La doctrina del eterno retorno lo ha advertido, los círculos deben cerrarse bajo pena de incurrir en paradojas históricas de veinticinco años de caos. Pero la familia de AkiyoshiAyukawa no sabía de doctrinas del eterno retorno, a pesar de que sus antepasados habían estado inmersos en los conocimientos de la rueda del samsara. En términos generales la historia de los Ayukawa empezó en el momento en que éstos huyeron del Japón después del día del juicio de Nagasaki. Siguiendo un dictado del destino se embarcaron en un carguero de bandera panameña, que estaba bajo el comando de un inglés apellidado Bradley , a quien no le importaba negociar con el sufrimiento de las personas, de recibir el precio exacto por su trabajo. De ese modo, cruzaron el Pacífico, hacinados en una bodega.Fue tan duro el viaje, que creyeron que no llegarían jamás a Sur América, pero todo termina, incluso hasta la más espantosa de las pesadillas. Así en una mañana de octubre de 1945 arribaron a la rada del Callao. El marino mercante que transportó a los Ayukawa, creía que las transacciones comerciales eran algo así como un culto religioso; de hecho, tenía fe en que todo hombre debe recibir la retribución exacta por lo que paga. Así que amparándose en sus máximas de conducta, alegó a Tasuki, padre de Akiyoshi, que el convenio estipulaba traer a tres pasajeros hasta el puerto del Callao, pero en ninguna parte del contrato, incluía el desembarco en el puerto. A decir verdad, aquella diligencia, significaba otro trato, lo que implicaba penosas negociaciones con las autoridades peruanas. Por otro lado, el capitán se consideraba un ser caritativo y de ningún modo iba a dejar al japonés en un mal paso y, dando muestras de un gran desprendimiento, ofrecía a Tasuki: regresar nadando a Japón. Así y todo, afirmaba el inglés, sin una pizca de sarcasmo: No hay razones para desanimarse con empresas complicadas, dado que solamente frente a tales retos queda en claro la valía de los hombres. Sea por el sentido común de Tasuki, o por el temor que inspiró la verborrea de Bradley.El japonés pagó su rescate. Al borde de la ruina y, balbuciendo un poco de castellano, aprendido en sus correrías en el puerto de Nagasaki, pisaron tierra firme, adoptando el disfraz de una familia apellidada Rodríguez Salazar. La primera noche en Perú Akiyoshi la habría de recordar por siempre; en un hotelucho del Callao tuvo su primer contacto con la realidad. Durante la travesía del Pacífico, la imaginación de Akiyoshi lo mantuvo en un limbo, haciéndole creer que el viaje en las bodegas del carguero era una aventura trepidante. Con todo, la sublimación de la realidad terminó en unahabitación de puerto. En esa fría noche de 1945 el velo de su niñez cayó y entró al mundo de los adultos. Supo que Japón había perdido la guerra. Entonces, la mente de Akiyoshi; presentó el cuadro completo de lo que en realidad había sucedido. Recordó el momento en que la luz que cayó del cielo, arrasó la mayor parte de los edificios del puerto. Siempre había creído que esos recuerdoseran un mal sueño. Pero en esa habitación de hotel entendió que las imágenes de cadáveres y de calles derruidas eran reales. Cualquier hombre que sobrevive a la explosión de una bomba atómica es una persona besada por los dioses. Así que después de Nagasaki y de la travesía en el carguero, la tierra peruana no podía ser peor. 2 Eran los años cuarenta y la ciudad de los virreyes estaba llena de obsesiones racistas; Lima menospreciaba a los Rodríguez Salazar. Aun así, los refugiados como miembros de una raza milenaria no se hicieron problemas, sabían que la civilización japonesa seguiría existiendo cuando desaparecieran los hombres que los torturaban. Pese a su apariencia menuda y de modales reservados, los Rodríguez Salazar despreciaban a los criollos de la ciudad, cuya única pretensión era ser cuarterones de los españoles. Mientras que ellos, los japoneses, eran una raza caída en desgracia. A Tasuki no le importaba que lo llamasen japonés de ocho cuartos en las esquinas. Sabía bajar la cabeza y comportarse como correspondía al momento. Los pensamientos de Tasuki por esos tiempos fueron así: Tasuki esquivar a supuestos señores blancos, no capaces de fabricar nada... Japonés mejor que peruano, japonés fundir acero, peruano no fundir acero, ni con todo hierro que poseer Perú... Orgulloso de raza japonesa, no complejos tener No importar desprecios de pueblo que no estar seguro de raíces...Trabajar como esclavo, no para patrón mestizo que pretende ser blanco Laborar para él mismo. Así practicando un estilo de vida de monje budista, los inmigrantes después de ocho añosjuntaronsuficiente dinero para establecer una bodega. En el año de 1955 los fugitivos concretaron el proyecto de instalar un comercio en el barrio de Santa Beatriz. En 1957 sus condiciones mejoraron como para comprar una casa en el distrito de Lince. Desde allí el ascenso social fue lento pero seguro. El matrimonio progresó y se animó a incrementar su prole. En cuanto Akiyoshi, tenía diecisiete años y ya terminaba su secundaria en el colegio Guadalupe. En las aulas de ese colegio estatal no le llamaban Akiyoshi, sino Luis Rodríguez Salazar, tal y como estaba escrito en su partida de nacimiento falsificada. Con esa nueva identidad y un notorio acento japonés, Luis ingresó a la UniversidadNacional de Ingeniería. En esa casa de estudios, creyó encontrarse en el séptimo cielo; aun cuando una amarga realidad comenzó a arruinarle el sueño. Empezó a dar claras señales de esquizofrenia leve. Los primeros síntomas aparecieron a los veinte años, en el momento en que se encontraba tomando una ducha. En pleno baño se manifestó una fobia al agua que lo hizo gritar como si le hubieran arrojado aceite hirviendo. Por casualidad ese día no había nadie en casa, y no tuvo que explicar lo inexplicable. Con todo, el temor era antojadizo, la fobia se manifestaba solamente cuando el agua caía de la ducha. Y dato curioso, el mal no era generalizado, puesto que la aversión tenía manerasinusuales de manifestarse;por ejemplo podía escuchar el agua del lavador correr sin sufrir alteraciones, en cambio bastaba que abriese la llave de la ducha para que Akiyoshi empezase a temblar. Por otra parte, como era un muchacho de una inteligencia muy aguda, intentó solucionar su problema. Eran sesenta los días que ya llevaba sin tomar una ducha, lo cual producía cierto malestar en las aulas de la Universidad Nacional de Ingeniería. Más de un sufrido compañero de pupitre experimentó un olor a pupu proveniente del cuerpo de Luis, sin duda, solamenteun masoquista hubiera podido permanecer cerca. Como afirman los orientales, en todo hecho malo siempre hay algo de bueno. De maneras particulares Luis empezó a disfrutar del ejercicio del poder. Por extraño que parezca, en autobuses repletos de gente él viajó sentado. Nadie se atrevía a acercarse una fila antes o una fila después. Y dato curioso, luego de permanecer setenta y cinco días sin bañarse, tuvo una idea genial. Advirtió que podía lavarse con un pañuelo húmedo. En los días siguientes perfeccionó el método y pasó a bañarse con un jarro y una jofaina. En sentido estricto la creatividad suya no tuvo límites y compró una manguera con el fin de conectarla al grifo de su lavador. Así de ese modo pudo bañarse, como casi toda la gente. Ahora bien, como era un gran experimentador; al día siguiente de haberse bañado con la manguera, se sintió libre, e intentó ducharse, pero los resultados fueron catastróficos. Conclusión, no podía ducharse como los demás. En los días siguientes, entendió que la solución de asearse de ese modo, era una salida temporal, dado que traía inconvenientes. En efecto, los problemas se manifestaron al realizar sus prácticas pre-profesionales. Debía viajar fuera de Lima, y surgió una disyuntiva, o no se bañaba o viajaba todo el tiempo con una manguera en el equipaje. Sus primeros viajes, estuvieron guiados por la providencia y no tuvo problemas. Hasta que llegó el día fatal. El colorado Martínez, bromista de la facultad, descubrió que Luis, viajaba con una manguera; la situación era tirante, a todas luces el artilugio tenía un propósito misterioso. Estaba contra la espada y la pared, y no le quedó más que confesar que padecía de una hidrofobia antojadiza. Terminó la etapa universitaria sin encontrar una solución a su problema, no obstante la vida lo compensó con un buen empleo en una inmobiliaria francesa, donde había plena libertad de ser oriental, o no bañarse, mientras se cumpliera con las responsabilidades laborales. En nombre de la inmobiliaria comenzó a viajar al norte chico, por lo que fue necesaria más de una manguera. En la ferretería del italiano Vicenzo, era ya un cliente habitual que siempre compraba lo mismo: dos metros de manguera reforzada. Pero bien sopesados los hechos, tal problema no podía seguir. Así que decidió visitar a un psiquiatra. Resignado por su fobia al agua, se sometió a más de una sesión de hipnotismo en un intentode descubrir la causa de su mal. Después de varias sesiones con el analista, Luis aburrido de lo mismo, quiso arrojar el tratamiento por la borda, pero justo cuando estaba por rendirse tuvo una revelación, comprendió las razones por las cuales temía ducharse. Recordó que luego de la explosión termonuclear una lluvia ácida cayó, causando heridas en la piel de las personas; simplemente asociaba el murmullo de la ducha con el infierno de Nagasaki. El alienista diagnosticó: hebefrenia, una variedad de demencia precoz generalmente presentadadespués de la pubertad, caracterizada por la presencia de alucinaciones e irregularidades de comportamiento, lo cual era más que comprensible dadoslos horrores guardados en el subconsciente de un niño. Por suerte, aquella vez el psiquiatra logró curarlo sobre la base de la clorpromazina y del granisetrón, fármacos que dicho sea de paso tuvieron resultados sorprendentes en su recuperación; si bien una vez terminada con esa manía esquizoide empezó una más grave, soñaba que era presidente del Perú. 3 Luis curado de la fijación por el agua, fue escalando posiciones en el mercado laboral. Gracias a su buen desempeño en la inmobiliaria francesa ganó un concurso para estudiar un postgrado en LÉcole Polytechnique de París. Luego de un insoportable viaje a causa de una tormenta llegó al aeropuerto de Orly, como unniño después de haber experimentado porprimera vez a la montaña rusa. Al aterrizar el avión, pensó que el suplicio terminaba, pero no, recién estaba comenzando. Al primer: merde alors, sale asiatique, se desinflaron sus ínfulas de haber sido el alumno más aplicado de la Alianza Francesa.En las calles de París quedó de manifiesto que un asunto era el francés de la rue yotro muy distinto el francés aprendido en el instituto de idiomas. Con los taxistas de París descubrió que el racismo era un asunto abstracto en Lima.Mientras que allí en esa ciudad comprobó que la discriminación es un ente real que vive en la punta de la lengua de cualquier transeúnte. En esas pintorescas calles entendió que la lengua francesa puede ser todo lo agradable que se quiera al oído pero así mismo es una arma para ser disparada contra el incauto que no esté a la altura de las circunstancias. Pobre Luis, París, era tan indigesto para un sudamericano-japonés como comer un plato de ostras descompuestas a las tres de la madrugada. En verdad llegó a pasarla mal. Sus compañeros de aula no sabían dónde ubicar a su especie étnica en el orden de las categorías cartesiano-racistas. De añadidura, como sus camaradas llevaban la lógica hasta el extremo; no les quedó más remedio que aceptar que el oriental era más listo que toda una asamblea de estudiantes juntos. Sus condiscípulos al entender que Luis era imbatible en matemáticas, empezaron a malograrle la película con el asunto de la fonética francesa, así y todo, Luis no había sobrevivido a Nagasaki para caer al igual que un conejo en una trampa. Entonces se aplicó en pronunciar con tal claridad el francés que terminaron llamándolo florideur, en honor al actor de teatro que siglos atrás había interpretado la obra de Racine. Ya con una mente matemática súper desarrollada y un dominio de la lengua francesa más allá de lo habitual, estaba listo para el segundo acto de su vida. Se graduó con honores después de sacar, pica, envidia y cachita, a inteligentísimos chicos europeos. A sus compañeros franceses no les quedó más que reconocer que la envidia era una de las pasiones que jamás se atreverían a mostrar al japonés. Luis un poco más cuajado en el arte del saber vivir, decidió viajar un poco por Europa. Allí le sirvió muy bien el francés y empezó a perpetrar el inglés. Con todo, el sueño del eterno estudiante que viajaba de aquí allá hubo de terminar muy pronto para su gusto. Así el hijo de los bodegueros japoneses tuvo que regresar a esa Lima odiada y amada, después de dominar el francés, el inglés, y recibir un postgrado en Ingeniería de Operaciones de la mismísima Escuela Politécnica de París. En los meses siguientes, Luis tuvo la impresión de hallarse en una ciudad triste, oscura y llena de complejos de inferioridad.Así que intentó continuar su vida anterior, pero fue imposible. Una vez que se sale de la caverna, no se puede regresar a la oscuridad. Aunque al final el hombre metódicoque tenía en su interior, ayudó a sacarlo del mal paso. Luego de trabajar un par de años para la misma inmobiliaria que lo premió con una beca, decidió dejarla y aceptó una cátedra de matemáticas en la misma universidad en la que había estudiado ingeniería. Por esa misma época se enamoró de Martita Igarashi, heredera de una bien cimentada fortuna, proveniente de la muy conocida fábrica de vidrios, el Samurai Rojo y de la no menos famosa cadena de panaderías, Don Tomassino. Luis estaba aún de profesor de matemáticas cuando se casó. Por otros escenarios, el general Velasco Alvarado empezaba a realizar sus reformas estructurales desde la azotea de palacio de gobierno. A fin de cuentas, errores de un país adolescente, emprendedor, mal aconsejado por sus dirigentes y sus lecturas marxistas. Mientras el país jugaba a la Yugoslavia socialista, Luis en el silencio de su anonimato, aguardaba por su tiempo. No hay nada que no consiga la paciencia, y los deseos hasta los más descabellados, si tienen un pie puesto en la realidad, también terminarán dando frutos. Con su inteligencia sobresaliente y una meta clara, el ex estudiante del Guadalupe llegó a rector de la Universidad Nacional de Ingeniería y, desde allí, se entrenó en el manejo del poder. El hombreque sufre por su inteligencia, es peligroso. Desde el más profundo calabozo de su desesperanza, puede rumiar el plan que lo libere de su infierno personal y Luis era uno de esos casos. 4 En Perú terminaron por irse los militares, y llegó la democracia, empezaba el tercer acto de la vida de Luis. Por su trabajo y esfuerzo, fue la estrella de un programa de ciencias recreativas en la televisión nacional mientras se daba maña para fungir como rector. Desde la atalaya del rectorado era un adulto solitario, amante de los ternos azules de gabardina, de la camisa blanca, de la corbata roja y de las medias blancas de futbolista. París en todo caso solamentelo había convertido en un hombre despierto, pero a vestirse nada. En su vida como rector universitario además de un pésimo gusto para combinar el guardarropa, dio muestras de un comportamiento tiránico. De hecho, poco faltó para que usase un sable para cortar la cabeza de los que no pensaban como él. Luis no figuraba todavía en la política peruana, pero ya se entregaba a las preguntas contradictorias de la senda del zen, en un último intento de liberarse de la ilusión de alcanzar la presidencia del Perú. En su afán de alejar alos demonios del poder, se entregó a la meditación trascendental. Allí en esas prácticas orientales surgieron dos preguntas propuestas por su maestro AkiraNunura: ¿cuál es el junco de la libertad?, y, qué significa, la máscara bifronte, para el congresista del Apra que correpor el desierto de los aplausos. De hallar la respuesta obtendría la liberación, increíble o no, pasó más de una noche sin encontrar la solución a esos acertijos. Mientras Luis jugaba a convertirse en un Buda, llegaron años muy negros para el país. Se instalaron en el gobierno los seguidores del APRA, y su líder Alan García se encargó de conducir la economía al paraíso de lo absurdo. Mientras tanto, Luis observaba los eventos del Perú y su corazón se llenaba de esperanza. Vislumbraba como buen oriental que oportunidad es igual a caos. Y sintió como nunca que el anhelo de ser presidente se convertía en una obsesión maniática. Hasta el punto que tuvo una recaída con la fijación de bañarse con una manguera. Aunque si bien esa vez fue un episodio pasajero que fue tratado sobre la base del litio. Por esos días, su deseo de ser presidente ya no lo dejaba en paz. Desesperado, intentó un tratamiento de acupuntura. Luego realizó unas purgas con esa hierba amarga del hercampuri pero fracasó.Experimentó la ducha española como recurso extremo pero la terapia también no obtuvo los resultados esperados. Su maestro AkiraNunura preocupado por el eminente descarrilamiento del discípulo, decidió enviarlo donde una eminencia cantonesa que curaba con la ciencia de la reflexología; con todo, la prominencia fracasó y lo derivó donde un colega de Shangai, quien realizaba curaciones milagrosas con vahos de cuchufleta. Todos los tratamientos orientales fracasaron.Así que no le quedó más que volcar sus esperanzas al mundo mágico religioso de los peruanos y, terminó en manos de curanderos de la costa, sierra y selva. Por último, al borde de la desesperación, se animó a visitar a un gurú californiano, quienofreció una cura segura sobre la base de la ingesta de psilocybin y una lectura atenta del Libro Tibetano de los Muertos. Allí no quiso oír más. Se decidió, sería presidente de la república. Llegó el año de 1990 y se jugaba el destino del país. El favorito era Vargas Llosa enfrentándose contra una coalición de partidos de izquierda. Se esperaba que el laureado escritor ganase, pero con las doctrinas del eterno retorno no hay escapatoria. El círculo tenía que cerrarse, el agravio tenía que saldarse, la puesta en escena estaba montada. Entonces, el hado dio el zarpazo. El bodeguero de la esquina, el japonéseducado del que tanto se burlaron los señores de tongo de los años cuarenta, devolvía el guante. Los nikkeis estaban vengados, atrás iban a quedar los abusos cometidos por el gobierno de Prado y Ugarteche contra ciudadanos peruanos-japoneses, durante la Segunda Guerra Mundial. En esa noche en Lima todo fue llantos y rosarios. Era el fin del mundo; el mundo de los cholos, de los chinos y de los japoneses ganó a los aristócratas de mentirita, el día del juicio había llegado. Se dijo de todo en ese domingo negro; algunos enardecidos reclamaban, un golpe de estado frente a las cámaras de la televisión española. Hubo multitudes desesperadas, gritando enfrente de la casa de Vargas Llosa. Si bien, el escritor ese día no salió ni una vez ante la multitud, simplemente se refugió con sus amigos cercanos. Sí, fue una época intensa para que negarlo. El país se iba al despeñadero pero a nadie parecía importarle, salvo a Luis. Ese día, comprendió que él era la otra cara de Alberto Fujimori, Luis era el hombrecito atrapado en la caverna de los sueños. Luis era las pesadillas de Alberto.