Un ángel

Categoría(s): Cuento
La mujer baja del auto y saca el envoltorio. Los indigentes están tendidos a un lado de la fogata agonizante. Algunos duermen cubiertos con periódico; otros, con la piel a la intemperie, están aletargados por el alcohol. La mujer camina cautelosa hasta ellos y los mira con expresión dura, confiada en la oscuridad. El frío y la noche avanzan sin tregua. No puede esperar a que amanezca, así que empuja suavemente a uno de los que duermen. Apenas puede contener el asco.

Así quería agarrarlos, hijos de animal sarnoso. Ojalá se pudrieran en el frío. Ojalá se chamuscaran en el infierno, se hundieran en la muerte y no despertaran nunca. Ustedes son peores que los perros. Ellos al menos no afean las calles ni se drogan ni se embrutecen con alcohol ni dan lástimas tragando fuego, limpiando vidrios de coches, dando mala imagen ante los extranjeros. Ojalá se los tragara un temblor, malnacidos. Peor que perros sin dueño, quién los iba a reclamar. Grande es el favor que les hago. No por misericordia, sino porque están de más y aquí les tocó morir, perros sarnosos.

—Despierta —dice tiernamente la mujer. El hombre, con barba de meses y hedor de años, se despabila y la observa. Una paz que no siente desde su niñez invade su cuerpo. No sabe si está despierto o sueña a su madre casi olvidada—. Despierta, hijo.

De perra, debía decir, pero sospecharían. Mejor que piensen que vengo por las buenas. Que se perjudiquen solos, por su propia voluntad. Con suavidad, hasta los venenos son bien recibidos. Pero no conviene ni pensar en la palabra veneno. Hace pensar en muerte, aunque por sí misma sea inofensiva. Aunque al escucharla haya fibras que se tensen, que se pongan en guardia. Como si se invocaran colmillos de serpientes. Que el hambre sea el veneno que los mate. Que se laceren solos. Yo cumplo con la parte que me corresponde. Es mi manera de hacerles una caridad. Porque caridad es ayudarlos a morir, que para ellos debe ser una bendición.

—Ten, hijo —dice la mujer mientras tiende el envoltorio hacia el recién despierto. El hombre se restriega los ojos antes de tomarlo. No es un sueño sino una aparición que se conduele de ellos, abandonados al frío. Recibe el envoltorio y despierta a empellones a los otros—. Espero que no me lo tomen a mal: no son desperdicios, es comida buena.

Así. Bien. Despiértalos y haz tu parte, infeliz. Hoy, antes de que amanezca, te lo prometo, estarán en el infierno, como les corresponde. Es su lugar. Nunca debieron salir de él, bestias inmundas. Mírame cuanto quieras. Entérate de quién te hace la caridad. El Cielo me lo ha de premiar. Unos cuantos malhechores menos. Esto es hacer méritos. Mejor que cien mil padrenuestros. Que nadie diga que no combato la maldad del mundo. Que nadie diga que no ayudo a corregir la obra que Dios no completó. Alguien tiene que hacer este trabajo y me alegro de ser yo.

—Vamos, hijo. Está calientita. Come y convida a tus compañeros —los otros se acercan ávidos, casi se arrebatan la comida. No es necesario. Hay suficiente para todos. Para que se harten y olviden al menos por unas horas el hambre.

Así revienten, se les pudra la sangre, se les congele la mirada y dejen de ensuciar con su aliento esta ciudad contaminada con su sola presencia. Apestan a maldad, y eso no se lava sino con muerte. Cómo no se mueren todos de una vez y nos dejan en paz. Peor que insectos que resisten al más potente pesticida, así son. Inmunes a cualquier enfermedad. Pero aquí estoy para eso. Hoy me siento un Ángel. Dios me ha iluminado y me envía para hacerles la caridad. Así, coman, traguen, perros insaciables. Envenénense la sangre, atragántense de ponzoña, reciban su justo castigo.

—Está buena la comida, ¿verdad? —los hombres contestan apenas con un movimiento de cabeza. El que recibió el envoltorio mira de reojo a la mujer y le agradece sin dejar de comer desaforadamente.

Si lo que agradeces es la caridad de retirarte de todos tus penares, lo acepto. Eso, así, apúrense, puercos. Traguen, hártense de muerte. Sigan sonriendo agradecidos. No hay nada como morir contentos. Ya jamás se revolcarán en su inmundicia. Llegarán al infierno en un santiamén. Pudran su sangre. Mírenme fijamente. Soy el Ángel que teje el milagro de su muerte. Soy el Ángel Guardián de los bien nacidos. Soy quien los resguarda de la inmundicia que ustedes representan.

—Bueno, que les aproveche, hijitos. Hasta luego —la mujer se encamina hacia la acera, para abordar el auto. Escucha a sus espaldas las voces de agradecimiento de los indigentes. Se vuelve y les sonríe. Han terminado de comer y avivan el fuego para calentarse.

No me lo agradezcan. Qué quieren, así somos los Ángeles. No anhelamos salir en los periódicos. Lo que hacemos es sin ánimo de que se premien nuestros buenos servicios. Ustedes, gracias a mí, serán conocidos, aunque no en vida, hermanos. Saldrán en los periódicos, que bien se lo merecen. Yo me conformo con ver en ellos mi obra consumada, con hacer el bien y con ocultarme. Para qué somos los Ángeles, si no para librar al mundo de perros sarnosos malnacidos como ustedes. Ojalá hubieran abortado a su mismísima madre antes de que naciera. No tendría que andar yo, a esta hora, queriendo enmendar al mundo que tan mal le salió a Dios. De raíz es como se resuelven los problemas.

—Hasta pronto, hijitos. Los veo luego.

Porque ustedes no me volverán a ver. Los veré en los periódicos. Nada de muertes anónimas. Nada de muertes privadas. Nada de muertes ocultas. Yo hago el favor de liquidarlos. Que otros se ocupen de darles sepultura. Si tarde o temprano apestarán al mundo, mejor que alguien les sobreviva y, por asco, más que por humanidad, los regrese al lodo de donde nunca debieron haber salido. Si al fin y al cabo, ya traían viva, al nacer, la semilla de la muerte, a quién le importarán unas vidas inútiles menos.

La mujer arranca su auto y se aloja en las sombras. Su obra ha de germinar muy pronto en el baldío.
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Comentarios:

Escrito por: Maledetapalabra       05/06/08 14:42
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Un texto oscurísimo,sin esperanza,un lenguaje acabado,perfecto.
Que no haya esperanzas en él no esta mal para mi gusto,porque el discurso del ángel,no es ajeno a intensiones,a deseos de personas,de seres humanos,que yo conozco,con quienes voy cotidianamente y eso me duele y me arde.
Vos lo expones en esta historia de ficción,pero la realidad es que las ciudades estan llenas de estos potenciales "ángeles exterminadores".
Muy jugado y valiente,ademas de lo exelente de tu texto.
Escrito por: GabrielaAgilda       05/06/08 05:23
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El Bien y el Mal;Ángeles y Demonios;Apariencias versus Realidad;las dos caras de la moneda...¿Excelente?No,ya queda corto.Sólo un talento como el tuyo puede pasearnos por fronteras antagónicas sin que perdamos de vista el horizonte.
Impecable escrito,Ricardo.Una joya.
Mi cálido abrazo.
GABRIELA
Escrito por: Momo       03/06/08 21:50
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Creo que esta historia está contada con maestría, Ricardo. Además de la tensión por lo que se está leyendo, se aprecia la habilidad que has tenido para hacer presente un mundo mudo -en tu relato y en la realidad casi también- a través del ruido de las palabras angelicales y los pensamientos demoníacos de un ser iluminado (me dan terror esos iluminados). Me ha parecido buenísimo. Te mando un abrazo. Chares.
Escrito por: kaylita       03/06/08 20:06
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Woww!! Una historia original, me gusta para un cortometraje.
Me impresiona la manera de hilar cada ofensa, haciéndola diferente cada vez.
La postura de ella, y el escenario, con imágenes muy buenas.
En resumen una gran escrito.
Besitos amigo…
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