Una noche cualquiera

Ángelo se levanto de repente sobresaltado y lanzó una rápida mirada a través de la casi impenetrable oscuridad que envolvía todo a su alrededor. Comenzó a tranquilizarse, todo había sido un sueño, una vulgar pesadilla. No había nada ni nadie allí aparte de él, así como ningún sonido, a no ser por el ir y venir de su agitada respiración.  Sus manos estaban cubiertas por el mismo sudor frió que recorría su cara. Las coloco sobre sus ojos y espero hasta que su corazón comenzó a latir con normalidad antes de retirarlas. Intento recordar como había sido aquel sueño, descubrir que era a lo que le temía tanto; pero era inútil, ahora era nuevamente una parte de su subconsciente.

"¿Como es posible?" se pregunto. "¿Que es lo que mi mente intenta decir?"

Normalmente solo se hubiese acostado para dormir como si nada hubiese sucedido, sin embargo aquella no era la primera ves que esto sucedía. De hecho, ya iban tres noches seguidas en las que se despertaba de esa manera. Algo le sucedía.

Como si de una luz se tratara un recuerdo ilumino su mente adormecida. "¡Es cierto!" se dijo. "Lo recuerdo a la perfección. Yo solía tener estos sueños, hace ya muchos años"

Se estrujo la mente intentando recordar cual era la razón de aquellas experiencias en el pasado. Ya que esa era su manera de pensar: metódicamente repasaba en su mente todas las posibles causas, todas las experiencias relacionadas... Era un hábito adquirido de su trabajo. Pero sabía muy bien que para encontrar las respuestas debía buscar en el pasado.

Entonces lo recordó. Los sueños se remontaban a aquella lejana época de su adolescencia. Cuando aún se sentía despierto, cuando aún creía en si mismo para tener éxito, para ser feliz, cuando todavía sentía deseos de luchar. Pero en aquel tiempo era diferente, no eran pesadillas que las que lo torturaban, eran fantasías. Bellas imágenes del futuro en el que era querido, respetado, amado, en que era feliz... un futuro que no tenía nada que ver con el presente. Un futuro en el que no se encontraba solo en su cama sino con una esposa. Un futuro en el que no vivía en aquella pocilga que de broma llamaban departamento sino en una gran casa. Un futuro en el que su única compañía no eran los malditos ruidosos vecinos de al lado sino sus hijos.

Se sintió enfermo. ¿Acaso había desperdiciado toda su vida resignándose? ¿No solía pensar que era diferente a los demás? ¿Que su futuro era brillante? Pero el hecho era que en aquel momento era solo uno más, uno entre millones, que con sus decenas de años acumulados aún buscaban su propio lugar, su propia felicidad...

"¿Acaso así termina mi vida?" se pregunto. "¿Aquí, sentado en mi cama lamentándome por todo aquello que no hice?"

-Si.- Le contesto una voz.

-¿Quien es?- Preguntó aterrado. No había nadie en la habitación.

-¿Quien soy? No soy nadie, soy solo un punto más en un cuadro, un grano de trigo en un trigal. Yo soy tú, y tú eres mí. Y los dos somos un don nadie atrapado en una vida sin sentido.

-¿Y que debo hacer?- Preguntó angustiado. Ya no importaba que estuviese escuchando una vos, que no hubiese nadie en la habitación. No importaba nada.- ¿Como debo solucionarlo? Soy demasiado viejo, demasiado pobre, demasiado feo, demasiado tonto,  demasiado...

No supo que mas decir. Eran demasiados demasiados...

-¿Realmente crees eso? ¿Realmente crees que importa todo aquello? ¿Cuanto dinero tienes? ¿Cuan apuesto eres? ¿Cuan inteligente o cuanta edad tienes? No, no es así.

Y tú lo sabes. O al menos solías saberlo.

-¿Y que debo hacer?- Repitió desesperado.

-¿Me pides una respuesta? Recuerda que solo estas preguntándote a ti mismo. Si tú no lo sabes entonces yo tampoco.

-¡No lo se! ¡NO LO SE!- Grito desesperado.

Se levantó de la cama, tomo su velador y lo lanzó contra su televisor. Gritando, tomo su equipo de música y lo arrojó por la ventana que aún estaba cerrada, por lo que una lluvia de vidrios inundo la habitación. Sus manos y pies estaban repletos de pequeñas heridas y cortes. Comenzó a llorar y se sentó en el suelo frió.

-¿Que me pides que haga? Ya no me quedan fuerzas.

Pero la voz no volvió a hablar. Nadie le contesto, nadie se molesto venir a preguntar si estaba todo bien.

"Me siento solo" se dijo. "Más solo que nadie e igual de solo que todos"

Un rayo de luz atravesó el cielo e ilumino el lugar. La noche había pasado. El sol estaba saliendo. Ángelo se levanto, camino al baño y se curo las heridas. Luego regreso con una escoba y una pala y limpio el desorden del suelo. Tiro su televisión y su velador a la basura y anoto en la libreta de su heladera comprar unos nuevos, así como llamar a alguien para arreglar el vidrio. Se vistió con su ropa de trabajo y salio del departamento con la mirada perdida. Cuando llegó a la calle se le unieron decenas de personas más, todas vestidas para trabajar, y todas con la misma mirada perdida. El suelo estaba repleto de grabadores, televisores, celulares, y computadoras destrozadas junto con tantos vidrios que parecían estar caminado en cristal. Levantó su mirada para observar el complejo de departamentos en el que no había ni una ventana sana. El suyo no era más que uno más entre todos los hogares que diariamente renovaban los electrodomésticos que noche tras noche eran destruidos por sus dueños en el único momento del día en que realmente despertaban.

Pero eso ya no le importaba a Ángelo quien dio media vuelta y comenzó a caminar entre la multitud...

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Comentarios:

Escrito por: satelite       05/11/08 03:39
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buen texto, sorprende cuando más parece relajarse, bien kafkiano (tal vez por demás)...
faltan muchos acentos en los verbos conjugados y sobre todo choca (mucho) "Yo soy tú, y tú eres mí", va "yo" y no "mí"
Escrito por: Vilma       16/01/08 22:06
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Los sueños, con esfuerzo y tesón, llegan a cumplirse.
Saludos. Vi.
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