Los minutos que pasaron mirándose son inexactos hasta para mí, en ese ambiente tan hostil y las miradas tan penetrantes, era una escena para recordar.
--¿por qué lloras? esas palabras hechas con dificultar por Tom, hicieron que Elena se secase las lágrimas y con la voz más cálida que había pronunciado respondió:
--lloro por ti, por lo que te pasó y porque no sabría que hacer sin ti a mi lado.
Por estas palabras, Tom experimentó algo que nunca le había pasado antes: se ruborizó, sus mejillas se tornaron de un color rojizo, no sabía que decir y comenzaba a sudar por las manos, no se podía estar quieto y el dolor del pecho que le había acompañado desde la operación parecía haber desaparecido ante esas palabras tan cálidas y tiernas de la chica que menos esperaba.
--gracias, gracias por arroparme en el accidente pero no entiendo el porqué de esa situación. Dime cómo acabamos abrazados, por favor, Tom.
--bueno yo -- de repente tocaron al cristal del ventanal al lado de la cama de Elena: eran W y Ania que saludaban preocupados, y la enfermera que, anotando en la carpeta, entró en la habitación seguida de ellos.
--al fin se ha despertado el bello durmiente ¿eh? ¡Ah! pero si está rojito de verme o de verla umm en fin, ¿cómo se sienten?
--biendijeron los dos al unísono
--me parece perfecto, luego vendrá el doctor para hablarte de el problemilla. dijo la enfermera dirigiéndose a Tom con una sonrisa picarona antes de marcharse diciendo: --me sigue sonando la cara del guapetón pero no sé de qué
Cuando ella se marchó los dos amigos se acercaron a las camas de los enfermitos y los saludaron fuertemente:
--Ele, ¿cómo estás?, ¿cómo te encuentras?, ¿Te has roto algo?, ¡Dime! preguntó Ania pasándole las manos por toda la cara a Elena, ésta respondió apartándole las manos con suavidad y cariño (Ania se quedó perpleja por las maneras tan cariñosas que había aprendido su amiga):
--estoy bien Ani no te preocupes por mí, estoy como siempre, en serio, no te preocupes. Es más, ¿cómo estás tú? respondió Elena al ver la cara de perplejidad de su amiga.
Mientras en la otra cama los amigos de toda la vida andaban un poco más tranquilos:
--¿qué tal lo llevas tío?
--bien, tu sabes, quitando el dolor de los puntos y eso estoy bien.
--¿ya se lo has contado a Ele?
--no, aún no es el momento.
--¿Y cuando lo va a ser?
--cuando el médico me lo diga.
--tu problema es muy serio ¿y no se lo has contado aún?, ya sabes cómo va a reaccionar
¿Verdad?, se va a volver histérica y puede que un poco obsesiva T.
En esto entra un señor de bata blanca y cara de pocos amigos con la enfermera apuntando como siempre en su carpetita.
--Tom, tenemos un problemita muy gordo con tu afición a fumar.
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