


| Escritor: | Kiescorp |
| Públicado: | 08/11/2009 |
Jolines que fría se siente la noche y que solo me he sentido de repente, me sirvo una copa de vino, pongo un poco de música clásica y me acerco al balcón y poyo mi frente en la ventana, como vivo en un 12 piso, desde aquí puedo ver a lo lejos El monte del Naranco y al mirar aquellos montes y la Cruz, me quedo pegado en el tiempo y pienso en mi niñez ya tan lejana ¡Joer como pasa el tiempo! Pero bueno yo creo que el mayor tesoro que puede tener una persona, es poder recordar su pasado y gracias a que todavía puedo recordar, voy a contaros algo de mi infancia y juventud y así me quito el mono que cargo esta noche;
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Nací en un pueblito muy pequeño, un pueblo donde por no pasar, no pasa nada, Yo fui de las últimas generaciones en el pueblo que nació en mi casa, con la ayuda de la comadrona del pueblo, la verdad que mi memoria no es capaz de llegar más atrás de los 3 años, pero si sé que jamás tuve caprichos materiales pues mi padre, militar de profesión, no era muy dado a satisfacer caprichos, y además como fui el ultimo de 3 varones, siempre todo lo que tuve fue de segunda o hasta de tercera mano, yo no estrené traje de comunión, pues había sido de mi hermano Gabriel y de Pepe antes que de él, tampoco recuerdo haber tenido los juguetes de moda de mi época, yo me conformaba con poco o muy poco pues éramos felices con una pelota de futbol, un uniforme del Real Madrid o jugar al Parchís o al Quita y Pon; Realmente si debo ser honesto, fui un niño afortunado, pues pude convivir muy de cerca con mis abuelos y abuelas, tíos/as, primos/as, tuve una niñez sin preocupaciones y con un mundo muy sencillo pero sin dolor. Al recordar mi niñez se agolpan sensaciones, imágenes y emociones que me han acompañado durante toda mi vida, y cada uno de ellos ha dejado una huella perpetúa en mí ser y en mi personalidad;
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Me recuerdo desde muy pequeño fastidiando a mi pobrecita hermana mayor Arantxa,al esconderle sus zapatos en el rincón del perro para que no pudiera salir a pasear con su novio Miguel; En mi pueblo no existía la televisión, pero teníamos un enorme aparato de radio, con dos grandes ruletas. La verdad es que la primera vez que vi la televisión fue cuando ya contaba con unos 10 años, viviendo en Oviedo y algo que tengo muy presente es que el día que mi padre llevo la primer tv a casa fue precisamente el día que Salomé ganó el festival de Eurovisión; Volviendo a mi pueblo natal os diré que no había agua corriente y las mujeres iban a por ella al pozo que se encontraba a la entrada del pueblo, Solo había una calle con pavimento y todavía recuerdo como vibraba el manillar de mi primera bicicleta cuando me lanzaba cuesta abajo, recuerdo los bosque con muchos carbayus, castaños, hayas y olmos y las guerras que hacíamos entre ellos con arcos y flechas. Los arcos los hacíamos con una caña y las flechas las hacíamos con juncos del río, recuerdo nuestras tardes de verano junto al rio fumando cigarrillos Ducados que le robábamos a mi padre, los cuales eran fuertes como patada de mula, cuando no conseguíamos tabaco, nos liábamos en papel de fumar hojas secas y por lo menos hacíamos humo y nos sentíamos mayores y muy guay; Baño, lo que se dice baño no había, nuestra madre nos lavaba la cabeza y las rodillas con una jofaina llena de agua y jabón y nuestras rodillas eran tan roñosas de andar correteando por el campo que a veces debía utilizar una teja para quitarnos tanta roña, de retrete más bien nada, pues no era más que una letrina maloliente que cuando era invierno era inutilizable y entonces debíamos hacer nuestras cosillas en algún rincón del patio ( para alegría de las gallinas) y al final terminábamos la faena con nuestras madreña llenas de mierda y lodo, recuerdo el olor a hierva recién segada, a Sanjuanines,el aroma de los madroños en flor y el exquisito olor a pan recién hecho por mi madre, quien entre escribir poesía y cuentos infantiles, siempre sacaba tiempo para atendernos a nosotros y como corríamos cuando ella nos llamaba a merendar, pan y una onza de chocolate.
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No puedo recordar mi niñez sin remontarme a mi etapa de monaguillo con el padre Julián, quien me enseño a jugar ajedrez y a piropear a las muchachas y con ellas llegaron mis cuitas de amores y desamores, mis paseíllos con los amiguetes por el parque San francisco en Oviedo, o ir a ver las muchachas del colegio la Milagrosa o liarnos a peradas con los alumnos del colegio Santo Domingo, o ir al Naranco, lugar que amo profundamente y en donde deje mi inocencia un martes del bollo en los brazos de una alegre, cantarina y muy cariñosa waja llamada Rosita y quien al igual que yo no contaba con más de 16 años Joer cuantos recuerdos ¡Cuanto mono me da todo aquello!
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Con
el clarear del día, no me queda más que despegar mi frente de la ventana, esa
ventana que da a mi infancia y dejar aquellos
momentos, donde siempre han estado, en mi alma, en mi corazón, en mi memoria
junto a toda la gente llana que me amo y ya no está más conmigo y regresar a mi
diario vivir, a lo cotidiano, a la madurez y volver a ser el mismo capullo
irreverente que siempre habéis conocido.
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