UNA CARTA CON TIMBRE DE AGUA, Y URGENTE

Categoría(s): Fantasia celestial...
UNA CARTA CON TIMBRE DE URGENCIA

¿Una carta con la dirección en el Cementerio, dirigida a un difunto? –el cartero se preguntó, incrédulo, con la boca abierta por la sorpresa. Si bien don Arcadio Rosales era bastante corto de vista, él sabía que los anteojos no lo engañaban. El nombre y la dirección habían sido escritas a mano con suprema elegancia, y parecían estar correctas: AL OCUPANTE.  346, Fifth Row, Remembrance Gardens Cemetery, Liverpool, L12 3PD. Por el sello de agua de dos llaves cruzadas impreso a la izquierda del sobre, ésta parecía ser correspondencia oficial, como las cartas de saludo que la Reina Isabel les envía en sus cumpleaños a sus súbditos centenarios. En la lengüeta del reverso, el sobre tenía estampado el mismo sello, pero más pequeño, coronado por las letras A. P., y en la base, la dirección postal impresa en letras góticas de color celeste lustroso: Apostle Peter, Portal of Heaven.  

Don Arcadio, “Tatarita”, como lo llaman en su comunidad de emigrantes latinos por ser tartamudo, es uno de los carteros a cargo de repartir la correspondencia en el sector Liverpool N 12. Para él, por años ha sido un asunto de rutina despachar correspondencia en el Cementerio.  ¡Pero la carta que ahora tenía en sus manos estaba dirigida a un difunto!
 
---Bueno –pensó-, entre mi gente en México, puede que esto pueda ocurrir. Pero no aquí, en Inglaterra, donde las personas consideran que el muerto muertito está, y San se acabó. Además, y para colmo, ¿que el remitente sea ¡un Santo!?...  Eso, era algo insólito, jamás oído en sus sesenta años de vida y veinte de cartero. Indeciso. Con la sospecha de que se trataba de una broma; indeciso si era prudente o no  ir y entregarla de inmediato y exponerse a una reprimenda;  o mejor consultar con su jefe superior que hacer con ella, don Arcadio dedujo que ante la duda, lo más lógico y de reglamento era ir a mostrársela a su jefe. Él podría llamar por teléfono y ver qué opinaba el personal del Cementerio.  Y con ese propósito se dirigió a la oficina del señor Brown, el Supervisor de turno.  Al entrar vio que su jefe estaba al teléfono, fuera de sí, hablando a gritos. Lo único que logró entender fue que desde temprano el señor Brown había estado dando órdenes de encontrar más reemplazos para los seis carteros ausentes con permiso médico.  Entre llamada y llamada, Don Arcadio intentó de preguntarle qué hacer: si ir a entregarla, o dejársela. Pero al ver a su jefe en tal estado de mal genio se le agudizó la tartamudez, y con los nervios se le trabó la lengua.
Entre gritos y órdenes telefónicas, enfrascado en una agria discusión con alguien al otro lado de la línea, el Supervisor no puso mayor atención a los tartamudeos de don Arcadio. Lo único que recordaría más tarde es que el cartero agitaba el sobre blanco y con el dedo le mostraba la estampa del timbre URGENT.

--- ¡Y usted! ¿Qué carajos está esperando que no lo despacha?–lo amonestó. Y con un gesto de salga de aquí, o de váyase a importunar al diablo, volvió a pegarse al teléfono.

    Cargando el pesado bolso de su sector -además la correspondencia del sector LN13- Don Arcadio salió a la calle.  Caía una fina llovizna helada que con el viento lo empapó en un cerrar de ojos. Se cubrió la cabeza con el capucho para protegerse y con el saco repleto de cartas partió a cumplir su ronda. Ese primer reparto al cementerio era duro de tragar porque le quedaba a trasmano del sector donde tenía que comenzar a hacer el reparto extra del sector 13. Cavilando en cómo reorganizar la complicada ronda una vez que entregara la carta del difunto timbrada URGENTE, se encontró frente a la puerta de las oficinas del Cementerio. Se secó las manos, sacó la carta del bolso y sin darle vueltas al asunto, entró, sin mayor preámbulo se la pasó a la recepcionista y le pidió que pusiera su firma en la libreta de despachos.

Comenzaba a oscurecer cuando Don Arcadio volvió al Depósito del Correo. Agotado por el esfuerzo, hambriento, con los pies mojados, la espalda adolorida y el bolso de reparto vacío, al pasar frente a la portería escuchó que desde allí le gritaban que fuera urgente a la oficina del Supervisor. Que se apurara porque la jefatura lo estaba esperando.

En la oficina estaban el señor Brown y el señor Sheffer, Jefe de Área de Correos.  Mientras saludaba, vio que la carta del finado estaba sobre el escritorio del jefe.

---Tome asiento Arcadio. Tenemos que conversar para que nos explique esto –le dijo el Supervisor, indicándole con el dedo el sobre que había despachado esa mañana temprano.

---Mu, mu, muy po oooco tetengo que deee,  ddd dddecir –le respondió. --Me, heee, mee, mejor se loeeeescribo. Depositó el bolso en el suelo, de allí sacó una libreta de apuntes y se puso a escribir: sobre la carta, sobre el intento suyo de consultarle y enfatizando que había cumplido con su orden de despacharla a primera hora por ser materia de urgencia. Que eso era todo. Y le pasó la libreta al señor Brown para que la leyera en voz alta.

---El Administrador del Cementerio me llamó indignado por teléfono haciéndonos un reclamo formal contra Correos -se adelantó a explicarle el señor Sheffer. Por radio taxi nos envió de vuelta la carta para que la Gerencia tome nota e inicie una investigación interna.

---Empezando por usted y por mí – le enfatizó el Supervisor con un gesto de suma molestia con su subalterno.

Don Arcadio los escuchó con la vista fija en el sobre. Estaba sellado con cinta adhesiva. Luego de una pausa escribió su comentario y le pasó la libreta al Jefe de Área, quien la leyó sin poder contener una sonrisa de aprobación: Alguien del Cementerio abrió la carta del difunto y eso es ilegal. Además de ser un delito, es un sacrilegio leer correspondencia privada de un Santo.

--- ¡Tiene toda la razón, Arcadio! –exclamo el señor Sheffer con un suspiro de alivio. --Nadie podría acusarnos de que hubo interferencia en la correspondencia que usted les entregó, y, de acuerdo a la lista de despachos de Urgencia, la carta fue entregada por usted a primera hora. Nuestra oficina no puede ser acusada de atraso en el despacho, ni de interferir en la correspondencia. ¡Supongo que usted no se olvidó de pedir que le firmaran la libreta de entregas!

---Exceptuando el caso si hubiésemos tenido sospechas, por ejemplo, que se trataba de un acto indecente o de terroristas
–acotó el señor, Brown.

Yo sólo cumplí siguiendo sus instrucciones, señor Brown
-escribió don Arcadio en su libreta-. Aunque tenía la sospecha que se trataba de una broma de muy mal gusto. Sí, aquí está la firma de recibo. No puedo agregar más.

---A propósito, Señor Sheffer, ¿Usted le preguntó al Administrador del Cementerio sobre el contenido de la carta?

---Por supuesto. Si él creía tener razones de peso para hacer su reclamo, nosotros tenemos todo el derecho de preguntárselo… ¿No?

---¿Y qué le respondió?

---Que es una tarjeta de color blanco, con el sello impreso de una llave medieval y una frase escrita a mano: ¡Ven al Padre!... La saca del sobre y se la muestra al cartero. --Bien dice usted, Arcadio, que ésta es una broma hereje y de mal gusto…

---Yo también insisto que esta carta es una broma de pésimo gusto y un sacrilegio, señor Sheffer.

---Sea broma o sacrilegio va contra la ley y nuestro deber es reportarlo a la autoridad para que se investigue. El Jefe de Área, coge el teléfono y pide línea. –Camila, comuníqueme con un jefe de la policía.  

Mientras el señor, Sheffer, está a la espera de la conexión, Don Arcadio se levanta del asiento deja a un lado la libreta y toma el sobre y la tarjeta con las dos manos. Después de un prolongado silencio, mudos por la sorpresa le oyen exclamar en voz alta pero hablando consigo mismo:
 
--Si esta carta proviene de imaginación humana, es de alguien que la envió movido solamente por el dolor o por un amor intenso. ¿Por qué juzgarlo si ni el amor ni el dolor constituyen delito?... En cambio, si el mensaje para esa alma tuviera origen Divino… ¡Aleluyaaaa!... ¡Que el mensaje sea real!  ¡Porque entonces…, nos prueba que Dios y el Paraíso de verdad existen!

Los señores Brown y Sheffer, paralizados por un terror sobrenatural, enfrentados al milagroso hablar de don Arcadio y al profundo misterio de la carta, se quedan como dos estatuas de sal, sordos a la campanilla del teléfono que no cesa de tocar.


S. Caminante
















 

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Comentarios:

Escrito por: jacoescribe       12/09/08 01:50
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Amigo Sergio:

Este cartero, de los que ya no hay, porque ya casi nadie escribe en sobres por entregar, ni quedan honrados servidores públicos con "el deber antes que nada"; en tu pluma, toma increible vuelo para dejar en su huella ejemplos que seguir. Mis congratulaciones por este hermoso cuento con aroma de pasado "que debe ser actual".

Un cordial abrazo.

JACO
Escrito por: S_Bustamante       06/09/08 12:56
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Me has conmovido, querido hermano Salvino. Cuando uno se pone a escribir bien, regular o con deficiencias no piensa mucho en quien va a leerlo. De alli que tu calido comentario me hagas sentir que el esfuerzo mio por comunicar algo mas que una serie de palabras bien construidas y una historia con un principio, un conflicto por ser resuelto y un final abierto o cerrado, tal como exigen las reglas tecnicas del genero relato. Ojala que mi ego no agarre vuelo y comience a creerme la ultima chupada del mate...
Gracias hermano.
Un abrazo bien a la chilena.
Sergio
Escrito por: salvino       06/09/08 03:25
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Sergio: Como de costumbre nos reservas en cada prosa que abordas tus sabrosas observaciones de la vida culminadas en profundas reflecciones,propias de un hombre que ha caminado la vida. Siempre es un deleite leerte hemano del alma y en este caso tu esfuerzo por matizar beatíficamente mi vida lo acrecienta. Que nunca nos faltes. Escribo esto y pienso en qué medida el espacio inmaterial puede unir las almas que a no dudarlo en algún momento transitaron juntas. Tal vez llegue el día en que tú o yo recibamos del otro la carta que sólo un alma noble como la del modesto cartero de la anécdota lograría interpretar. Un gran abrazo uruguayo.
Escrito por: domore       04/09/08 01:39
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un estupendo relato, que me ha gustado muchisimo
Escrito por: Azulejos       03/09/08 22:26
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Excelente relato, estuve atenta todo el tiempo a cada letra, felicitaciones Sergio, muy entretenido, y recreado con el sagrado deber de cumplimiento de los carteros ingléses y norte americanos, a quienes ni un huracán detiene cuando se trata de entregar un special delivery, jajjajja. Bendiciones y saludos. tibi
Escrito por: omenia       03/09/08 22:15
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Más vale prevenir...uno nunca sabe!
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