Una obsesión, una amistad

Categoría(s): comedia, romantica, drama
                        Para mi mejor amigo y sin rencores…

 

Los tres nos mirábamos cómplices alrededor de botellas y cigarros. La música acompañaba. Nada alborotada, mas bien melancólica, como nuestros ánimos. Los vasos se iban llenando y vaciando uno tras otro. Yo había dejado fumar hacía un mes, pero ese día me dí licencia.

Gustavo levantó su vaso.

 Por mis dos mejores amigos, aquí en mi cumple— se paró, mientras me apresuraba a acomodar los posavasos en la mesa.
 Tavo, por Mafer que dio su hato pues.
 Nada. Saben que como siempre esta es su casa y ¡más si mis pas no están! ¡Por tu cumple Tavito!— concluí.

El humo cubría todo el departamento y nos intoxicaba sin tregua. El silencio entre los tres era imperante. Lo sabíamos todo y tal vez, solo tal vez, Calamaro nos diría algo nuevo. Gustavo trató de ir al baño y se tropezó, rompiendo el silencio.

 ¡Beto! Ven ayúdame con Tavo.
 ¿Estas bien huevón?
 Nada, esta cosa que se me atravesó —pateó mi sofá— estoy bien.

Se sentó y molesto empezó a quejarse.

— Puta, que cagada. No entiendo por qué, pero sigo esperando que alguno de los patas del cole llame. No puedo creer que nadie se haya acordado, que mierda de amigos.
— Tavito no te molestes. Es tu cumple y estamos aquí. Si no se acordaron motivos tendrán. Además nunca les volviste a hablar.
  Tavo, ya olvídate. Deja escuchar la música— interrumpió Alberto
 Cállate que te voy a prohibir ver a mi prima— le gritó.
 ¿Prohibir?, ¿qué hablas? ¡Ya te chocó el trago!
 Alberto por favor ¡recuerda que es su cumple!—intervine.
 Que no diga huevadas
 Beto, ya te dije, mi prima tiene enamorado. O haces algo o la dejas, punto.
    No es tan simple Tavo— señaló Alberto mirando el vacío.
    Por favor usa el posavasos— interrumpí.
 Piensa en otras, anda a tonos. Dora nomás, está más buena. Y Andrea, con esos ojitos, que encima te dio su número— siguió Tavo.
— Si quieres te lo doy. Ya dejé esos juegos. No me importan. No entiendes que estoy enamorado.
— Que enamorado ni que nada. Tas encaprichado. El amor es otra cosa. Tú estás obsesionado.

Alberto se levantó y se fue de mala gana al baño. Yo seguí bebiendo. Gustavo me miró a los ojos.

— ¡Y eso va para ti también!— me increpó.
— ¿Para mí? No entiendo.
— Ya no te hagas la loca. Que sigues enamorada de Alberto desde kinder creo. Estas obsesionada con él.
— ¡Tas loco! De verdad ya te chocó. Mejor no digas tonterías. Yo estoy en otra ¡ya estoy en la universidad!
— Mira, ¿tú crees que no te conozco? Y no te me pongas nerviosa que no diré nada frente a él. Pero ya es hora que lo superes.
    Ya lo superé. Me costó pero lo hice. ¿No me ves feliz?
    No, solo te veo sonreír.

Alberto se sentó en el sofá, tavo cayó y yo tenía la mirada perdida.

— ¿Qué fue Mafer? ¿Qué es lo que te pasa? —me interrogó Alberto.
    Nada. Estoy bien.
    ¡Ya! Di, qué pasa. ¿por qué te deprimiste de pronto?
    No pasa nada. Solo que esa música me pone melancólica… y dije que dejaría de fumar y miren como estoy aquí fumando.
    ¡Me vas a decir que eso te deprime!
    ¡Si!
    Entonces dame ese cigarro y vuelve a sonreír —me dijo y lo miré queriendo llorar.

Me levanté y cambie las notas embriagadoras de Fito Paez por el reggetonero de Daddy Yankee. Las cervezas siguieron y decidí parar. No había tomado mucho, pero tampoco quería hacerlo. Los dos se pusieron bailar y a darme clases prácticas.

    Dios ¡se ven tan gay!— arranqué en carcajadas.
    Es que tienes que mover las caderitas así —me hablaba Tavo mientras se meneaba en las manos de Alberto.
    Ya huevón. ¡Mucha mariconada!— se alejó Alberto.
    No, yo quiero tomarles fotos —dije entusiasmada.
    Espérate —Tavo me dio su celular para tomarle las fotos. Los dos se arreglaron el cabello y como siempre antes de una foto se miraron por varios minutos en sus respectivos espejos.
    ¡Ya!,  la foto es para demostrar que están ebrios ¡porque guapos nunca!
    ¡Eso dices tú! —me calló Tavo muy digno, mientras probaba su sonrisa en el espejo de mi sala.
    Ya póngase de una vez —los arrimé.

Con una pinta de matones y con ojos totalmente desorbitados por el alcohol en sus venas, logré plasmar ese momento. Mientras tomaba las fotos sonó el celular y Tavo respondió. Alberto fue a sacar más cervezas y yo empecé a bailar sola. Tavo colgó y dijo que ya se tenían que ir.

    No pues. Hay que quedarnos, si quieres yo hablo con tu vieja— le dijo Alberto con voz suplicante.
    Si, Tavo. No hay micros a esta hora. Mañana ya tranquilos se van.
    Nada. Yo dije a una hora y llego a esa hora— gritó Tavo.
    Pero un día que llegues tarde, además es tu cumple —le seguí insistiendo.
    ¿Y? Yo siempre cumplo lo que digo y no voy a perder la confianza solo por seguir chupando. Ya Alberto acábate eso y vámonos.

Alberto empezó a tomar más despacio, siempre creía que podía conseguir lo que se propusiera y quedarse era ahora su meta. Tavo se desesperaba mientras juntaba las botellas vacías para devolverlas y recuperar lo que dejaron por ellas en la tienda. Yo seguí diciéndole que se quede, pero era claro que se había obstinado con irse.

    Bueno si no hay micro iremos en taxi, yo pago.
    ¿Hasta Chaclacayo? Porque te recuerdo que estamos en Miraflores y Chacla está ¡al otro lado de Lima!
    Ya fue. Es mi responsabilidad y yo tengo que cumplir, Alberto ¡al toque!
    Esta bien —acabó su trago, cogió sus cosas y se acercó a mí— Está molesto, ya fue, no podemos insistir, te cuidas.
    Está bien… ¿los tengo que acompañar?— pregunté y vi que Beto llamaba por su cel y saludaba su mamá.
    No, para nada cuídate y ya nos vemos.

Se despidieron y de inmediato empecé a limpiar toda la mesita. Los posavasos en su lugar, las botellas que quedaron en la refrigeradora, y los adornos y las flores en la mesita. Finalmente, siendo casi las doce, me empecé a poner el pijama. Cuando escuché la puerta sonar.

    ¿Qué fue?, ¿se arrepintieron?— los interrogué al abrirles la puerta.
    Nada, ¡Tavo se olvidó su celular!
    ¿Qué?— me empecé a reír. Tavo encontró su celular y Alberto se acomodó en el sofá. Sonó el teléfono de mi casa, era la mamá de Beto. Hablaron por un rato.
    Bueno Tavo, me quedo. Mi vieja dice que mejor no salgo y espero hasta que amanezca.
    Pucha, huevón claro ¡si tú la llamas a decirle que vas pero no encuentras micro!, bueno ya fue, hazme la tava hasta el paradero.

Salieron y me quedé jugando con el celular de Alberto y pensando en que cuarto dormiría él. Tendría que ser en el mío y yo en el de mis papas, porque el sofá no es tan cómodo y mis padres se mueren si les cuento que Beto durmió en su cuarto. Pensé en Tavo que cumplía 18, en lo que era que tuviera que regresar solo hasta Chaclacayo, en lo molesto que estaba por tener que irse. Tavo, tan bueno escuchando y tan malo hablando. ¿Por qué  no le explicó a su mamá que no podía llegar hasta el día siguiente?, era lo más lógico. O por qué no agarró a Beto y se lo llevó aunque sea por las malas, total ¡son como hermanos! Obvio que yo no podía, pero Beto sí. Tavo… algún día nos mandará a la mierda a todos.

Sonó la puerta y me acerqué a abrirle a Alberto.

    ¿Qué fue? ¿Encontró micro o taxi nomás?
    Nada, encontró un micro y ¡quería que lo llevara de frente a Chacla!
    Oye, ¡estaba tomado!, ¿por qué lo dejaste ir solo?
    Pucha, hasta allá, a esta hora ¿solo porque está con su regla? Nada. Ya se le pasará, ¡yo conozco a mi hombre!
    Pero… es nuestro amigo…
    Por eso lo olvidará.
 
Sin decirme nada fue a mi cocina y sacó las botellas.

    Yo creo que te quedaste por las cervezas nomás.
    La verdad si—se rió.

Bebimos pero sin música. Yo había dicho que ya no más, pero Alberto tenía la capacidad de convencerme de cualquier cosa. Para él, todo siempre se hacía a su manera y cuando lo decidía. Nadie podía darle un no como respuesta. Pocas chicas podían soportar su estilo por mucho tiempo. No mal interpreten, era un artista, con un ego monumental, pero con grandes cualidades para sustentarlo.

    ¡Dios!, usa el posavasos, ¿notas que ya limpié?
    Cierto, es que soy muy distraído. Está bien.

Se sentó a mi lado y empezó a contarme una de sus tantas aventuras, que durante toda mi vida fueron como cuentos mitológicos, donde él era mi héroe. Me contó como había tenido que llevar a cinco amigas a su casa, una por una, después de una fiesta; llegó a las siete a su casa y su mamá lo interrogó, aunque le contó lo sucedido ella le dijo ¡así que amiguito eres! Me reí. Él y cinco mujeres, y solo las acompañó. Ni su madre se la cree.

Tomé mi último vaso y siendo casi la una, nos paramos para ir a dormir. Yo no tenía mucho sueño, pero mis clases empezaban temprano. Llegamos a mi cuarto, donde iba a dormir él, y entré para ver algo de televisión. El volumen debe haber molestado a muchos en el edificio, pero no importó. Alberto buscaba algo de pornografía para que mi aprendizaje visual y me acomodé para reírme un poco por su desesperación al cambiar de canales. No encontró nada así que la apagó.

De pequeños nunca tuvimos problema en dormir juntos, pero uno crece, las cosas cambian, y fuimos enamorados. Mas eso había sido hacía más de un año y me dijo que me podía quedar si quería. Claro noté que la cama no era muy amplia, pero se sentía tan cálido a su lado. Era tanta mi dicha de estar junto a él, que decidí quedarme. El silencio imperó. Pasaron unos minutos tensos sintiéndome inmóvil y al notar su respiración irregular volteé a verlo y me acerqué.

    ¿Crees qué pase algo entre los dos? —me preguntó con un tono casi inocente.

Me acerqué más y guiada por un impulso, lo besé. Me cogió entre sus brazos.

    Sabes que estamos tomados —comentó.
    Lo sé.

Pero yo no lo estaba. Casi si sentía el efecto del alcohol. Era completamente conciente de lo que estaba haciendo y solo podía sentirme bien. Estaba con él, con el hombre que siempre quise estar y no cabía en mí lugar a reproches. Por dentro algunas voces me gritaban que era mi mejor amigo y lo volvía a arruinar, ya había sido difícil recuperar nuestra amistad después que rompimos y esto sería aún peor, pero no les hice caso. Nos desnudamos y empezamos a tocarnos. Yo encima de él casi no tenía cerebro para pensar en algo y él de la nada me susurró.

    Quieres que continuemos… porque no cuento con forros... ¿tú?
    No... —me quedé pensando, nunca había tenido relaciones y esto era algo importante, no dije nada pero mi mente de pronto se llenó de preguntas.
    ¿Y el que te regaló Tavo?
    No sé donde está— recordé aquel preservativo que Tavo me regaló como broma en mi cumpleaños y que yo había dejado en un sobre, pero no recordaba dónde. No pensé usarlo pues siempre estuve enamorada de Beto y él había terminado conmigo, para ser solo amigos. Entendí que Alberto había sido siempre con quien quise estar y no dudé más— Lo guardé pero no sé donde.
    Rayos, ¿sabes si alguna farmacia está abierta?
    Si… a una cuadra hay una…
    Yo quiero seguir… pero ¿tú?— la pregunta tuvo mi inmediata respuesta.
    Anda a comprar.

Esperé llena de tensión y confusión, dando vueltas alrededor del cuarto, vistiéndome y volviéndome a desvestir, por quince minutos. Hasta que oí cerrarse la puerta y me recosté desnuda en la cama, tapándome con una sábana.

    ¿Tan rápido te duermes?
    ¡Tarado!, ¿encontraste alguna farmacia?
    ¿Cómo que encontraste?, ¿no estabas segura?
    Suponía.
    Bueno si encontré. Hice cola,  habían otros tres patas por lo mismo.
    Ah. Oye, la verdad preferiría que durmiéramos nada más.
    Pero ¿por qué? ¡Vamos!
    Es que no me parece bien. Toda esta situación —se acercó y me cayó con un beso. Traté de pensar un poco en nuestra amistad, pero realmente ya no me importó mucho.

Se recostó a mi lado y poco a poco me acomodé sobre él. Yo estaba un poco nerviosa y cerré los ojos para no pensar mucho.

    Oye, ¿me lo puedes poner?
    No sé si recuerdas pero en el cole… no nos enseñaron esto… —se rió— de verdad... o falté a esa clase...
    Vamos, tú puedes.

Traté en vano de coger el preservativo que se me iba de las manos y no encontraba la puntita que tanto me decía. Finalmente, él se lo puso entre risas. Volví a cerrar los ojos. El mundo se detuvo para mí y esperé. Él me seguía besando efusivamente, pero yo ya no sentía nada. Estaba muy nerviosa. Incapaz de llamar a su miembro pene me refería a él como a su amigo, uno que nunca había visto de tan cerca.

De pronto, sentí ganas de gritar de dolor, pero me contuve. Cada vez era más insoportable, pero respiré hondo y lo seguí besando. Me dijo que me sentara sobre él y descubrí que eso era aún más doloroso. Sentía un terrible ardor dentro de mí y trataba de pensar en momentos felices con él o en cosas bellas. Él hablaba, pero yo no sé que me decía. Me volví a recostar sobre él y me safé por un rato. Se colocó de nuevo y empezó de nuevo.

Veía por sus gestos que lo disfrutaba y yo quería hacerlo también, pero no podía. Me acariciaba y besaba con ternura. Yo sentía que ese dolor nunca acabaría. No podía más, me safaba de su amigo y él regresaba y ya no aguanté. Me eché a su lado y dije que me había cansado. Él dijo que tal vez por apoyarme en mis brazos y me abrazó. Me pidió que intentáramos por detrás, pero aunque accedí, apenas me volteé se arrepintió. Notó que me iba a doler demasiado.

Nos abrazamos y aferramos el uno al otro, miré la hora en mi celular: eran casi las seis de la mañana. Las lunas de la ventana estaban empañadas y no podía creer ni como había aguantado ese dolor tanto tiempo ni como sobrevivía su amigo. Cuando me empezaba a calmar, me pidió que lo intentáramos de nuevo. Con mucha resignación y deseando estar con él, volví a mi suplicio, mas fue corto el tiempo que lo soporté. Me levanté y me dirigí al baño. Tras un duchazo de agua fría me acerqué a la cocina.

Desperté a Alberto para desayunar y lo llamó su mamá. Se quedaría pues tenía clases en la tarde: no iba a regresar por las puras. Decidí no ir a mis clases y quedarme con él. Nos acomodamos en mi cama. Empezó a jugar con mi celular mientras yo trataba de dormir algo. Me abrazó y besó en la frente. Estaba tan feliz. No dormí nada, quería aprovechar cada segundo a su lado. Nos besamos de nuevo y nos acariciamos. Las horas pasaron, nosotros no las sentíamos. El celular sonó y algo en su rostro cambió. Se separó de mí para contestar.

    Habla huevón, ¿qué fue?—alguien le contestó y él siguió
    Nada, yo tengo clases y Mafer se va a Chacla, ya mañana nos vemos pues. Está bien, hablamos.

Había sido Gustavo quería vernos, pero ya sería luego. Cogimos nuestras cosas y salimos riéndonos de cómo se había caído Gustavo en la noche. La fiesta había acabado.
Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: uchi999       21/11/07 06:07
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
una historia sobre la necesidad de una amistad, pero la hipocrecia dentro de ella. Tavo se va solo, pero los dos que quedan, también están solos.
Escrito por: Ieshua       16/11/07 03:44
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Si tomas no manejes, si manejas no tomes; parece ser la consigna, hay que tener cuidado con el exceso de las bebidas alcoholicas.

Muy buena tu historia. Te felicito lo haces muy bien.

Estare Leyendote
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Preguntas frecuentes    -     Anunciar    -     Publicar poemas
Nuestra red: Adelgazar sin trucos