya estaba ahí, viajando a Sullana. No se por qué pero cada vez que llego es como si me envolviera un ambiente de paseo y relax. Esa noche Rolito Miranda, mi colega comunicador, cumplía un añito más. Me pasé la plancha por el cabello, quedé lacia y vestida de negro. Eduardo Valdivia me recogió del aburrimiento y vi a mis amigos después de un par de semanas. El negrito que tengo al lado, el que me acompaña en mis sueños y todo el día en mis pensamientos llegaría más tarde. Así es la vida cuando la gente trabaja. La noche transcurrió entre un salud, unas cuantas risas, cigarrillos colectivos, un par de bailes y unas nalgas pegadas en la puerta del baño que ocasionaron reacciones locas, incluso en mi enamorado. Yo la terminé dormida en el sofá esperando que sea el amanecer para que las puertas de las cámaras nos reciban con su lomo saltado, una lengua guisada o un caldo de gallina. Subimos a las motos y tenía al lado un negro borracho , antípatico y loco, que como siempre intenta llevar su alma contra la corriente y ya le faltaba poco para saacar ese miembro, también loco, y expulsar un poco del alcohol que había ingerido. Eduardo, que también estaba en la moto, a mi lado, reía, sólo reía. En el silencio de la mesa, mientras todos trituraban las presas en sus platos una voz un poco chillona y algunas veces alterante sacó después de un buen tiempo una gran idea. "Vamos a Máncora".. uyyy.. Mancora.. Casi seis meses que no sentía la arena mancoreña ni veía ocultarse el sol tras esas aguas mientras dejaba ver la silueta a contra luz de los barcos encallados en el puerto. Definitivamente no podía dejar de decir que sí. Un SI colectivo se derramó en la mesa y fuimos a comprar los pasajes. Eran las 7 de la mañana, y todavía faltaba regresar a casa a cambiarme y salir, eso sería lo más dificil. Esperaba encontrar un papá borracho por la fiesta del día anterior y una mamá cansada que no se de cuenta de la hora de llegada. Pero olvidé las llaves y mis manos tuvieron que tocar, con miedo pero lo hicieron. Me armé de valor y dije ya regreso me voy a Máncora. jaaaaaaa... Trepé al bus con los muchachos a las 8 de la mañana y a las 11 estaba abriendo mis ojos y admirando, desde el cerro de la entrada, ese mar que se pierde en el horizonte y te deja con la intriga de dónde terminará. Esa tarde nos acompañó el cebiche, unas chelas y unos sandwiches de queso con tomate y albaca. Terminé como siempre admirando ese mar que me cobija cada vez que quiero amar, cada vez que tengo ganas de pensar, cada vez que quiero mojarme con su infinidad.
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Comentarios:

Escrito por: julioscar       21/12/07 23:04
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bello dia inolvidable en la memoria
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