Capítulo 25[FINAL -A]: mientras exista el amor, no hay barreras. (3ª parte)
A la mañana siguiente Ania despertó a Elena porque ésta, al pasar todo el jaleo de la noche anterior, se había olvidado de poner el despertador.
--Ele, vamos despierta, que ya es hora de levantarse.Elena se levantó como una zombi, cogió unos vaqueros del suelo y una camiseta de color rosa desteñido que estaba en el cabecero y, a punto estaba de ponerse unas botas verdes, cuando Ania la detuvo.pero ¿a dónde se supone que vas tú con eso, tía?
--¿eh?, esto, pues a clase. respondió mirándose, ni ella misma entendía la razón de haberse vestido así pero le daba igual, no tenía ganas de pensar en la moda esa mañana.
--pero hoy es el Día de Blanco tonta, aquí hay una costumbre cada año, este día todos nos tenemos que vestir de blanco. Así que ya te vas quitando eso y poniéndote lo que corresponde. buscó en el armario de Elena una vestimenta adecuada ¿cómo es que no me habías dicho que tenías ésto aquí?, es precioso. apuntó Ania tocándolo con delicadeza.
--ese era el vestido que me iba a poner para la fiesta de navidad. Pero al final no lo usé. Se lo puso sin rechistar pero con la expresión de dormida que tenía, no pudo apreciar la cara que se le iluminaba a Ania al verla.
--¡caray chica!, estás impresionante, ahora dúchate y hazte algo en el pelo, o mejor te lo hago yo, y saldremos a ver la cara de Tom al entender lo que se pierde. y empujó a su amiga al cuarto de baño
--Ania no
-- me da igual lo que tú pienses hoy Ele, porque hoy vas a actuar como yo te diga que ya me encargaré yo de pensar.
..
--W, despierta. Venga tío despiértate ya, tenemos que ser puntuales hoy. Tom se había despertado antes del amanecer, sabía que tenía que disculparse con Elena, y tras arreglarlo todo con Evelyn, decirle que la quería, que lo que le dijo la noche pasada no era verdad. Por eso quería verla antes de que empezaran las clases, como no quería ir solo estaba levantando a Walter, para que le hiciera compañía.
--Ya voy. Mira que eres pesadito ¿eh? ¿Por qué estúpida razón me quieres hacer levantar tan temprano hoy? . dijo Walter con cansancio mientras trataba de encontrar la sábana que Tom le había quitado a propósito para que se levantara.
-- le voy a decir a Ele lo que siento por ella. dijo mientras se encasquetaba una blusa de seda blanca medio transparente con detallitos en color dorado.
--¡aleluya! . Dijo en tono sarcástico.-- pero que tarde te diste cuenta de ello campeón, ahora ella está dolida y tu eres el causante, además de Evelyn, claro.
-- me da igual lo que digas W, hoy no hay nadie que me frene en mi propósito, ni siquiera Simon. Comentó Tom atándose el último botón de la blusa. vamos que se nos hace tarde W
Para cuando Elena y Ania llegaron al umbral de las escaleras que daban al Hall, Tom y W estaban de espaldas a ellas hablando con unas admiradoras de Tom.
--Tienes que ser fuerte, ¿entendido?le susurró Ania al oído a Elena, la cual asintió muy seria, mirando la espalda de aquel chico de cabello castaño claro.
Tal vez fuese la intensidad de la mirada de Elena hacia él, o quizá tan solo coincidencia, Tom se giró hacia las escaleras y allí estaba ella, radiante, elegante, como salida de una película de fantasía, sus dorados bucles estaban alumbrados por la luz de la ventana del fondo del pasillo, detrás de las escaleras. Su expresión reflejaba seriedad y elegancia con un toque de indiferencia y cubierto de una superioridad que era encantadoramente atrayente. Llevaba un vestido por las rodillas, blanco, con el cuello barquero y las mangas grandes y una cadena dorada que hacía las veces de cinturón, que hacía juego con unas sandalias doradas de tacón atadas alrededor de la pierna. Todo el mundo se volteaba a ver a la chica de la que se burlaban por su extraña forma de vestir, que se había convertido en todo un ejemplo de elegancia.
--Ele, estas impresionante. dijo Tom cuando ella pasó por su lado, pero no se dignó a mirarle siquiera, sencillamente pasó de largo.
--¿qué le pasa?preguntó W con curiosidad a Ania.
--digamos que se está recuperando de lo de anoche. en ese momento tocó la alarma y se tuvieron que ir a clase.
En los cambios de hora Tom intentó que Elena le prestase atención pero fue en vano, Elena no se inmutó ni siquiera a mirarle cuando él la llamó repetidamente para que le pasase el boli que se le había caído justo a su lado. Tom, tras tanto insistir, se cansó de aquello y reflexionó en que a lo mejor Elena no quisiera saber más de él, lo que lo puso inmensamente triste y desdichado. A esto Elena también se sentía así, era muy difícil dejar de atender a un chico que te ha marcado la vida de esa manera. Pero tenía que ser fuerte y no podía flaquear, tenía que dejar claro que podía superarlo aunque así se tuviese que olvidar de él para siempre.
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