Era una tarde apacible, en la que escuchaba música instrumental y aguardaba el momento de la cena. Cuando el timbre sonó anunciando que alguien estaba a la puerta, yo no esperaba a nadie en ese día por lo que un tanto desganado me dirigí a abrir la puerta. Enorme sorpresa me llevé al mirar la silueta que se perfilaba en el marco de la puerta, al abrirla, mi turbación fue evidente, dado que la mujer que estaba ofreciendome no se qué producto me preguntó: "¿Se siente bien?". Atolondarado como estaba, dije que si y le invité a pasar al principio ella dudo un poco pero al final se animó, por mi parte solo quería seguir mirando esos lindos ojos verdes, y ese largo pelo castaño, fino, delicado, cuidado, que hacía el marco perfecto para ese rostro angelical, que semanas atrás había visto en sueños. Pero que igual recordaría donde lo viese, y en ese momento supe desde lo más profundo de mi que había nacido para ese instante y que ella era la mujer de mi vida.
Lo que sucedió después y lo que hice para conquistar su cariño es motivo de otra historia.
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