Un dolor de garganta.

Categoría(s): Cuento.

        Salió del aula. Lentamente caminaba hacia la sala de profesores. El bullicio de los chicos ahogaba todo comentario. En el trayecto se cruzó con otro docente y juntos recorrieron la distancia que los separaba de los minutos de descanso.

      Entraron a la sala. La portera les entregó una taza con café. Se sentaron.
        Ella levantó su mano para palpar el lado derecho del cuello, a la vez que lo expresaba con palabras vacías de vida.
        Un instante, un demoledor momento de incertidumbre y desconcierto invadió a la docente. La voz del timbre gritaba el regreso al salón, a la vez, que ahogaba el grito de dolor y angustia que se apoderaba de ella. Se inclinó sobre la mesa cayéndose lentamente al suelo. El dolor recrudecía. Minutos que parecían eternos, eran acosados en el reloj de pared por los que estaban en la sala.
       Llegó el médico. La revisó, controló los síntomas que se iban manifestando y la trasladó al hospital.  Estuvo en observación durante horas. En intervalos breves de tiempo, el médico chequeaba los síntomas vitales. La estabilidad de los mismos alentó al facultativo. 
       Hacía calor en la habitación. La enfermera entró con una toalla para secarle la transpiración y pudo observar que un tímido punto negro se asomaba en el cuello de la paciente.
       Llamó al médico. Con una lupa, éste observó la pequeña herida. Una pinza fue suficiente para extraer el extraño cuerpo, del dolorido cuello.
       La paciente mejoraba. La vida volvía a ella, lenta y progresivamente. 
      El doctor envió al laboratorio lo extraído. El informe del bioquímico sorprendió al médico: lo encontrado eran pequeñas partículas de material absorbente, empapadas en una sustancia que provoca parálisis parcial, dada en pequeñas cantidades.
     El líquido producía el efecto por un determinado tiempo. La manera de introducirlo en el cuerpo fue sencilla: se utilizó un elemento que funcionó como cerbatana.
     El hecho fue comunicado a los alumnos. A partir del día siguiente, en tres cursos, se produjeron cinco definitivos abandonos de estudio.

                                                                             Héctor Hugo Lattuada.

 

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Comentarios:

Online
Escrito por: CAMILLE       04/11/07 16:31
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Me gustó tu relato.Podría pensar que se trata de un boceto de algo más elaborado. Aprecio cierta magia, una frialdad que es difícil de explicar y que es un mérito pues no veo presencia de emociones, y eso al menos para mí es un trabajo difícil, siempre se cuela algo de uno mismo en el trabajo con las palabras. Un abrazo.
Escrito por: Abedul       30/09/07 07:55
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¿Cuantas veces los estudiantes tenían ganas de matar algún maestro que les parecía tirano?. ¿Cuantas veces un insulto o una desconsideración les hirió de muerte sin aviso?.
No se necesitan advertencias para saber que muchos maestros alimentan odio en lso corazones de sus estudiantes aún sin intención.
Escrito por: animalson       29/09/07 22:43
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Uhm, no lo entendi.
Volvere a reeler.
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