un dia mas....

Categoría(s): historia

esta historia fue real me paso a mi el 28 de enero del 2008, la converti en literatura para todos ustedes.........

 

Era el día más largo de mi historia o tal vez el más corto, en realidad no lo recuerdo pero fue un día  inolvidable.
Desperté temprano, el reloj que descansaba sobre la mesa: 7:25 a.m.
Todo iba normal, nada fuera de lugar.
Una llamada, 10 de la mañana, - hazme un favor, mídeme el solar, para que hablemos de los detalles cuando llegues- me dijo.
Salí rápido de mi casa. En el camino los saludos se seguían, con todo aquel que era conocido.
Un motor fue mi transporte hacia el lugar.
Cuando termine mi labor me encontraba de vuelta a casa.
 Se me aparece un hombre de color, alto y de cuerpo atletico, interrumpiéndome el camino, con un “machete” en la mano derecha, frente a mí. Todos mis instintos se dispararon, poniéndome rápidamente en guardia. Trate de buscar la forma de defenderme, pero inesperadamente llego un segundo hombre por mi espalda, poniendo en “jaque” mis intentos de defensa. Levante los brazos mecánicamente al sentir que ponía algo filoso en mi espalda.
Caminamos una distancia relativamente larga los tres, uno por delante con el “machete” que descansaba en mi garganta y el otro en mi espalda con el instrumento filoso. Tocándome de vez en cuando con el, recordándome que se encontraba presente.
Fui revisado de pies a cabeza, y todo lo que encontraron me fue despojado, lo de valor se lo quedaron y lo que no simplemente fue arrojado.
La tarde caía aprisa, con las ráfagas de los momentos alegres. La noche ya se acercaba y yo amo sobre todas las cosas esa negritud que me da una sensación de soledad y aislamiento,-perdón al hipotético lector, estos brotes poéticos, pero es que empecé a sentir nostalgia por las cosas que amo y que al día siguiente no verían mis ojos.

 

-lánzate-me decía el hombre, que continuaba sosteniendo el “machete” en su mano derecha y la punta descansando en mi vientre.

 

Nos encontrábamos frente a un precipicio de un kilómetro de distancia, según supe después, el cual se encontraba ornamentado por grandes rocas, un sinnúmeros de árboles y un rió como fin.

 

-lánzate-me repetía el hombre.

 

En ese momento empezó a caer una tenue llovizna… amo mucho la lluvia. Lluvia y noche. Amoroso concierto de ese instante. Gotas plateadas que intentan aclarar lo negro. Así es la vida. Algunas gotas blancas de bondad intentan aclarar la gran mancha de los crímenes humanos.

 

-lánzate-seguía insistiendo el hombre.

 

Mi existencia fue rápidamente resumida en ese instante. Mis padres, mis hermanos, mi familia, mis amigos, los libros…todo pasó como un rayo de luz en mi cerebro, un segundo parecía un minuto y un minuto parecía un segundo. En verdad aquel científico tuvo razón, “todo es relativo”.

 

-lánzate-seguía insistiendo.

 

Cuando me encontraba parado frente a ese acantilado, recordé las palabras que Dante puso en la puerta de su infierno: “quien entre aquí, abandone toda esperanza”.
Mis ojos empezaron a divagar por todos lados, buscando una escapatoria, alguna forma de liberación o en cualquier caso algún tipo de ayuda.
El ambiente era espeso, envuelto en una bruma leve. Pocos rayos de sol quedaban vivos en el cielo y aun menos alcanzaban el suelo.

 

-lánzate- me repitió.

 

Mis ojos vagaron hasta encontrarse con los del hombre a mi lado. Lentamente su rostro se fue desvaneciendo y una imagen, que parecía la evocación de un recuerdo, cruzo a pocos centímetros de mi frente. Una noche en familia, mis padres, mis hermanos, sobrinos y primos, alegremente degustando una cena, era algún tipo de celebración.
Instantáneamente una nueva estampa, de belleza comparable a la primera, se desplazaba frente a mí. A esta siguieron otras, igual de vivas, igual de hermosas. Luego durante unos segundos, se diluyeron junto a la oscuridad que había en los ojos de aquel hombre, la luz del atardecer le daba reflejos extraños a su cara…

 

-lánzate-repito el hombre.

 

Aquella fue la última vez que escuche aquel mandato. El hombre de atrás no parecía lo suficientemente paciente, para continuar con aquel “juego”, y de un puntapié fui lanzado al vació.
En mi vuelo trate de sostener una rama de algún curioso árbol, pero esta no fue tan fuerte y se quebró. Mi vuelo pareciera que no tuviera final, hasta que mi frente fue a dar con algo sólido y el conocimiento me fue arrebatado.
Desperté con los primeros rayos del sol en mi rostro. Mi postura no era la mejor, me encontraba con la cabeza hacia abajo, una rama de algún divino árbol me sostenía por la pierna izquierda, pareciera que me agarraba para que no continuara cayendo, me repuse como pude en una posición que mi cuerpo fuera un poco más manejable. Los recuerdos de lo que me había sucedido me llegaban como destellos de luz.
Comencé a ver mis opciones de volver al camino, que se encontraba varios metros sobre mi cabeza. Las raíces, ramas y lo inclinado del acantilado fueron de gran ayuda. Entre resbalones, dolores en todo el cuerpo y la visibilidad de un ojo pude hacerme del camino.
Los dolores eran tan atroces que era imposible poder caminar erguido.
En una pequeña cascada  pude lavar mis heridas, y el ojo que tenia visibilidad cero recupero la vista milagrosamente.
Con mi tétrico andar y los dolores que me hacían compañía decidí buscar ayuda.
Luego de caminar o intentar hacerlo me desplace varios metros del camino y encontré una casa con una señora en el jardín, haciendo labores matutinas. Le solicite, -casi le suplique- que me ayudara, la doña muy gentilmente me dijo que continuara, que encontraría algún tipo de ayuda mas adelante, simplemente me ignoro. Le di las gracias y pedí a Dios que cuidara de ella.
Luego de haber caminado alrededor de dos kilómetros desde el lugar del precipicio, un señor me reconoció y me ofreció ayuda. Llamo a mi familia, en su vehiculo me monto y a una clínica me llevo. Allí fui atendido…
En la clínica las visitas se seguían, mi familia, los amigos de la familia, los amigos míos, los amigos de mis amigos. Llamadas telefónicas, en fin todos se alegraban de que hubiera aparecido y así me lo hacían saber.
Un periodista que pasó, quiso saber lo ocurrido.
Un señor, que se equivoco de habitación, entro y me saludo…
Las atenciones se seguían y las amistades continuaban presentándose…
4 de la tarde, decidieron darme de alta porque mi cuerpo respondía bien a los medicamentos. A mi casa fui llevado.
A partir de ese momento empecé a vivir la mitad de mi vida o mejor dicho la mitad de mi muerte. Deje la vida de quijote en aquel acantilado…

 

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