A veces las ideas que la mente contiene son vagas, y lo son tanto, que muestran la verdad tras ellas de una manera obvia y a la vez ridícula.
Escribeman trató se sobrevivir agónicamente en medio de ideas como ácidos letales. No pudo, y pereció como tantos libros en proceso e invenciones absurdas, sin que absurdo fuera.
La escencia de Escribeman fue recogida cierto día por mí, "Un tal tipo". Sentí otro tipo de muerte, diferente a tantas, y compartí con mi amigo fabriciogarcia de su sentir, justamente cuando volví de mi abrasivo viaje por los extensos mundos de la Internet.
Lo primero que hice al volver a Escribeya fue visitar el cementerio, porque hacia allí una fuerza misteriosa, y tan placentera como la curiosidad desbordante, me condujo.
Después, noté que más allá del cementerio había algunos seres que levitaban sobre la colina de los recuerdos. Uno me dijo que me recordaba, y yo le dije que no me recordaba bien a mí mismo.
La verdad, amigos de escribeya, es que, si bien no soy otro, tampoco es que no haya cambiando lo suficiente como para escabullirme entre ustedes sin que lo noten.
Las crónicas de "Un tal tipo" habrán de continuar...
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