Capítulo 21: una sonrisa y adiós problemas.
Elena bajó las escaleras y se marchó de la Universidad cogiendo un bus con destino ninguna parte pues se quedó escuchando música en su mp3 todo el recorrido en autobús. El chico de su izquierda la estaba mirando y ella lo sabía y le miró con cara de pocos amigos (muy pocos amigos), y para su sorpresa él le devolvió una amplia sonrisa, una que le era muy familiar. Quiso decirle algo pero él se bajó en la parada siguiente y no tuvo ocasión.
Se puso a pensar en lo que había ocurrido en todo el tiempo que había estado en Énamus y llegó a la conclusión de que quizás su viaje había sido doloroso pero, en este momento no sentía tristeza por haber vivido allí sino felicidad, en Énamus había vivido la experiencia más grande de toda su vida: el amor.
Cuando ya no quedaba nadie en el bus, el chofer le preguntó que a dónde se dirigía y Elena le dijo que la devolviera a la Universidad. Al llegar, lo primero que hizo fue subir a su habitación con la intención de disculparse con Ania por haberla tratado mal, pero la encontró durmiendo y es que ya era de noche y Elena no se había dado cuenta, la arropó y salió de la habitación sigilosamente, sin hacer ruido para no despertarla.
Después subió las escaleras y encontró la puerta de la azotea entreabierta y en el lugar donde ella se echaba a llorar encontró a Tom, con la cabeza gacha y sollozando, de pronto, vio caer una lágrima de su rostro hasta sus manos. Se acercó a él, agachándose y acariciándole, le dijo suavemente:
--no llores, tú no has tenido la culpa, perdóname. Fui yo la que se puso celosa de vosotros, y lo de hace unas horas tampoco lo fue. Yo no quería suicidarme ni nada por el estilo, ya te dije que quería libertad por un momento y pensé que subiéndome allí podría saber que se siente al tener la vida debajo de mis pies, no pensaba saltar ni asustarte de esa manera. Tom lo siento si te he hecho daño, además como no voy a tenerte cariño si eres la persona de quién me enamoré. dicho esto, la cara de Tom cambó y una amplia sonrisa se dibujo en su cara bañada en lágrimas. Elena reconoció la sonrisa de inmediato era la misma que la que vio en el bus. No le dio tiempo a reaccionar, cuando la abrazaron con fuerza y le susurraron al oído las palabras más dulces que jamás había escuchado:
--Elena, yo no puedo vivir sin ti.
|
Imprimir |
Enviar historia |
