Tres contornos

Tres contornos

Las luces del Ópera brillan con todo esplendor. Es la primera vez que asisto a una representación de “Aída”. Esta dicha se la debo a un compañero de estudios. Lo encontré la semana pasada en Plaza Garibaldi mientras vagaba sumergido en el tema Caterina.

La conocí hace un año. Mezcla de mujer fatal y diosa griega. Casi imposible de creer que sea mi amante.

 -¡Giovanni, viejo amigo!- la voz inconfundible de Pietro me transportó a la realidad.

 -¿Tú aquí?- pregunté con sorpresa.

 -Llegué ayer de España. Tengo poco segundos. Debo contarte una historia. ¿Nos vemos en algún bar después del teatro?

Partió velozmente sin darme tiempo a reaccionar.

Siempre fue extrovertido, apuesto, bohemio con un corazón duro de conquistar.

Miro el palco contiguo y la veo abanicándose. Está seductora, con vestido fucsia pone al descubierto sus hermosos brazos cubiertos de brazaletes, el escote engalanado de perlas contrasta con los cabellos negros, ondulados, recogidos con peinetas. Lleva el regalo de cumpleaños que le hice: Un prendedor de rubíes. Mira de soslayo hasta el punto de simular no conocerme. Se muestra frívola en público pero en la intimidad es una paloma que busca refugio en mis brazos.

-   Nuestro amor debe ser secreto- dijo la tarde en que fue mía. –Júramelo, cariño- suplicó.

Pietro arriba a mediados del primer acto. Disfrutamos la función. Cuando salimos los tejados presentan cúmulos blancos que juguetean y resbalan lentamente hacia la calle desolada. La veo subir a un carruaje y siento deseos de correr sé que debo detenerme.

La música del acordeón acompaña las coplas de un solitario y rompe el  frío silencio de la noche mientras el olor a castañas asadas impregna el lugar.

Llegamos al “San Ambrosio”. Varios parroquianos beben aguardiente.

 -Un gin- ordena Pietro.

 -Para mí, vodka- necesito algo fuerte.

 -Escucha y no te asombre. ¡Estoy enamorado!. Intimamos en Venecia. Paseos en góndola, besos apasionados en el Gran Canal. ¡No te imaginas!. Jamás pensé sentir esta pasión. Es encantadora, dulce, tierna ... una gacela.

 A Pietro le brillan los ojos. Toma un trago. Abre el saco y al inclinarse noto en su pecho un camafeo con la imagen de Caterina.

 -¡Ah! Aquí la tienes. Lo recibí al regresar de Egipto. Estupenda ¿no?-exclama sonriente.

Las palabras se esfuman al infinito. Salgo como autómata. El reloj de la Catedral indica la medianoche: La hora del encuentro. La luna grande y dorada se recuesta entre las vaporosas nubes que huyen hacia el norte.

Subo las escaleras del palacete. Al abrir la puerta me invade la fragancia de su piel. Está tirada en el lecho envuelta en pieles como una emperatriz a la espera de su esclavo para saciar los instintos y luego castigarlo. Siento que estoy prisionero en un triángulo de fuego y debo encontrar la salida, de lo contrario pereceré.

Una fuerza extraña invade mi ser. Palpo el arma que tengo en el bolsillo. La luz de los leños encendidos proyecta tres contornos en la pared de la recámara...

 

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Comentarios:

Online
Escrito por: mapanyvino       22/09/08 17:42
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Muy bonita tu historia gusto en leerla te felicito
Páginas: 1

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