UNA NIÑA LLAMADA ROSA
Rosa era una niña de 8 años, dulce y tierna. Su pelo tenía rizos color del sol y sus grandes ojos mostraban la tristeza que la inundaba por haber perdido a sus padres. Ellos fueron al bosque una mañana, y no regresaron; se perdieron en su inmensidad.
Desolada empezó a buscarlos entre el bosque. Pasaron meses de angustia, pero nada, por lo que cada vez se internaba más en la espesura sin encontrar a sus queridos padres.
Tenga mucho cuidado niña, que el bosque es peligroso le dijo el guardabosque.
De trecho en trecho, Rosa se sentaba para descansar sobre algún tronco o una piedra mientras se orientaba para no perderse. Se alimentaba de las escasas frutas que recogía y del agua de cualquier riachuelo. Como nunca había salido de su casa, se extasiaba mirando el verdor de los árboles, del canto de los pajaritos, los rayos del sol y la luz de la luna que se filtraban entre las hojas. Al ponerse el sol se acostaba sobre la hierba desde donde podía contemplar la salida de los luceros y de la luna, hasta que el cansancio y el sueño se apoderaban de sus ojos. No sentía miedo porque percibía la presencia de alguien que la acompañaba.
Al cabo de muchos meses de infructuosa búsqueda se dio por vencida, ya no encontraría a sus padres. Una noche, entre sueños, presintió que alguien la consolaba tiernamente. Era un principito de su misma edad y tamaño. Ella suspiró tranquila. Él le decía:
Rosa, duerme tranquila, que yo cuidaré tu sueño mientras le ofrecía una flor, pero nunca supo qué color.
Rosa despertó y de inmediato fue en busca de una mata de flores. Allí se encontró con el guardabosque a quien preguntó:
¿Dónde puedo encontrar flores?
Detrás de ti hay una le contestó.
Tomó una flor, aspiró su olor y recordando al Príncipe de sus sueños se quedó dormida, extasiada, pensando en él.
Cuenta el guardabosque que a la niña no se volvió a ver en el bosque, tampoco se encontró su cuerpo. Pero está seguro que desde que Rosa empezó a recorrer el bosque empezaron a brotar matas de flores por todos sitios, pero lo más misterioso es que, donde ella se quedó dormida, la última vez, nació una inmensa mata de flores cuyos pétalos cambian constantemente de color.
Desde entonces, a esas flores las llamaron Rosas en honor de Rosa, la niña dulce y tierna de los grandes y tristes ojos.
Nota: Con la corrección de Jaco
Etelsaga, junio, 2008
Buena la historia del nombre de las rosas (supieras la cantidad de plantas que tenemos en este barrio). Un buen cuento, tierno, para contarlo a los niños.
Felicitaciones por hacer historias para los pequeños, a quienes la mayoría de nosotros los olvidamos.
Una dulzura de historia, me la creo, me gustó y me la creo, esta es la historia de las rosas.
Un beso
Andrés
Preciosa historia sobre el origen de esta flor. Fácil de leer, emotiva y entretenida a la vez.
Entonces las rosas tendrán mas valor para mí, desde hoy en adelante, la sola imagen de una de ellas me traera el reflejo de la niña de grandes ojos tristes.
Maravilloso!