Un duende en mi habitación
Enciendo la luz de mi habitación, me saco la mochila, la dejo en mi cama, prendo la computadora y me estiro un poco cansada.
Se me caen los párpados y los siento fríos y pesados.
No sé si ya estoy durmiendo.
La pantalla de la computadora comienza a cambiar de colores; debe ser el protector de pantalla, pienso.
Me dejo llevar por mi deseo de dormir. Pero un ruido me lo impide. Algo se mueve en el armario. Debe ser mi imaginación. No me preocupo demasiado. Continuó con lo mío. Pero, el ruido me vuelve a interrumpir. Por momentos parece ser que dentro de mi armario se oye el sonido de agitados pasos que avanzan hacia alguna dirección. Pero, también oigo risas muy lejanas que no dejan de asombrarme. De todos modos no me animo a abrir el armario, aunque mi extremada curiosidad me insta a hacerlo.
Debo decidir, entre seguir disfrutando de mi sueño y olvidarme de aquellos extraños ruidos del armario o desvanecer mi curiosidad tan molesta abriendo la puerta del mismo y llevando a cabo un intrigante descubrimiento.
A pesar del sueño, no me rindo en mi idea de inspeccionar cautelosamente el lugar de donde provienen mis dudas. Por lo que prefiero abrir de una vez por todas la puerta de mi viejo armario, sacarme la duda y volverme a dormir.
Voy a la cocina y busco el escobillón, con el que intento abrir la puerta; al principio fue una tarea un tanto agotadora, enganchar la punta del escobillón en el picaporte de la puerta, pero después de vanos intentos; logré abrirla apenas unos centímetros, que no alcanzaron para disipar mi intriga, pero que si me permitieron extrañarme por lo que podía ver desde allí. Me froté una y otra vez los ojos para ver con mayor perfección. Veo que desde adentro del armario sale un humo celeste que lentamente comienza a inundar mi habitación.
Me desespero. Intento cerrar la puerta con el escobillón pero parece que desde adentro una fuerza impresionante me lo impide. No me quedo otra que rendirme y contemplar llena de miedo el extraño espectáculo que se expandía por toda mi habitación. Flores y mariposas con colores nunca antes vistos nacían del celeste humo que se esparcía por el techo que parecía dibujar nubes de diferentes formas y tamaños.
Me pellizco para asegurarme de que todo fuera un sueño. Pero siento el dolor, y me preocupo aún más. Mi habitación, ya ni forma de habitación tiene. Tropiezo con un inmenso tronco que por arte de magia fue a parar allí y descubro que todo el piso se convirtió en césped lo toco y corroboro una vez más lo real del asunto.
Observo el armario, que por un momento había olvidado, y lo encuentro peor que antes; con su puerta prácticamente abierta del todo. Me vuelvo a caer, pero esta vez sobre un charco de agua que surgió de la nada y que reemplaza a mi desaparecida alfombra.
Ya no me preocupa tanto el sueño, sino lo que veo que se acerca hacia el exterior del armario. Escucho el mismo ruido que oía al principio y que me parecía el ruido de pasos agitados que avanzaban hacia alguna dirección.
Observo con atención como avanza desde el fondo del armario, como si el mismo diera a un inmenso bosque, el desconocido personaje, muy probable responsable de la situación.
Parece bailar al compás del canto de los pájaros que lo rodean. Una inmensa nube de humo celeste se interpone ante mis ojos, como negándome la libertad de observar. Trato de correrla pero ella me lo impide.
Al poco tiempo la nube comienza a desvanecerse ante mis ojos. En ese preciso momento, veo ante mi, un pequeño hombrecito que con sus ojos verdes y redondos como uvas, me observa de arriba a bajo deteniéndose en mi cara.
Lleva un gorro naranja que le permite lucir sus largas orejas. Tiene nariz puntiaguda y cachetes colorados. Lleva un pantalón a cuadros ,una camisa amarilla y zapatos en forma de banana.
Como antes dije, se detiene en mi rostro y sonríe. Gira y vuelve hacia la puerta del armario y desde allí con un leve movimiento de manos vuelve todo lo que se había expandido en mi habitación hacia su lugar de origen, o sea, hacia su bolsillo.
Vuelve a sonreírme y me dice: -Disculpa, se me habían escapado-
Mis ojos se vuelven extremadamente enormes y se clavan en la figura de aquel pequeño hombrecito, que tantas preocupaciones me había traído. Aunque al fin y al cabo a él debía agradecerle el haberme librado del caos en el que estaba inmersa. Antes de cerrar la puerta saca de su bolsillo un sobre celeste que pega en la parte exterior de la puerta del armario. Me sonríe una vez más, pega media vuelta y se marcha hacia el fondo infinito del armario, donde puedo ver desvanecerse junto con él, el bosque y todos sus colores. Una vez que me aseguro de haber cerrado bien la puerta del armario, me decido a abrir el sobre que aquel extraño personaje me había dejado. Al abrirlo leo lo siguiente:
Cuando tengas sueño y no puedas descansar, solo abre el armario y allí me encontrarás
Pienso un rato sobre esa extraña e intrigante invitación; guardo el sobre en mi bolsillo, y me acuesto en mi cama en busca de un olvido que me libere de futuras complicaciones.
Pienso en vencer mis temores y abrir de una vez por todas ese armario para irme junto a aquel pequeño hombrecito. Pero el sueño me gana y dejo caer mis párpados, fríos y pesados.
Al abrirlos me veo en un bosque. Rodeada de colores.
De ahora en más presta mucha atención, porque si abres por la noche tu armario y ves como si el mismo diera a un inmenso bosque, podrás conocer el mundo donde yo vivo; el mundo que me hizo conocer aquel duende en mi habitación. De seguro si te cruzas algún día con él, nos conoceremos.
Agustina.
Me recordaste a mi cuando escribía sobre fantasías!! ^^ Que lindo está esto. Aunque en mi habitación sólo abundn los vampiros o eso creo yo, xD
Te sigo leyendo ^^ Saludos.
Y mi habitación, ya tampoco tiene forma de habitación...
Me gustan las historias de duendes, la tuya es fantástica.
Saludos.