Ya por eso de las seis de la mañana, se despidieron con lágrimas en los ojos. Elena se los secó y se incorporó mirando un amanecer increíble desde esa azotea la cual le había servido de refugio. Bajó las escaleras deprisa porque se le hacía tarde, entró en la habitación y se alivió al ver qué su nueva amiga aún no se había despertado así que se dio una ducha y después la llamó. Las dos se prepararon. Elena se vistió de negro, se puso un lápiz de ojos que nunca había utilizado y sus mejores joyas, porque ella quería honrar a su abuelo aunque no estuviera allí.
Bajaron al comedor y desayunaron cereales mientras charlaban sobre cotilleos, y Ania, como no tenía ni un pelo de tonta, gastaba bromas a su nueva compañera de habitación no queriendo preguntar qué le pasaba, por no ser metiche. Las 2 primeras clases, Elena las pasó sin darse cuenta pero, a tercera hora (clase de ética), la profesora habló de los seres que mueren y cómo se los echa de menos.
Elena estaba inquieta en su asiento y, tanto Tom como Ania, se dieron cuenta. En un arrebato, Elena se levantó y le pidió a la profesora si podía ir al baño ésta le dijo que sí, Elena derramó una lágrima (que fue vista por Tom) antes de echar a correr escaleras arriba hacia la azotea, donde nadie la podía molestar. Lo que ella no sabía es que, al ver aquella lágrima, Tom había salido a buscarla.
Ella se sentó en el mismo lugar en el que la noche pasada estuvo hablando con su madre, y allí comenzó a llorar de nuevo, al ratito, sintió que alguien estaba detrás de ella y se giró para ver quién era:
--¿Qué haces aquí?preguntó en cuanto se dio cuenta de que era Tom.
--Nada.respondió éste sentándose a su lado.
--Vete. Sal de aquí.
--¿y si no quiero? ¿Me volverás a dar un rodillazo en mis partes?Elena no pudo evitar que saliese una pequeña sonrisa de su boca.
--Enserio, vete y déjame sola.
--No te voy a dejar sola hasta que no me digas que te pasó en la clase.
--cosas mías, además ¿para qué quieres saberlo?
--porque sí.
--Eso no es una respuesta.
--La tuya tampoco lo era.
--No me pasó nada, déjame.
--No, no quiero. se levantó y se puso de pie frente a ella
--¡Que te vayas!Elena ya se estaba hartando de no poder desahogarse tranquilamente.
--No me grites, ya te dije que no me voy a ir hasta que me lo digas.
--¡¿quieres saberlo? ¿De verdad lo quieres saber? ¿O sólo putearme?!
--Lo quiero saber.
--¡está bien, mi abuelo murió el día en el que te salvé la vida a ti y no puedo estar en su velatorio porque a mis padres les importa más mis estudios que mis sentimientos y luego me llaman por la noche para decirme lo mal que lo están pasando y ni siquiera preguntan cómo me siento y tengo que escucharles toda la noche quedándome en vela, y encima esa arpía la de ética suelta el rollo de los muertos y su absurda reflexión de donde estarán, y cuándo intento desahogarme en un sitio tranquilo, vienes tú y lo estropeas, eso es lo que me pasa ¿Contento?!Tom se quedó petrificado cuando oyó lo que Elena le acababa de contar y mirando al suelo le confesó:
--Tú no eres la única que ha perdido a un pariente. Elena lo miró con cara de perplejidad. Mi hermano se mató hace hoy tres años por las drogas y yo me quedé cuidando de mi madre y mi hermana porque mi padre estaba en un viaje de negocios, así que no me eches la culpa de estar a tu lado cuando más lo necesitas. le extendió una mano para ayudarla a levantar. ahora levántate.
Elena no se levantó, se echó a los brazos de Tom y le abrazó con fuerza. El se sorprendió de su respuesta pero la abrazó con dulzura. Allí quedaron los dos, enemigos unidos por un problema, su relación no fue la misma desde entonces y todo, en un abrazo.
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