El Café Bar Huascarán del jirón Moquegua, en pleno Centro Histórico de Lima, fue el escenario para que Diana mejor conocida en el Escribe Ya como Diana131 y yo, pactáramos una cita mientras deleitábamos los oídos oyendo tanto música del recuerdo como una que otra balada de los noventa pero no actual, lo cual fue mi petición implícita. Llegado el mediodía, subí las escaleras del local, presenciando con el rabillo del ojo los cuadros a carboncillo de Pedro Infante, Jorge Negrete y Javier Solís empotrados en la pared, exactamente debajo de una vitrina repleta de vinos. La barra, que se extendía frente a los cuadros, estaba rematada en su parte posterior por columnas de madera oscura, las mismas que convergían hacia arriba para formar una especie de techo artificial para ésta, pero que estratégicamente también formaba el piso del balcón hecho completamente de la misma madera y, literalmente, suspendido en el aire sobre las tres cuartas partes de la sala en donde se ubicaban más mesas. La semi oscuridad del balcón se prestó para innumerables reuniones de un pasado junto a mis amigos incluso Braulio llevó a cabo varias reuniones allí, acaparando cuatro mesas juntas, por lo que consideré necesario ubicarme lo más cerca posible de la luz del televisor en donde, a manera de videos, las canciones transitaban como fondo musical para una plática o un cortejo. De más está en detallar que los cortejos no eran lo mío es más, creo que son burdos comparados con un buen circunloquio, así que me senté, pedí un par de cervezas, una gaseosa negra y tres cigarrillos, mientras Diana, ya frente a mí, me ofrecía su mejor sonrisa a manera de saludo.
Gracias por tomarte un tiempo para mí me dijo, aún sonriente.
Últimamente tengo tiempo para muchas cosas respondí, sirviéndome un vaso de cerveza; es un beneficio algo ambiguo esto de estar sin trabajo.
Y qué pasó con el trabajo, la última vez que conversamos no me llegaste a contar al respecto.
Tampoco lo haré ahora, no quiero enturbiar la plática.
De acuerdo
El silencio que reinó fue escandaloso; era como si llegada a esta parte de la conversación lo único que quedaba era despedirse. Salvatore Adamo apareció entonces por la pantalla de veintinueve pulgadas para cantar La noche y sacarnos del mutismo en el que nos habíamos sumido accidentalmente; Diana lucía una blusa negra de mangas cortas, cuyo ribete elastificado presionaba sus brazos tersos a lo largo de toda su circunferencia. Su cabello, si bien era corto, contrastaba con la blancura de su rostro, aparentando frondosidad; me estaba preguntando si se despediría con esa misma sonrisa, cuando me interrumpió:
He leído algunos de tus escritos, realmente eres descriptivo.
Sandra, una de mis creaciones literarias, diría que soy innecesario, y no sólo en mis escritos.
No la conozco, espero leerla algún día.
Gracias, pero al igual que tú, yo también he tenido la oportunidad aunque muchas veces desafortunada de leer varios escritos en el portal. No soy escritor, pero sí un maniático de la ortografía y la sintaxis. Aún así, no tengo la suficiente autoridad para criticar textos literarios ¡estudié Biología, no Literatura!, por lo que sólo me limito a dar mis pareceres.
He notado también que no eres proclive a los escritos románticos.
Lo romántico es enfermizo, irracional; no simpatizo con la idea de ser un maravilloso idiota.
¿No crees que estás siendo extremista? Muchas veces necesitamos de complementos de esta naturaleza. Si fuésemos racionales cien por ciento, seríamos máquinas lógicas, autómatas, y dejaríamos de lado el aspecto humano.
Yo más bien creo que ser humano es ser antiromántico, lo que me recuerda cierta frase que mencioné una noche en un recital, y que un amigo, según me dice cada vez que lo encuentro, aún no pude sacarse de la cabeza: Mi nombre es Aurelio, no creo en Dios, ni en la amistad, ni en el amor; tal vez se deba a que soy demasiado humano.
¿Recitas poesía?
No, para nada, sólo fue una experiencia nueva, muy agradable por cierto, ya que nunca antes me había explayado a mi manera ante un público determinado. Pero dejemos de lado eso, qué me dices de ti, de tu lado romántico.
Tampoco lo soy, o al menos pretendo no serlo.
Al leer tus poemas encuentro cierta carga de emotividad, pero aún desconozco si su naturaleza es romántica o emocional
Todo parte de emociones.
Mis pseudopoemas no, por eso los llamo así. En cambio en ti encuentro cierta remembranza afectiva, como si hubieses tenido experiencias que aún te acompañan y que hacen que voltees la mirada de vez en cuando.
¿Acaso es malo recordar? Porque al respecto debo decirte que tengo un relato sobre una muñeca de porcelana que refleja parte de mí. ¿Lo leíste?
Claro, es el primero de tus escritos creo.
En el portal sí, pero quisiera saber si entendiste lo que escribí allí.
Mira, Diana, generalmente mis comentarios son objetivos, imparciales incluso a ciertas personas les molesta tanto que los borran, qué ridículos, ¿no?, y sólo cuando se trata de personas que conozco me atrevo a asociar dichos relatos con posibles circunstancias reales. En tu caso, sólo hallé un cuadro de represión anímica.
Ahora, Adamo elevaba su voz hacia el infinito pasado, pulverizando cualquier intento de análisis contemporáneo, resumiendo la escena a un cortejo inusual, casi anacrónico. Cuando le mencioné a Diana sobre la súbita interrupción musical, ella me contestó:
La música es el complemento perfecto para este tipo de citas, y de Adamo me agrada más una canción que se refiere a oriente, no me preguntes el nombre, pues no soy muy buena para recordarlos.
A mí me agrada la que está cantando ahora, aunque en lugar de Adamo preferiría a Favio Como te iba diciendo, esto de dejarse envolver en recuerdos es una tara, un retroceso indecoroso.
No creo que sea tan malo como dices.
No lo es en la medida en que sólo sea para fines didácticos o instructivos. Personalmente vivo obstinado por desaprender muchas cosas para luego aprehender otras, pero con ache.
Te entiendo, y en cierto sentido me recuerdas a un profesor que no se cansaba de repetir eso de desaprender para aprehender. Tal vez sea por eso que no me pareces tan complicado como pretendes serlo.
¿Complicado yo? No sé si se trate de un halago o todo lo contrario, pero gracias.
No es ni lo uno ni lo otro, sólo te digo que no lo eres, al menos para mí.
¿No será que tú eres mucho más complicada que yo?
Ja, ja, ja, tal vez, no había reparado en eso. Pero de que tú no lo eres, estoy segura además, tus escritos y tu postura frente a temas tales como el romanticismo corroboran mis sospechas.
¿Crees que soy homosexual?
No he dicho eso, sólo que tienes tu propia visión del mundo, tu propia forma de interpretar y afrontar las desavenencias de la vida, y eso es rescatable. Casi siempre nos topamos con gente que espera ser escuchada pero nadie se digna escuchar a los demás. Vivimos una especie de superficialidad social
Somos humanos, Diana, y el hecho de robustecer la propia autoestima no implica que seamos egoístas. Somos todo eso y más porque somos humanos. Los superficiales que tú mencionas sólo son humanoides, nada más.
Yo los llamaría entonces monigotes.
Y yo homos religiosus
Bueno, a pesar de que no comparto completamente tu visión sobre las religiones, entiendo que tienes tus razones particulares y las respeto. Tampoco soy una creyente fanática, y eso que en el Escribe Ya he encontrado muchísimos, incluso me han escrito comentarios de los más ridículos.
También he visto comentarios de ese tipo en las galerías de otros miembros, como en el de Isisla_2.
De ella recién estoy leyendo algunas cosas; también es peruana, ¿no?
Sí, al igual que Lino.
No es por nada pero me he percatado de la gran cantidad de peruanos en el portal.
¿De veras? Yo apenas tengo tres o cuatro, el resto no me interesa, al menos por el momento.
¿Por qué? ¿Acaso los conoces?
No, pero los he leído, y eso me basta. No es que escriban mal, incluso algunos utilizan mejores técnicas o recursos líricos que yo; es por su temática, se me hace redundante innecesaria, como diría Sandra. ¡Y conste que no son descriptivos!
Ja, ja, en fin, hay para todos los gustos.
Incluso para los hígados.
Creo saber a quién te refieres.
Estoy seguro que sí Bueno, tengo que retirarme, fue un placer platicar contigo, Diana, espero que no sea la última vez.
Lo mismo digo, y gracias por no llevarme al antro donde llevaste a Lino.
Fue un lapsus, pero te aseguro que no volverá a pasar a ver si me animo y escribo algo referente a nuestra plática.
Sería interesante, desde ya tienes mi consentimiento.
¿Para los diálogos?
Y para tratar de meterte en mi mente.
De acuerdo, más tarde lo estaré subiendo. Cuídate, nos vemos.
Bye; ya hablaremos después, y gracias de nuevo.
Aún me quedaba media botella de las dos que pedí al inicio. Diana cerró la sesión de chat casi al mismo tiempo que yo ¿o es que me pareció?; así que, haciendo a un lado la laptop, me dispuse a dar largas pitadas a los cigarrillos, mientras la música me llevaba al pasado, aquel pasado que podría seguir influenciando no sólo en personas como Diana, sino en personas de todo tipo, como está conformada la comunidad de Escribe Ya Y, antes de sentir el paladar asqueado de tanto fumar, le pedí al mozo dos botellas más mientras digitaba en la laptop lo que Diana y otros leerían más adelante. Claro, si es que después de esta alocución de hecho, nada grata para ciertos peruanos todavía sigo teniendo lectores.
Carlos Aurelio Díaz Enciso
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