Capítulo 24 (I): quizá, empezar de nuevo no sea tan malo.
--Gracias.
--no hay de qué, deberías empezar de nuevo, una vida en la que te sintieras realmente llena. Cuando lo hagas, acuérdate de mí. levantándose, le dio un papel y dándole un suave beso en la frente se bajó del autobús. Elena no tardó en leer el papel:
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Cuando algo te vaya mal, déjate ayudar por las personas que tengas a tu alrededor, porque entre ellas, sentirás que todo por lo que vives, sientes y sueñas, se puede hacer realidad. Si un mal de amores te frena, lucha por él, no lo dejes escapar, pues puede ser tu amor verdadero. Deja que tu corazón te guíe hacia el futuro, que nadie te diga qué es lo que tienes que hacer o cómo actuar, porque solo tú sabes lo que quieres. Cuando menos te lo esperes, todo puede cambiar.
Siempre estaré a tu lado. Ángel Gabriel Guía de la Guarda |
Al ver el nombre, Elena volvió a sorprenderse y miró a la puerta del vehículo, como no vio a nadie le preguntó al chofer quien era el chico que se acababa de bajar, lo que le dijo el chofer la dejó boquiabierta:
--no se ha bajado ningún chico en la parada anterior, solo se ha bajado una señora mayor.
Al principio se asustó un poco pero le duró un instante, porque al momento siguiente, se echó a reír con una amplia sonrisa de profunda alegría, hacía mucho tiempo que no se reía así, besando el papel, se lo guardó en el sitio más cercano al corazón, el sostén, y le dijo al chofer que la dejase en la siguiente parada.
Se dirigió a un bar llamado el Sol de Énamus y se sentó en uno de los bancos de la barra, pidió un cubalibre y, al ver que el barman que la atendía preparaba su bebida por debajo de la barra, se quejó:
--¡oye! Déjame ver cómo mezclas el cubata, hazlo encima de la barra porque si no, no sé lo que me voy a beber. se ve, que Elena pilló al barman en un mal día porque le respondió bruscamente:
--si tanto te quejas, porque no lo haces tú misma ¿eh? Y atenderás al siguiente cliente que aparezca por esa puerta, para que veas lo que es estar a este lado. acto seguido, se quitó el delantal y se lo entregó a Elena, ella aceptó el reto. En ese momento entro por la puerta una mujer alta y de porte imponente, cuando estaba a unos centímetros de la barra, Ele la saludó con una sonrisa:
--buenos días, ¿qué desea tomar, señorita?
--¿cómo sabe que no estoy casada?
--por la ausencia de anillo o de marca de haberlo llevado.
--buena observación, bueno, yo no estoy segura de lo que tomar quiero que no sea ni demasiado dulce ni demasiado amargo, ni demasiado frío ni demasiado caliente. el barman sonrió maliciosamente, pero la rápida respuesta de Elena le borró la sonrisa.
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