Sin ser violento Ramón guardaba dentro suyo toda la impotencia de querer y no poder, nada logra alejar de él un sentimiento de culpa por la precaria vivienda en la que habita con su familia.
Pero ese atardecer se gestaría un gran cambio; José - su vecino albañil - lo invita a concurrir a la vecinal del barrio para escuchar una propuesta que dicen es muy buena. Sin mayor entusiasmo accede y receloso se une a los vecinos esperando una nueva alocución llena de promesas que nunca se han cumplido.
La iniciativa entusiasma y es una luz de esperanza para quienes quieren recibir pero sin dejar de dar. El proyecto se pone en marcha y los Jefes de familia luego de sus changas cotidianas, se reúnen y con el continuo devenir de ladrillos levantan sus viviendas que tienen un color especial porque es el resultado de manos participativas, para que el trabajo de todos edifique el hogar de cada uno.
Poco a poco y ya finalizando la primera etapa del proyecto, la estampa barrial es otra; Ramón - eje de nuestra historia -, ha vuelto a creer y es uno de los más entusiastas, el clima de su hogar a pesar de las carencias crece en positivo. El vino, los mates, y hasta el acto de amor practicado diariamente son distintos..., se viven, se huelen, se palpan de otra forma; tal vez un tanto hosco por su natural timidez pero con mucha ternura acaricia a sus hijos y abrazado a su mujer hasta sonríe festejando sus gracias y travesuras.
Guadalupe
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