Una Tarde al Aire Libre!

Categoría(s): erotismo, erótica, deseos, pasión

Una Tarde al Aire Libre! 

Autor: Mónica Buglione0807020799118

  


Escucho los parlantes de su auto a todo volumen.
En la serenidad del domingo por la tarde, después de haber leído el diario con sumo detalle, me dispongo para caminar un rato por el amplio Parque Saavedra, uno de mis preferidos.


Allí está él, medio metido en su automóvil, con la manguera escurriendo por el piso, después de haber terminado de lavar su auto con vidrios polarizados azul.

Te veo desde atrás, te inclinas mientras lo vas secando con todo cuidado, el borde del boxer negro asoma por el jeans cortado justo a la altura donde comienza la entrepierna.
Tus músculos fuertes se mueven al ritmo de la música que
sigue sonando sin pausa.
Me balanceo mientras la escucho, y mis ojos se instalan en el arco perfecto de tu cintura, comenzando a completar el plan de mi sufrimiento, que en este momento si inicia.

  
Estás en la Universidad, te veo todos los días esperando el autobús que te lleva, cuando no usas el auto azul que en este momento lavas tan pacientemente.

Me saludas con respeto, y yo quiero que me lo pierdas, porque eres un objeto de deseo, si…eso eres.
Como no habrías de serlo! me haces sentir promiscua y algo torpe, cuando pasas a mi lado, cuando tus brazos tan enormes, debajo de esa remera blanca que te queda alevosa, o ahora mientras los ejercitas con el trapo naranja, secando ardorosamente tu máquina azul.
Te imagino como ahora, como si estuvieses desnudo ante mis ojos, metidos en el auto los dos, sin jeans, sin boxer negro, inclinándome sobre ti, besándote todo, oliendo tu sexo, lamiendo tu cuerpo .
Levantas tu mano y me saludas al pasar, estoy a cuatro metros de ti, y entonces tomas la manguera roja y mojas nuevamente el automóvil, sin saber todo lo que estoy pensando.

Es mejor que no lo sepas, y sigas allí moviéndote de esa forma que tanto me fascina.
Disimulo no verte y sigo caminando por el Parque, hasta ocultarme detrás del inmenso árbol que está justo frente a tu casa, para poder espiarte.
Como cada tarde lo hago, programo mi salida del trabajo diariamente, para encontrarte en el autobús y sentarme lo más cerca posible, cerrar mis ojos y sentirte, más cerca de lo que te tengo, a centímetros de mi cuerpo.
A veces solo veo tu cuello, y con eso es suficiente, porque lo que quiero es que bajes del autobús, cerca de la Universidad, allí en la misma parada donde bajamos juntos.
Casi siempre bajas primero, de un salto desciendes, y yo te sigo con la mirada y noto que tu caminar de hombre avasallante, con tus pasos grandes, con tu espalda fuerte, con ese caminar tan viril y potente, me hace sentir inquieta hasta que te pierdes doblando la esquina cerca de la Universidad, mientras yo continúo caminando , pensando de que modo me tienes, ardiendo .

Y nuevamente te inclinas, tomas la manguera entre tus manos y siento que tu mano es mi mano, porque de pronto se me hace intima y conocida.
Dejas escurrir el agua del techo del auto, te estiras y vuelve a aparecer tu boxer negro sobre tu breve pantalón de jeans que ahora veo tiene algunos flecos y un agujero a la altura de los bolsillos traseros por donde asoma el negro de tu ropa interior.
Te das vuelta y de perfil me regalas tu perfecta figura , tu sexo se adivina aún mas, el agua mojó tu ropa que se adhiere sin preámbulos ni culpas, el grosor de la manguera en tu mano se muestra como una realidad muy placentera. Estoy sintiendo latir mi excitada humanidad.

Hace calor en el Parque, y mas calor hace donde tu estas, moviéndote con la manguera en la mano, y vuelve a suceder ese gesto que llega a enloquecerme,
el domingo anterior también lo hiciste, y es un infierno volver a ver como acercas la manguera a tu boca, levantas la cabeza y dejar caer un chorro, la levantas aún mas y tu cuerpo se moja desde la punta a tu pecho.
No tienes piedad de mí, que te estoy mirando escondida.
Bébe así, bébe , el agua te refresca, pero yo estoy ardiendo.

Y la radio del auto deja escuchar una de mis melodías preferidas, retumbando dentro de tu automóvil y en el ritmo de mi sexo palpitando, libre, húmedo que ya no puede controlarse.
Cada domingo por la tarde a la misma hora, y ya no te hagas el distraído, te has dado cuenta muy bien de lo que sucede, lo se por tu mirada y lo adivino en cada uno de tus gestos, cada vez más pronunciados, cada vez más evidentes, cada día más salvajes.

Y porque hoy me miraste y con un gesto de cabeza me lo hiciste notar, y viste que detrás de la calesita, en ese cuarto donde guardan los obreros sus herramientas para repararla, tres hombres me miraban, casi, casi, tan ardientemente como yo te miro y te disfruto a tí.

 
 
 
 
 
Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: rotko       18/06/08 18:43
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
muy interesante
la obra.
Escrito por: eslavoz       18/06/08 18:31
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
ufff amiga
cuanto erotismo
esta bien
eres atrevida

saludos
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Preguntas frecuentes    -     Anunciar    -     Publicar poesía
Nuestra red: Adelgazar sin trucos