UNA FRASE CUALQUIERA
Pudo no haber sido más que otra frase inventada por ella, o por su orgullo ridículo que no solía medir las consecuencias de sus palabras. Pudo tratarse de uno más de sus arranques de celos, tan comunes entre nosotros dos, de otro berrinche de niña boba a los que yo ya me había ido acostumbrando... Pero no.
Esa vez no fue nada de eso.
Pasaron quince minutos desde que colgué mi teléfono hasta que llegué a su edificio. No había nadie. El lugar estaba a oscuras, con algunas telarañas viejas, como si realmente nadie hubiese vivido jamás ahí. Los escalones cuarteados se deslizaban bajo mis pies. Abrí la puerta del departamento y me encontré con los sesos de Sofía regados por todo el piso. Un montón de hojas arrugadas se amontonaban entre sus brazos: cartas de despedida. Perdóname por favor, leí en una de ellas... Era precisamente la misma frase que murmuró al pedirme con urgencia que fuera a verla. Es cuestión de vida o muerte, dijo ella. Pero yo no le creí entonces, porque ella siempre decía lo mismo para casi cualquier cosa.
Jéssica de la Portilla Montaño.
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La habia leido muy rapidamente, pero ahora, releida, me ha gustado tu historia. Tienes soltura en la escritura, nada de adjetivos intrascendentes ni de palabreria insulsa. El genero del cuento corto es muy dificil y hay que escribir muchos para lograr dominarlo. Creo que vas por buen camino como narradora.
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jajajaja, yo se que tu historia no es de risa ni nada como las mias, pero me dio risa cuando te dijo que la cosa es e vida o muerte literalmente y la encontraste muerta, (no creas que soy un psicopata que se rie de la muerte de los demas)