Un niño lloraba, mientras su madre lo reprendía severamente, las lagrimas rodaban por su carita sucia de tierra y dulce y gritaba desesperado que ya quería ir a casa; miraba a su madre con tristeza pero esta no se conmovía. Un joven vestido de negro con un arete en el labio inferior y otro en el párpado comentó con su amigo el día en que se miró al espejo y no vio su imagen, mientras otros dos hombres recordaban las parrandas de su juventud. Dos novios se abrazaban cómo sí estuvieran completamente solos, no reparaban en el ajetreo de esa mañana en el metro ni en los apachurrones de la gente cuando comenzó a llenarse el transporte; mostraban total indiferencia por lo que sucedía a su alrededor.
Marcia veía sorprendida al tipo que se acostó desnudo sobre vidrios, con la espalda llena de cicatrices. Sentía lastima, repugnancia hacía los motivos que pueden llevar a alguien a arrastrarse por el suelo de un vagón de metro por unas cuantas monedas. Un hedor a fritangas y sudor comenzó a molestarla, sintió la mirada desagradable de aquel chico, quien llevaba varias semanas haciéndose el encontradizo. Los constantes jaloneos del transporte, los rechinidos, enfrenones y el humo que entraba al abrirse las puertas del vagón, por el roce de las llantas con las vías, la ponían nerviosa. En ese momento entraron al subterráneo y todo se oscureció, se sintió un fuerte enfrenon y varios pasajeros cayeron al suelo.
La electricidad falló y todo estaba en penumbra; Marcia sentía asfixiarse, aspiraba el humo que había entrado por las puertas al abrirse, tuvo pánico y recordó que antes de salir de casa había discutido con su esposo y salió fastidiada y molesta de los constantes quejidos y berrinches de sus dos hijos adolescentes; por su mente pasaron las imágenes de su boda, la mujer con la que había visto a Carlos meses atrás, la discusión tan fuerte que habían tenido y los deseos que tenía de desaparecer; no podía respirar, las manos le sudaban, un frió intenso comenzó a recorrer su cuerpo, parecía que iba a desfallecer. Ella creía que todos sus problemas terminarían, que no saldría de aquel vagón, en ese instante la energía regreso, el metro recorrió una estación más y se detuvo. Las puertas se abrieron, Marcia comenzó a respirar un poco de aire fresco, sintió un gran alivio y regreso el calor a su cuerpo, entonces... bajó dispuesta a continuar su viaje.
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