TUS MANOS

¿Sabes?, siempre me gustaste amor mío: tu voz efímera, tu boca tibia, tus ojos infinitamente expresivos, tu cabello siempre aliñado, tu aroma complaciente en todo momento. En fin, tantos lugares de tu cuerpo que amé con toda el alma, tantos lugares que… hasta el día que muera me llevaré en la mente a mi sepulcro. Pero hubo un lugar que amé más que a ningún otro: tus manos, sí… esos diez lápices que dibujaron tantos momentos oscuros y otros tantos espléndidamente simples, tantas mañanas y tantas tardes y, qué decir de las noches… ¿qué decir de ellas? Pero bueno, no entraré en detalles de esas noches, porque solo en la mente quedaron, los planes jamás llegaron a ser más que eso: planes. Mejor te hablaré de mi lugar favorito en ti. Hablaré de tus manos y detallaré por qué se convirtieron en el más hermoso y colosal detalle que le admiré a mi gran amor. 

Tarde es ya. Estoy tan asustada, tan aturdida… y el autobús no llega. La calle solitaria alberga sonidos del silencio, animales y vagabundos en su sopor nocturno, casi molesto, pues me altera los nervios; y detrás de mí… tus pasos. A pesar del frío, siento la piel bañada en sudor. Es increíble como se presenta el miedo ante nosotros. Después de lo de hoy, de la fiesta, la algarabía y la celebración de nada, después tan solo de la cólera y la discusión contigo, me siento cansada. Vuelvo la cabeza, mi mirada reposa ávidamente en tu boca, que desde hace ya dos horas permanece sellada; reparo en tus ojos, fijos en la nada… centrados en la ignorancia total hacia mí. Sí, sé bien que fue mi culpa y, si no lo fue, siempre termino por creerlo; sé a la perfección que acepto vender mi alma al mismo Diablo antes que aceptar mi error. Así que no lo haré, y lo sé bien, y me duele tu silencio, y odio con toda el alma que me quites el habla. Siento otro líquido sobre el sudor de mi cara, este proviene de dos orificios llamados lagrimales… así es, ese líquido son lágrimas. Rápidamente bañan mi rostro y al mismo tiempo, advierto que ha comenzado a llover… lo cual complica las cosas, pues sabes que detesto mojarme. Han pasado ya veintidós minutos desde que salimos de ese lugar, y han parecido años sin ti. Te percatas de que lloro, te das cuenta de que la discusión cruzó el umbral del límite… que no aguanto que siempre terminemos el día así: como dos desconocidos invadidos por la ira y el orgullo. Entonces te acercas, y ese frío se vuelve calor, y la calle se ilumina lentamente, y la lluvia parece ahora un manantial de placer perpetuo… y tomas mi rostro húmedo con tus manos, sí, con esos dedos tan suaves que convierten cada lagrima en besos… en sonrisas. Todo gira suavemente en nuestro entorno… el autobús ya ha pasado, pero el hecho no importa, somos solo tú y yo… y tus manos, que me han quitado el miedo, que han hecho que el ínfimo deseo de reparar el corazón se acreciente y se hinche de amor. Y si tus manos pueden hacer todo eso, dime mi amor: ¿qué no podrán hacer nuestras manos juntas? ¡Magia! Sí, magia pura que atraería a más amor… o al menos eso pensamos en aquél momento, uno de los últimos en que dicha magia se presentó. El último instante que tus manos estuvieron en mi rostro, entre mis manos, en mi cintura… pero no el último que estuvieron en mi alma y rodeando mi corazón.  

Y gracias a tus manos, muchos miedos se alejaron de mi vida y grandes enseñanzas llegaron a llenarla de felicidad. Ahora que ya no las tengo, no sabes cuánto las extraño, cuánto desearía estrecharlas con las mías una vez más, y jugar con ellas nerviosamente, pero acepto que ni tus manos ni sus líneas, ni esa cicatriz en uno de tus dedos me pertenecen. Y no he tenido que vender mi alma al Diablo esta vez para reconocer mi error, aunque su oferta fue tentadoramente atractiva… sí, acepto que en la vida me perdonaré el haberte echado de mi vida, el haber lapidado ese amor y menos aún, el haber apartado tus manos de las mías.

 

Estrecha esas manos benditas con un buen amor.

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Comentarios:

Escrito por: Aurelio       11/10/07 19:01
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A mi parecer, es excesivamente tierno, lo cual no desmerita las metáforas geniales a las que recurres para graficar el estado de arrepentimiento, pero de un arrepentimiento muy tuyo, el que lleva implícito una carga de independencia y orgullo que reflejas en tus escritos.
Escrito por: Abedul       30/09/07 07:38
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Las manos son una inagotable fuente de entrega, pueden ser acariciadoras y dadoras de vida y también puden ser las protagonistas de las más grandes crueldades. Pero no hay nada más exquisito que ser "tocada" por las manos del ser amado, no existe embrujo más embriagador que ese. Por eso me encanta la sensibilidad con que te expresas. Es una oda al amado a través de lo que más te anexa a él. Lo más próximo.
Escrito por: arturo       20/07/07 20:12
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Por ahí me contaron que las personas que expresaban tiernamente sus emociones y deseos en una carta (forma que has recurrido para este maravilloso relato) son humanamente maravillosas. Te expreso mi admiración y amistad por entregarnos este hermoso relato. Y el remitente (si es q existe) debe sentirse la persona más afortunada en la tierra.
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