una hora y quince minutos

Categoría(s): cuento
11 horas 45 minutos

 

Entro en el restauran en el cual el se había citado. Miro para la izquierda miro hacia la derecha, las mesas el bar, -esta vació- y quiso reír al decir esto. Llego temprano, no porque quisiera, sino porque la oficina quedaba cerca. En lo que esperaba se hizo acompañar de una botella de vino, el vino le encantaba. Mientras toma un trago observa alrededor y cuenta dieciocho personas, incluyéndose el también.
El esta sentado en la quinta mesa, tomando el bar como referencia, el cual queda a su derecha, es decir a cuatro mesas del bar. En las demás mesas, tres mesas a su izquierda, o sea, a ocho mesas del bar se encuentra una pareja de jóvenes, no deben pasar de los veintidós años. Están degustando una sopa de goulash, -recuerdo la receta- se dice así mismo, -tiene un tiempo de cocción de 95 minutos- empieza a memorizar- con dos cebollitas, medio kilo de carne de vaca de la parte de la pierna( que se corta en forma de dados), cien gramos de manteca, una cucharada sopera de pimentón picante, un pellizco de pimienta negra, un par de papas, dos pimientos, cuatro tomates, media taza de vino tinto y un poquito de sal de ajo, pueden prepararse cuatro abundantes raciones- la recuerda a la perfección, siempre tuvo buena memoria. A su espalda, una mesa detrás de el, precisamente pegada a el y a la misma distancia del bar, una pareja de ancianos, -se ven felices, parece que celebrasen algo- piensa. A dos mesas a su derecha y separados por una mesa del bar, se encuentra una mujer, -una diosa, belleza perfecta- se dijo. Y una mesa detrás de ella y a una misma distancia del bar una rubia metida en las carnes (eso es, por lo menos, lo que parece, pues todavía no se ha quitado el abrigo) y un hombrecito menudo, cohibido por el volumen de su acompañante. Delante de el, de nuestro personaje, a dos mesas y a la misma distancia que el del bar, se encuentran tres mesas ocupadas por cinco personas. En la primera hay tres personas, tres hombres para ser específico, -un almuerzo de negocios- piensa. Al lado de estos un hombre con un exagerado bigote, que come tan rápido que pareciese que el tiempo no es su mejor aliado y al otro lado, o sea, frente al hombre bigotudo, se encuentra un señor que se esconde detrás de un periódico y a su derecha, el bar, el cual esta ocupado por cinco personas, dos mujeres y tres hombres, -esperan a alguien, al igual que yo- piensa el. Cierra los ojos y se ve como si estuviese en el fondo de un pantano, rodeado de peces que nadan a su alrededor mientras reúnen el valor suficiente para acometerlo. Lanza otra mirada alrededor. Observa a los demás y ellos, uno tras otro, le devuelven la mirada. En realidad se están observando los unos a los otros del mismo modo que podrían olfatearse los animales de la misma especie que coinciden en el calvero del bosque. Todos los que están ahí son seguramente muy distintos los unos de los otros.

 

11 horas 55 minutos

 

Han pasado diez minutos y no hay señal de su cita, -no es tarde- se dice.
Se percata de que hay mas personas que antes no había descubierto, por ejemplo, el bartender, -muy joven para ese trabajo, puede rondar los veinticinco años (tendrá edad para trabajar, pero no como bartender)- se dice, -un bartender es una persona que ha tenido experiencias, es una persona que le puedes contar un problema, es el amigo idóneo, en el lugar idóneo con el que puedes ahogar tus penas, ese joven apenas conoce la vida.
A una esquina del bar y cerca de la puerta que comunica a la cocina, como estatuas, están los meseros, solo esperando que alguien haga una señal para poderse mover. Cuenta quince en total, -¿Por qué tantos?- se pregunta –solo hay ocho mesas ocupadas –se dice –con un mesero para cada mesa era suficiente y todavía sobraban. Ni siquiera el restauran es tan grande para una cantidad así de meseros. Pero no le da importancia, siempre es sabido que cada lugar tiene sus reglas y sus políticas de servicios.

 

12 horas

 

Es ya medio día, todo sigue igual y su cita no da señal de vida. El espera a su ex-esposa, estuvieron casados por cinco años, tuvieron una niña. Se separaron cuando tenían cuatro años y ocho meses de casados (la niña tendría tres años y un mes). El llego a su casa un día y la encontró a ella sentada en una silla y con las maletas preparadas a un lado. El sabia que su matrimonio iba mal, pero que no era para tanto, pues bien, en una silla lo espero y con las maletas –me voy y me llevo a mi hija conmigo- llego ella a decirle. Salio de la casa se monto en un taxi y desapareció. El no hizo nada para detenerla, ella había echo eso varias veces y al día siguiente regresaba. La sorpresa fue mas grande cuando a una semana de su partida (el pensaba que estaba con su madre) llegaron los papeles del divorcio. El hizo todo lo que pudo para que ella desistiera y no llevara eso tan lejos, pero no valió la de nada, ella lo tenia todo resuelto, el abogado, la repartición de bienes, todo.
12 horas 10 minutos

 

Nada de ella aparecer. Tiene una segunda botella de vino en su mesa, la otra ya es historia.
Ella le llamo hace dos días, después de un año y tres meses separados y ni una palabra.
-Tenemos que hablar, niña sufre mucho- le dijo. El le contesto que se reunieran para almorzar y hablar.
Todavía la espera, ya pasan diez minutos de las doce, pero no le da importancia. Siempre ha tenido por costumbre esperar a alguien quince minutos de lo pautado, -hay que darle el beneficio de la duda- es lo que se dice.

 

12 horas 15 minutos

 

Ya son quince minutos después de las doce y no hay ningún rastro de ella. Su segunda botella de vino esta por la mitad y empieza a sentir los efectos del alcohol.
Da una ojeada al restauran y ve que continúan las mismas personas. A la pareja de ancianos que esta a su espalda, le han traído un pastel, -¡noventa y cinco!- se dice. Es el número que esta sobre el pastel, -es casi un siglo- piensa -¿Cuánto habrá visto? ¿Cuánto habrá oído? ¿Cuánto habrá hablado? ¿Cuánto habrá sentido? Y mira que feliz se encuentra, la experiencia- termina diciéndose.

 

12 horas 30 minutos

 

Ya es media hora tarde y ella no da señales, no llama. Ella tiene celular y el también, -es solo cuestión de presionar unas teclas- se dice.
Le parece mas inteligente (por lo menos, mucho mas prudente) presentarse a si mismo todas las preguntas que se le vengan ocurriendo y darse luego las correspondientes explicaciones. No seria esta la primera vez que hable consigo mismo. Sin necesidad de mover los labios, por ejemplo, se pregunta por que no habrá llegado ya.
-         usted sabrá señor y disculpe que no se lo haya informado antes – se responde un instante después, cambiando mentalmente la voz – su cita llamo y dijo que se le ha presentado algo en el trabajo.
-         ¿y porque no me lo informo antes? – sigo preguntándome - ¿no ha sido nada grave espero?
-         Sucede que su jefe ha organizado una reunión, de último minuto.
-         Ese… - y la palabra quedo en el aire.
Nadie podría sospechar ni en sueños que dentro de el están sonando ahora mismo tantas voces. Es una multitud dentro de su propio yo. Decide, sin embargo, no hacerse mas preguntas y, por lo tanto, no concederse más respuestas. – Se acabo el juego – se dice. Prefiere regresar la mirada a la mujer que esta separada de el por dos mesas hacia la derecha y a una del bar. y sonar que es la amante que el nunca tuvo. Se imagina a esa mujer en su casa, precisamente en la cama totalmente desnuda.
-         los sueños, al fin y al cabo, nos conceden todo – se dice.

 

12 horas 35 minutos

 

Nada de ella. Decide comer. Su estomago tiene horas que no recibe nada (aparte de las dos botellas de vino).
Revisa el menú y se decide por unas lentejas agridulces con salchichas. Se las recomendó un amigo hace mucho.
- en este plato entran muchos ingredientes distintos – se dice – papas, perejil, vinagre, zanahorias, sal, azúcar, bacón, margarina y por supuesto, lentejas – es un buen plato termina diciéndose.  
 En lo que el espera decide ver, por tanto, que hacen las demás personas. Por ahora todos continúan en su sitio, nadie se ha ido. El hombre que esta sentado a dos mesa delante de el, o mejor dicho frente al bigotudo, dobla las paginas de su periódico, sigue leyendo, o por lo menos, eso parece. El anciano sentado detrás de el no se cansa de felicitar a su esposa. A ocho mesas del bar. y tres mesas a su izquierda la pareja de jóvenes han comenzado con unos besuqueos. Pegado al hombre del periódico están los hombres de negocio que discuten acaloradamente el negocio que nunca cerraran. Y pegado a estos el hombre bigotudo – un exagerado bigote – diría el.
-         ¿Quién fue el primer hombre de la historia que se dejo crecer el bigote? – se pregunta - ¿a quien se le ocurrió por primera vez afeitarse las mejillas y dejarse unos cuantos pelos debajo de la nariz? ¿Por qué lo hizo? – se suceden las preguntas en su interior.

 

13 horas

 

Se ha cumplido una hora. Termina de comer, decide pagar y marcharse.
-         ella no vendrá, ya es tarde – se dijo.
Se paro de la mesa y dio una ultima ojeada al lugar y vio que todos seguían en sus lugares.
Cargo con toda su humanidad hacia el exterior del lugar. Cuando estuvo fuera miro hacia la izquierda, hacia la derecha, la calle, las aceras, los establecimientos.
-         esta vació – y quiso casi reír al decir esto.
 
Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: Donquijote       06/02/08 03:44
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Hay dolores tan grandes que sólo la sonrisa los permite llevar a cuestas.
Escrito por: Rina       15/01/08 21:35
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Interesante historia, eres muy descriptivo, aunque hubo partes en la que la lectura cansa, pero solo es en unas partes, lo demas esta genial.
Te sigo leyendo
Besos
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar poemas