Ese día, Guadalupe, gasté la suela de mis botas. Conocía el terreno, pero de un puesto rural a otro entonces había varios kilómetros y no siempre estaban a la vera del camino. El frío era, como dije, intenso. Esa noche dormí invitado en casa de un puestero y creo que le tomé casi un litro de caña "Legui", pues se hizo de noche antes de dar solución al vehículo. Mi auxilio fue una "chatita" Ford de las de antes que apareció y describo el momento cuando digo "a lo lejos, en sentido contrario y por instantes, me parecía ver, allí donde parece juntarse el cielo con la tierra, entre la nebulosa ondulante del espejismo de mi vista cansada, un brillante punto negro que parecía agrandarse, aparecer y desaparecer". Gracias Guadalupe por tus visitas de hoy. Estoy en deuda contigo y muy gustoso me daré tiempo para visitarte.
Que grandioso pensar que ibas en busca de auxilio sin darte cuenta que representabas un peligro para alguien que defendía su harem. . .Guadalupe de Santa Fe
Gracias Jorge Luis, como dije a Ricardo, trasladé al papel lo vivido.
Ubicas perfectamente al lector y haces que viva el relato.
Lo difrute.
Un abrazo:)
Viví el momento tal cual lo describí. Gracias Ricardo y me alegro que te haya gustado. Muchos años recorrí y trabajé en el campo, por ello no me resulta desconocido nada que con él se relacione, incluso el léxico campero.
Que lindo relato Norberto, esa llanura, los caballos, el semental, me lo hiciste vivir como si hubiera estado allí en mi querido San Luís. Un gran abrazo.