


| Escritor: | lacana |
| Públicado: | 30/06/2008 |
Cuando salimos por la puerta, una sorpresa con diferentes sentidos nos esperaba en la calle: la lluvia de la noche pasada había formado bastantes charcos, los cuales brillaban con la luz del amanecer.
Para el señorito el sentido era positivo, nuevas posibilidades de jugar; pero para mi el sentido era un mar de horrores que se me habían presentado delante para jugarme una mala pasada.
Dejé de quejarme conmigo misma cuando vi por el rabillo del ojo como este salía corriendo del jardín y se dirigía al charco más grande que había en la calle.
"¡Bueno! Ya empieza"- pensé y salí corriendo detras del señorito que estaba a punto de saltar sobre el salto.
Cuando ya sus pequeños pies estaban a punto de darse el impulso para el salto, lo cogí de un brazo y tiré de el con todas mis fuerzas, sacándolo del radio del charco y evitando sus movimientos con intención de soltarse.
-¡Me las vas a pagar!-decía gritando y poniendose rojo- ¡Se lo diré a mamá y ella te alejará de mi!
-Señorito, silencio por favor- dije en voz baja para no llamar la atención de la señora, que con solo oir un pequeño grito de su hijo ya estaría echandome a la calle- no puede mancharse, ¡hoy le hacen la foto de clase!
-¡A mí que me importa, yo quiero jugar! No me gustan las fotos de clase.- dijo refunfuñando.
-Pero su madre quiere, la tiene que obedecer -y arrepentiendome de lo que iba a decir- y si llega limpio le compraré un helado, ¿vale?
-Vale, pero tendrá que ser el más grande de la tienda, sino no te haré caso.
-Pero usted sabe, con perdón, que no puedo comprar ese tipo de helados, su madre no me da tales pagas para esos caprichos.
-Pues entonces saltaré sobre todos los charcos que vea, y así mi madre te echará y no tendrás dinero ni para la cucharilla.
-Bueno, pero me tendrá que prometer lo que le he dicho -dije a punto de llorar con esta afirmación.
-No te prometo nada pero espero que el helado sea grande.
Le indiqué que me diese la mano, pero con un movimiento rápido se escabulló y se puso delante de mí, cantando una de las preciosas canciones del colegio que para mi no le pegaban a su caracter desobediente.
Fuimos andando por la calle hasta que llegamos frente a la calzada y tuvimos que esperar a que pasasen los carruajes que pasaban por allí.
Al pasar por allí tuve un descuido, el cual produjo que el carruaje que estaba cerca nuestro nos llenase de barro al pasar por encima de un charco.
-Estas manchas no son culpa mia, conque tendrás que comprarme el helado.-dijo riendose.
Yo llena de barro hasta la cara tuve que llevar al señorito de la mano hasta un parque y quitarle la suciedad que pude con las manos y un poco de agua de una fuente cercana.
Cuando estuvo algo decente, lo que pude, nos pusimos otra vez en camino, el cual llegaba hasta una curva en donde se encontraba la escuela.
Llegamos corriendo al patio en donde ya se estaba situando a los niños para la foto.
Lo dejé a cargo de su profesora la cual lo cogió de la mano y lo llevó con sus compañeros.
Me volví a casa y esperé hasta la tarde con el helado que me había costado todo el sueldo a que llegase el niño con la foto.
Cuando entró en casa yo estaba lavando la ropa así que no pude ver la foto.
Pero esto no me impidió asistir a un grito de la señora. Cuando llegué, la señora estaba roja y el señorito llevaba todo el traje lleno de algo pringoso.
La señora, la cual sugetaba la foto me la entregó y pidió explicaciones:
El niño salía igualito que como estaba ahora, aunque en la foto sugetaba una pequeña bolsa con el líquido pringoso.
-Señora, yo no tuve la culpa, no le había visto esa bolsa...
Pero una risa estridente me tapó las palabras:
-Ja, ja. ya se que no tienes la culpa y se lo que prometistes a mi niño pero te quería dar las gracias por esta foto tan graciosa, no me reia así desde hacia tiempo...
"Así que casi me vuelvo loca por no llevarle manchado y me llevo esta sorpresa".
La señora estaba tan feliz y risueña que me devolvió el dinero del helado y se portó muy bien conmigo durante la semana aúnque despues de este tiempo oí:
-¡Criada!
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