UNA NUEVA VISION SOBRE EL PRINCIPITO

Categoría(s): LITERATURA

EL PRINCIPITO O EL ELOGIO DEL SUICIDIO
Pablo Emilio Obando Acosta
 
                                              
Antoine de Saint – Exupéry nace en Lyón en 1900 y muere misteriosamente en un viaje aéreo en 1944;  en su niñez es expulsado de un colegio jesuita por mala conducta y por poca inclinación al estudio.  Mas tarde Prueba suerte en la arquitectura. Luego se siente atraído por el cielo pero lo rechazan  de la Escuela de Aviación,  “pues divaga mucho en los vuelos:  los pilotos deben estar siempre alerta y es peligroso que sean reflexivos...”.  En una carta a su madre expresa el sentimiento que lo acompañaría durante toda su vida:  “No estoy seguro de haber vivido después de la infancia” .  Para la sicoanalista Eugen Drewermann en su texto “La interpretación sicológica de El  Principito” :  “Era una de las personas con mayor terror  al contacto con la realidad”.     Consternación que la expresa continuamente en su célebre obra El Principito -considerada por los críticos literarios como una obra infantil-:  “Las personas mayores nunca comprenden nada por sí solas y es cansador para los niños tener que darles siempre y siempre explicaciones”.  Desde el primer capitulo de su admirada obra manifiesta repudio por el mundo de los mayores y su  insidiosa forma de verlo todo siempre con los ojos del oportunismo, nunca los entiende, acepta o dispensa:  “Viví mucho tiempo con personas mayores.  Las he visto muy de cerca.  No he mejorado excesivamente mi opinión...”.  Tanto es su repulsión que a duras penas las soporta en un intento desesperado de ponerse a su altura emocional o filosófica: “Me colocaba a su alcance.  Le hablaba de bridge, de golf, de política y de corbatas...”.  Nada de lo humano le era digno, únicamente la niñez y su mundo radiante.
 
La verdad es que El Principito no es una obra infantil ni un texto para niños, pues como lo expresa Enrique Pérez Días en la revista Cuba Literaria,    “¿Qué puede tener El Principito para ganarse a la infancia si en definitiva se trata de una obra seria, solemne, sin aventura, sin humor y que se mueve en un discurso básicamente dialogado y plagado de continuo por razonamientos éticos y filosóficos que a duras penas pueden alcanzar a entender los menores?”.   Durante décadas se ha pretendido enseñar que la obra de Saint Exupéry es un bello poema contado para infantes.   La realidad es otra.   Pérez Díaz lo expresa a su manera:
 El Principito se mantiene lejos de todos, ajeno, invulnerable, todos le interesan, pero nadie le conviene. Por quienes conoce siente curiosidad, pero ninguno es capaz de conquistarle. El ser capaz de aceptar el postulado de una zorra de que el amor nos domestica, deviene de alguien indomesticable para los adultos...”.   No hay que aferrarse a nada, ni siquiera a la vida pues tarde o temprano desearemos regresar a nuestro asteroide (niñez) en un intento imposible de encontrar algo noble en ella.  Y el único camino es la muerte, la locura o el suicidio:  “No hubo nada más que un relámpago amarillo cerca de su tobillo.  Quedó inmóvil un instante.  No gritó.  Cayó suavemente como cae un árbol.  En la Arena, ni siquiera hizo ruido”.  Pero antes de esta escena hay un dialogo revelador entre El Principito y la serpiente:  “-¿Tienes buen veneno?  ¿Estás segura de no hacerme sufrir mucho tiempo?”.  Y en un estado de euforia y felicidad El Principito, después del dialogo con la serpiente, le expresa al piloto extraviado en el desierto:  -“Yo también, hoy vuelvo a mi casa...” y haciendo referencia a ella explica melancólicamente: -“Es mucho más lejos... Es mucho más difícil...”.  Su hogar no era el desierto, ni la Tierra, ni el mundo de los hombres; estaba allá,  en  su planeta perdido (niñez), en su único universo posible de felicidad:  la muerte.  Y camina voluntariamente, inexorablemente hacia el encuentro de su felicidad:  “Es demasiado lejos.  No puedo llevar mi cuerpo allí.  Es demasiado pesado”.
 
Antoine de Saint Exupéry muere en un viaje solitario piloteando su aeronave (1944);  su cuerpo jamás es encontrado.  Solamente años más tarde (2001) un pescador realiza el hallazgo en el mar de   lo que se cree era su pulsera.  Quizás el brillo de las estrellas   hizo creer a Saint Exupéry que el único camino hacía su  mundo perdido se le ofrecía en ese instante y en ese ahora.  Y lo tomó.  Volvió a casa en busca de su flor, a su asteroide B 612 por cuanto en este planeta “Derecho, siempre delante de uno, no se puede ir muy lejos...”.  O quizá recordó la promesa de la serpiente:  -“Puedo ayudarte si algún día extrañas demasiado a tu planeta...”.  Y permitió que un relámpago amarillo lo lleve nuevamente al encuentro de su pequeño Principito.
 

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Comentarios:

Escrito por: betob       28/01/08 18:17
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Comparto la opinión de mis amigos, es un libro de niños, pero no para niños.
Al igual que, una y otra vez, el autor nos explica, por boca del personaje, que no comprende a los mayores, tampoco los mayores lo entienden a él.
La vida solitaria, deseos de buscar nuevos horizontes, son una prueba inconfundible, de esa terrible realidad que siempre rehusó compartir, logrando en cierto momento concretar su utopía.

betob
Escrito por: LizAhumada       28/01/08 07:41
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Estoy de acuerdo en que esta obra no es una historia para niños pequeños, pero sì para adolecentes, recuerdo haberla leído a los 14 años y me tocó profundamente, ese casi alarido por querer ser feliz.
Esa necesidad de expandirse hacia la gran aventura de comunicarse desde el corazón con los demás, la sentí mía... comprendí que debía evitar poner enormes flecos y cuantiosos dobleces a este gran pañuelo vital porque finalmente se nos hará pesado de cargar. Todos esos adornos innecesarios no nos permite generar vínculos realmente importantes y profundos con los demás.
Por supuesto, nada mas alejado de las necesidades económicas y de progreso de un mundo adulto individualista.
Disiento de la idea de suicidio, siempre la sentí más como una idea de regresión al mundo mas seguro; el vientre materno.
Cada vez que vuelvo a leer algunas frases me vuelve a conmover.
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