Un día en la vida de una joven criada. (PRIMERA PARTE)

Categoría(s): vidas
Estaba tranquilamente durmiendo en la cama cuando me despertó un ruido, era la campanilla de la Señora.
“¿Qué querrá ahora?”-Me pregunté. “¡Son las siete de la mañana!”
Me levanté de la cama de paja corriendo en camisón y me vestí con mis ropas de sirvienta que madre me había hecho para este trabajo por Navidad, sería mi mejor vestimenta si los hijos de la Señora no estuvieran siempre revoloteando a mí alrededor con malas intenciones, las cuales se ocultaban tras unas caritas de ángel.
Llegue a toda prisa a la habitación, la cual estaba sobrecargada de objetos decorativos de aspecto bastante caro y frágil que parecían que en cualquier momento se romperían en añicos.
La mujer ya estaba malhumorada, pues su carácter infantil y enfadado no la daba mucha paciencia. “¡A qué casa he tenido que venir a parar!” pensé cuando vi la cara regordeta de esta.
-¡No te pienso aguantar estas insolencias, niña!-empezó la tormenta- ¡Te he dado la gracia de trabajar para mí y así me lo pagas; tardando más que mis adorables cielitos en hacer las sumas y las restas!
-Si señora-dije agachando la cabeza- lo siento, espero que me perdone.
-¡Ja, que te lo crees jovencita! ¡Hoy te quedas sin desayunar! Y tendrás que ayudar a vaciar el pavo con la cocinera. ¡Entendido!
- Sí, señora.
- Bien, ahora que lo hemos aclarado todo, quiero que me escuches por que te he llamado: Hoy es la foto de clase del jovencito de la casa y quiero que lo lleves acompañado hasta el colegio ¡Y que no se manche! Si sale en la foto con solo una gota de barro te despediré y no volverás a pisar esta casa.
-Entendido señora.

“Ojala me echaran de esta casa de malcriados, pero necesito este trabajo para llevar a casa dinero y cuidar de madre y mis hermanos. Pero bueno me tengo que resignar y llevar al niño al colegio. ¡Qué trabajo me espera!”

Me dirigí a la cocina en donde Bruna, la cocinera, estaba preparando el desayuno de los Señoritos.

-¡Hola, Bruna! ¡Buenos días por la mañana! ¿Qué tal estás?

-Perrfectamente carriño, ¿Y tú?

-Cansada de tener que obedecer todos los caprichos de la Señora.

-¡Ah! Esa gorrda brruja con bigote de perrro sarrnoso.

¡Buf! Así era Bruna, una mujer con mucho caracter, que además odiaba a la Señora con todo su alma, aunque seguía en la casa por su marido, Miguel, que era el jardinero.

Me dirigí después de desayunar a la habitación de los Señoritos y me di un susto tremendo: Las camas estaban vacias y al poco rato de entrar en la habitación los diablillos saltaron sobre mi.

-¡Dejadme tranquila de una vez, por favor! Y usted señorito tiene que vestirse rápidamente para ir a la foto de la escuela, tome esta ropa que me ha dado su madre y vistase.

-No quiero, quiero quedarme aquí en la cama, no tengo ganas de salir para una foto.

Y tras decir esto, salió corriendo por la puerta dejando la ropa tirada por el suelo. Yo también salí corriendo y tras atrapar a este diablillo, le senté en la silla y le obligué a ponerse la ropa, aunque me llevé uno que otro golpe.

Ahora que iba vestido y recién peinado tuve que convertirme en su sombra para que no se manchara.

 

En el desayuno, el señorito tiró las tostada que se le calleron encima manchando de mermelada sus nuevos pantalones. Estaba a puntor de gritar cuando apareció la Señora y tuve que lavar la ropa de su hijo.

Cuando acabó de desayunar le llevé conmigo a la entrada para llevarle a la escuela en formación de guardaespaldas.

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Comentarios:

Escrito por: godandcat2000       20/06/08 20:07
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esta historia me gusta.
Escribe pronto la continuación. Quiero ver si cosigue la sirvienta que el niño llegue limpio.
Aunque imagino que no lo conseguira... Los niños ricos siempre son repelentes y desobedientes jeje... vv'

Sigue así ^^
Escrito por: lacana       20/06/08 10:59
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esta historia sirve para recordar la mala suerte que tenían las doncellas en los siglos anteriores
Páginas: 1

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