Una vez más

Categoría(s): historia

Un Domingo desperté solo.

Mi madre no estaba en casa

desde hacía una semana y

a mi padre lo había perdido

desde mucho antes de ese día

en que la mañana lo sorprendió muerto.

Tal vez por eso al principio no me inmuté.

 

Yo dejé que el tiempo realizara

los homenajes fúnebres.

Abandoné a la suerte al cadaver

y a la casa que todavía me producía hastío.

 

Salí sin tener en cuenta el lugar

al que quería llegar.

Extrañaba todo, quiero decir,

todo lo que nunca pasó

y que siempre quise que ocurriera.

Todas las cosas que

me eran cotidianas tomaron

entonces otro sentido,

el azul del cielo un poco sonrojado

de la mañana estival y

el viento desenmarañado que

escurría el suelo de hojas cobrizas, muertas,

me hacían llorar.

Los niños jugando alegres en conjunto,

enojándose apenas lo suficiente

para no hacerse daño

y apenas lo suficiente

para encariñarse más

con cada perdón pedido.

Los cariños de una madre

a su hijo.

Los besos de un padre a los suyos,

los que de verdad no parecen inventados.

El sentir feliz de

dos o tres o cuatro hermanos.

Todo, de repente,

ya no era igual.

¿Y cómo habría de serlo?

 

Cuando el hambre y el cansancio

se apoderaron de mí

me aventé de rodillas en el campo,

me avergoncé al fin de

mi infelicidad,

lloré amargores con

los brazos abiertos,

como esperando a que

mi madre me abrazara

o como esperando un beso

sincero de mi padre,

un aliento de cordura.

Sentí el pecho oprimido

tan fuerte que el aire me faltaba,

en realidad era todo.

 

Ya en pie, cansado, hambriento,

cabizbajo, caminé descalzo

en la tierra que alimentó a mi vida.

Llegué al pequeño cerro,

ahora,

de vida somnolienta

como la hora en que llegué,

de vida que desprende de sí todo

 y espera tanto tiempo para volver a vivir.

 

En la cima no pude más y reposé,

en el punto más alto de lo patético,

en la tiranía de la tristeza.

Pronto supe qué tenía que hacer,

no era morir,

ni andar vagando

como al principio creí,

era despertar

y creer

que siempre se tienen

dos oportunidades.

 

 

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Comentarios:

Escrito por: Sidra       06/09/08 05:37
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Cómo me gustaria un día leer de ti, algo que me hiciera sonreir... Un besito con alegría.. =)
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