Travesía de un Asesino


 

 

El ser se encontraba dormido en algún punto del Valle del Olvido, cuando el sonido de la caída de una lágrima lo regresó al extraño borde de esa nueva conciencia. Aquello –-ese vacío que lo envolvía–- no era un completo negro, se dijo mientras… ¿qué? No podía verse a sí mismo, sólo estaba consciente de hallarse ahí, de alguna forma. Y así, lleno de la confusión que antecede a la locura, permaneció sin saber qué era lo que se suponía que debía hacer. ¿Qué fue lo que me despertó? –-pensó, sintiendo que sus pensamientos escaparían muy lejos de él al no haber nada que los contuviera, y entonces ¿qué quedaría de él?–- Algo hizo que ahora esté aquí, algo… y entonces vio aquella lágrima, como un espejo que lo llamara para revelarle fabulosos o inefables secretos.
Tuvo que imaginar que los ojos de su conciencia se asomaban a las profundidades de ese portal de dolor –-de alguna forma sabía que no era producto de una alegría, tal vez por que sólo devolvía el rostro de esas tinieblas, y sin embargo estaba ahí–- Lo que le mostró provocó una única reacción en él, un ¿por qué? que pareció destrozar el manto del Olvido y dejarlo acto seguido en un mundo de formas, deseo y sonidos. Conozco esto, lo conocía…antes de… ¿de qué? ¿cómo llegué aquí en primer lugar? Debe existir una razón...
En ese instante le quedó claro que roto el silencio se hallaba también obligado a la búsqueda, llamado por la contienda de la cual apenas percibía el motivo. Y así, su voluntad sin forma, reflejo de lo que volvía a ser, se movió lejos de El Fin del Mundo, por el mero acto de la voluntad que convocaba su deseo. Anduvo no supo por cuánto tiempo, ¿el Tiempo lo tomaba en cuenta? –-se preguntaba de repente–- ¿se burlaba de él o sólo lo ignoraba? ¿Sabía siquiera que estaba ahí?… cómo extrañaba los límites, la claridad ficticia que presentaban… sí, ficticia, pues, ¿qué podía ser como se le presentaba en esos vagos recuerdos del “antes” al encontrarse en esa situación?.
¿Estaré soñando? –-sintió que se detuvo–- Pero no… aquello no era un sueño. El dolor era real, no el producto de un recuerdo de sus días.
Tal vez sólo soy un recuerdo…
El ocaso marcó el alto de su penosa marcha. Lo contempló como un símbolo obscuro de sus perdidos conceptos, y se arriesgó a mirarse a sí mismo… sus manos se movieron para él, pero no eran sólidas, tal vez sólo la memoria de lo que fueran antes de… aquello que no era capaz de recordar.
- ¿Soy un hombre?… –-le preguntó al aire que creía estaba ahí, mientras su ser se sumergía en el manto plateado de la Cortesana.
- Lo eras.
Volteó, o eso le pareció que hizo, para encontrarse con la figura de un demonio. Éste se encontraba recargado con cierta astuta pereza en una piedra, mirando también la caída del sol, y sintió que en esos terribles ojos negros anidaba un odio mortal hacia todas las cosas.
- ¿Qué, nunca habías visto uno? –-y dicho esto comenzó a reír al ver la expresión que había provocado–- Pobre sombra que antes era un hombre, sí que nos has visto –-afirmó, y su voz heló incluso su conciencia–- Nos llaman Terror, nos llaman Dolor y somos Legión, ¡sí que nos has visto!.
- Ahora lo sé –-contestó él, en cierta forma azorado por no haber notado aquello antes–- Pero ya no importa.
- No –-fue la inmediata y calma respuesta de su infernal compañía, a lo que después rascó su cornuda cabeza–- ¿Y qué es lo que buscas?…
Su sonrisa era terrible.
- Una respuesta.
La carcajada casi deshizo su incorpóreo ser, pero permaneció para mirarlo de forma seria –-se concentró en que lo fuera, que ese demonio pudiera ver su voluntad–- y luego le dijo:
- Dime qué es lo que ves.
- Sólo eres palabras, una sombra. El mundo que conocías te ve, pero tú no a él, sólo eres el recuerdo abandonado en el aire y el tiempo que no corre…
- Pero sé que soy un hombre, que lo era al menos… ¿y por qué hablo con un demonio? –-reflexionó de pronto, ganando fuerzas de algún rincón de su ser–- Tu clase se dedica a confundir y condenar.
- Tal es mi oficio –-le sonrió.
- Y por tanto debo ignorarte y seguir mi camino.
- Hazlo –-se mofó divertido aquel Adversario–- Cuando conozcas a los ángeles regresarás a disculparte conmigo.
La Sombra retomó su extraviado andar hacia la respuesta que lo eludía. Cruzó reinos y valles; cruzó odio y alegrías, pero todo le resultó ajeno… ¿qué soy para los que no me miran? –-irremediablemente se preguntó, hasta que el abatimiento lo detuvo en un risco de alguna parte del mundo, su mundo–- Cabizbajo contempló la retirada de la obscuridad, creyó escuchar el sonido de miles de espadas en combate, pero duró apenas un instante y se fue, dándole paso a la luz.
Esta no le trajo ningún regocijo.
- ¿Por qué estás aquí, pobre Sombra?.. –-oyó que una voz musical lo cuestionaba, con bellos acordes de lástima en ella. Al dirigirse hacia su desconocido interlocutor, encontró que el espacio a su lado estaba ocupado por un ángel… ¿por qué no lo vi antes? –-se preguntó, aunque sin asombro real–- Tal vez no había estado ahí para él sino hasta que la criatura se dignó a hablarle, meditó, y observó por largos momentos. Esas alas brillantes, cuyas plumas se extendían hacia los bordes del abismo, deberían provocarle más asombro, pero no era así. La entidad estaba coronada por tristeza, y en ella su belleza era helada.
- Busco una respuesta.
- ¿Pero sabes la pregunta? –-lo cuestionó la angélica criatura sin siquiera mirarlo.
- ¿Por qué sigo aquí si ya no soy más?…
- Este es un lugar de muerte –-dijo el ángel–- Muchos que eran despiertan aquí, llamados por aquello que perdieron sin saberlo… soberbios, buscaron asesinar al dolor y sólo encontraron un falso vacío –-entonces lo miró, y sus ojos eran como un espejo de niebla, más terribles que el negro del demonio–- Dime, pobre Sombra, ¿entiendes tu crimen o sigues perdido en ti mismo?.
- No me respondes, y tu lástima es cruel –-dijo el que antes era un hombre–- Tal vez los demonios tenían razón.
- Los demonios pueden reír, yo olvidé cómo hacerlo… –-murmuró esta vez, y esa voz musical le pareció que entonaba un canto fúnebre–- Al igual que tú, cometí un crimen, y la respuesta para tu dolor debes hallarla por ti mismo…
- Entonces no tengo nada que hacer aquí –-quiso imaginar que todavía era un hombre, que se levantaba de aquellas rocas manchadas de sangre etérea, en las que tantos habían emprendido su propio paso hacia lo desconocido. Miró de nuevo hacia el triste ángel, pero ya no se encontraba ahí, así que se dispuso a seguir.
Andando sin descanso comenzó de nuevo a pensar en aquello que lo había despertado, en todo lo que había visto, y temió hallarse en una versión del Infierno hecho a su medida. Lo que cuando era un hombre creí que sería el Averno… ¿hay un dios que me lo ha concedido? ¿Cómo, si nunca creí en Él?…
¿Existir sin existir es mi Infierno?… ¿y cómo lo obtuve?.
Ya eran demasiadas preguntas, así que se obligó a continuar, arrastrando los restos de su magra esperanza. Y liberándose del recuerdo de sus límites, le preguntó a los testigos del que fuera su mundo.
- Lo hiciste porque la Vida es dolor –-fue la respuesta del Viento.
- Lo hiciste porque la Belleza es efímera –-le dijo la Luna.
- Lo hiciste porque tu corazón marcaba una batalla perdida –-le dijo la Sangre.
- ¿Cuál fue mi crimen?
- Le quitaste la vida a lo que pudo ser…
Era la voz de la lágrima, y –-olvidado ya todo en lo que creía–- ante él se abrió la puerta del límite de todo lo que había creído conocer. No había allí tortugas gigantescas ni las quimeras temibles de la imaginación de mil hombres; tampoco tenían en ese sitio su residencia espectros, demonios, ángeles ni dioses.
Era una segunda puerta. Blanca, sencilla, hecha de Miedo.
- Estoy muerto, ahora lo sé –-declaró él, mirando aquella entrada cerrada. ¿A dónde lo llevaría? ¿Podía haber algo peor que su presente en ese falso vacío?… pero necesitaba saber, sentía que se acercaba a su verdad, a pesar del dolor que nublaba aún su voluntad.
Tengo que saber.
Su mano sujetó con firmeza el igualmente blanco pestillo, un escalofrío lo recorrió por entero; sin embargo, haciendo a un lado su última duda, lo giró lentamente para luego empujar la blanca superficie. Ahora se encontraba en un cementerio.
- “Un engrane roto –-escuchó que leía una voz conocida–- que cumplió su función sin haberla sabido o entendido nunca; fue entonces descartado y al paso de los siglos se oxidó, se convirtió en polvo y quedó en el olvido, sin que nadie jamás recordara su nombre… –-la sombra del hombre buscó intensamente, y se detuvo al ver al demonio, quien estaba cómodamente recargado en una lápida, leyendo un papel ensangrentado–- ¿Eso somos?… –-continuó, imprimiéndole un tono de experto dramaturgo–- ¿Ese es nuestro destino?… es aterrador… innombrable… no lo soporto”. Vaya que eras el tipo pensador –-comentó el de los ojos negros, volteando a verlo esta vez con burla tatuada en su lengua, su garra horrorosa bajando el papel. Y aquella sonrisa retorcida le dijo que esas palabras eran suyas, o lo habían sido. La sombra se acercó a su único acompañante, sin mirarlo, viendo en cambio el nombre grabado en ese pétreo símbolo de la golosa Muerte.
Era su nombre, el demonio no tenía que decírselo.
- Mi crimen… –-dijo, tocando sin tocar aquella piedra.
- Le quitaste la vida a lo que pudo ser… –-fue la respuesta de aquella voz que trataba de mostrarle su Verdad.
- ¿De quién es esa lágrima?…
- Mira…
La Sombra agachó la cabeza, y vio a una mujer. Ella estaba hincada frente a su tumba, y un rastro húmedo de dolor corría por sus mejillas.
- ¿Por qué?… –-la voz femenina se escuchaba exánime al hablarle a esa tierra llena de gusanos que él mismo había arrojado sobre su cadáver, y él sintió el peso de una revelación terrible.
- Qué soberbia pensar que entendías la maquinaria del universo entero…
- Ahora lo sé… yo sólo quería matar al dolor…
- Tú mismo te sumías en él… te cegó.
- Ahora lo sé… –-dijo, no sabiendo si sentir alegría al comprender por fin que se había cortado las venas con palabras efímeras, que había vivido ciego ante la verdad más simple… ¿y ahora, qué me espera después de la Verdad?.
- El arrepentimiento lleva al perdón.
- ¿Cómo conseguirlo?.
- Creer… hasta el fin del Tiempo.
- ¿Cómo?…
- Esperar, susurrar, consolar, ahuyentar a los siervos de la Locura… hasta que la historia concluya.
El ser asintió, ignorando la sonrisa irónica del demonio que aún se recargaba en la tumba del hombre que había sido. Ahora entendía las palabras del ángel, y de nuevo miró esas alas de luz sin asombro real, sabiendo que las llevaría hasta el fin de los tiempos.
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Comentarios:

Escrito por: gallinamarihuana       17/11/08 21:23
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Maravilloso, sin duda una de las pocas escritoras que tienen una verdadera historia, buena imaginación.
Un placer leerte
Escrito por: Saylorman       20/03/08 07:28
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Enigmática historia que desvela el lado oculto de la vida; nos haces recordar la Divina Comedia.
Prodigiosa, joven escribana.
Páginas: 1

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