


| Escritor: | Represerrante |
| Públicado: | 06/02/2008 |
Cuando allí llegué, ya hacia mucho que los pájaros dormian. Hacía una noche de perros aunque, a decir verdad, no encontre ninguno por el camino. Dudo, y mucho, que los perros gustasen de aquella noche.
Aquel lugar, a lo lejos, parecía sacado de una película de terror. Me acerque cauteloso pues, ignoraba si los perros que no vi por el camino, allí me esperaban. Si así era, deberian tener un humor de perros.
Pues no, solo encontré gatos; dos gatos que se acurrucaban uno con el otro en una tapete junto a la entrada, debajo de aquella marquesina que -en verano- imagino agradecian tanto los vecinos de la casa, como los pocos viajeros que hasta ella se atreviesen a llegar.
Empuje aquella puerta, de aluminio tal cual, encontrando un austero mostrador alumbrado por una tenue luz. a la izquierda algo parecido a un bar, con televisión en blanco y negro -para que la noche fuese aun mas negra si cabía- un hombre, al cual no conseguí ver la cara -ni siquiera se giró-, y una señora. Una señora de mediana edad -de mediana edad más 20 años- la cual se dirigió a mí preguntando; quiere un cuarto, ?verdad? Vamos a ver si podemos conseguirle uno -pensé !si consigo dormir esta noche, será solo! La señora devía ser soltera; es más aseguro, sin haberlo constatado, que lo era. Parecía de aquel tipo de mujer que cuando nace ya le dicen; !aver esta, si tú, para soltera!
Son dos mil quinientas -me dijo-, rapidamente comprendí que ese era el precio por dormir bajo techo aquella noche.
cuando abone, -no se porque se dice así; ni siquiera pisé lo sembrado- la señora añadió. No damos desayuno, ?no le importa? me encojí de hombros... luego me dije; sí que me importa, !y tanto! yo nunca guste de ayunos y abtinéncias.
Vamos -continuo la señora- le abrire la puerta, es en el edificio de enfrente.
!Joder! -no pude reprimir- a qualquier cosa le llama esta un edificio.
Me apresuré a sacar las cosas del auto, -continuaba lloviendo- y dirigí mis pasos hacia los siete peldaños que separaban del suelo aquel habitáculo. Ya la señora tenía abierta la puerta del cuarto que orgullosa me mostraba.
Si siente frio, -dijo- en el armario hay mantas, -no fué preciso decirme que no había calefacción, luz poca y olor a humedad mucho- El cuarto contenía dos camas estrechas -para gente delgada supongo-, una para mi bolsa de la ropa y la otra para mí. comenzé por abrir cremalleras, saque el pijama, me lo encasqueté, y recordé aquella frase de mi amigo Juan Pedro; "me voy a meter en el sobre"
Bueno, pensarán que tengo buen humor; pues sí, aun no perdí el sentido del humor. Supongan; si además de andar solo, no eres rico, no tienes quien te pague los vicios; joven? ya tampoco, lo mismo de guapo, inteligente lo justo -la mitad que una mujer- con este curriculum algo debo tener para compensar las referidas caréncias.
Gracias por soportarme
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