Capítulo 17: las verdades a la cara.
Elena no se lo podía creer aquellas palabras le llegaron hasta el fondo de su corazón otra vez, la imagen del chico sin problemas se había roto, y con ella, un poco de su confianza en él.
Tom miraba cabizbajo a la sábana blanca que le tapaba la cicatriz de su pecho; no quería mirar hacia la cama de al lado, no podía
--te hemos extraído un cuarto del pulmón derecho, estaba carcomido por la nicotina. Necesitas mucho reposo y una rehabilitación para tu vicio inmediatamente, asique, me temo que estarás aquí hasta navidad. las gruesas y serias palabras del doctor calaron muy hondo en Tom, quien había abierto los ojos como si le hubieran clavado algo en la espalda, pero sonrió falsamente y alcanzó a gesticular unas palabras ante la perplejidad de los presentes:
--entonces, doc., ¿cuándo empezamos?
--eh pues esta tarde supongo vendrá la especialista a acompañarte a las 17:00.
--Perfecto. dijo Tom, manteniendo la falsa sonrisa.
--esto --continuó el doctor. Elena, tu estas bien y esta tarde te daremos el alta, por suerte no te ocurrió nada serio, ¡enfermera, vámonos! y acto seguido se marcharon.
Aún se podían oír las palabras de la enfermera: de que me sonará esa sonrisa . La atmosfera de la habitación cambió de un momento a otro, se volvió fría y, aunque era blanca, el techo y las pareces parecían haberse vuelto de un negro intenso. Walter y Ania se intercambiaban miradas nerviosas, Elena no podía dejar de mirar al chico perfecto con una cara de asombro y susto, las dos entremezcladas.
Los minutos pasaron y ninguno se atrevió a moverse, Ania miraba a Walter y viceversa, Elena, miraba sus manos blancas por la luz de la habitación, todo en ella era confuso, no terminaba de creerse todo lo que aquel doctor contaba sobre Tom, <<no puede ser verdad >> pensaba para sus adentros.
<<él nunca fuma, él detesta fumar, dijo en la televisión que nunca había fumado y que así vivía mejor aun que, eso fue hace mucho tiempo y la gente cambia... Yo nunca le he visto ni siquiera probarlo, y eso que he estado la mayoría de tiempo junto a él , no sé porque lo ha hecho, eso le ha costado la cuarta parte de su pulmón. Es muy descuidado con su alimentación, algunos días apenas come, y con su vida, nunca me ha contado nada acerca de su familia, lo de su hermano me lo dijo de pura casualidad, y por que salió el tema pero, me temo que la mayoría de sus amigos no lo saben. Además e s muy despistado, se cae por todas partes, nunca mira por donde va, soy yo la que le digo que mire al piso pero él no me hace caso y se cae, y le tengo que regañar y no puedo terminar la frase enfadada porque me mira sonriente y me hace reír
--aún no me has contado la historia Tom. De repente, la voz de Elena aclaró la habitación, sus palabras cariñosas se extendieron por cada rincón de ella, era una voz sin rencor ni pena sino de cariño y simpatía, ni Tom ni los otros se lo imaginaron. Ania entendió a su amiga rápidamente y, dirigiendo primero una delicada sonrisa a Elena preguntó con curiosidad:
--¿de qué historia hablas?, ¡ah! La del accidente, cuéntanos que pasó Tom por favor.
--está bien
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