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TODO TIENE SU MOMENTO.
Desde la misma concepción del mundo se nos presenta nuestro origen a partir de la pareja más famosa de la historia que por decisión divina nos dieron como patrón original en los cuerpos de Adán y Eva, cosa esta necesaria para procrear y llevar adelante el plan de Dios. Viendo la cosa desde distintos ángulos es fácil percatarse que para establecer el equilibrio imprescindible para la marcha de todo lo que existe, es presente dos polos, por lo que nos hemos dado en llamar como seres bipolares, condición inseparable e inmutable que conlleva a los seres humanos a buscar su pareja.
Pero veamos que esa necesidad se nos presenta condicionadas por los diferentes periodos de nuestra vida y que fundamentalmente pueden ser divididas de acuerdo a nuestro desarrollo físico y mental en niñez, pubertad, adolescencia y adultes abarcando esta última, las etapas de juventud, madurez y vejez. Llevando el proceso sin quemar ninguna de ellas, tenemos que en la niñez ya vamos tomando conciencia de ese otro ser que debe acompañarnos de maneras muy inocentes, primero la curiosidad que nos hace comparar las diferencias entre uno y otro, luego vienen los juegos de roles en ese afán de imitar a los mayores, en algunos más acelerados hasta realizan manipulaciones sexuales sin mayor trascendencia. Seguimos hacia la pubertad, en la cual ya se van conformando nuestros órganos sexuales para la batalla que se avecina y así comienzan la incidencia de determinadas hormonas que realizan cambios químicos en nuestra mente y comportamiento, así como en lo físico al punto que nos comporta molestias ya que no hay un orden de desarrollo uniforme en distintas partes de nuestro cuerpo. Es muy necesario que los tutores o padres sean muy cuidadosos y alertas para evitar desviaciones de conductas o abusos de personas sin escrúpulos sobre mentes inocentes y tener por otra parte conocimiento de causa para ser tolerantes hasta lo permisible de ciertos comportamientos irritables, abandono o cierto grado de inseguridad que no están en la voluntad de nuestros hijos. La adolescencia es un proceso en extremo peligroso pues se puede llegar a pensar que somos adultos, siendo en realidad fundamentalmente niños llegándose a tomar decisiones que en ocasiones acarrean terribles situaciones, pues comienza la búsqueda de pareja sin responsabilidad alguna y por ahí nos encontramos niños padres, sin estar preparados para ello en cuanto a madurez, procreando hijos deformes o enfermizos que son una carga para familiares y para la sociedad. Llegamos a la etapa más dorada de nuestras vidas; la juventud en una primera manifestación en la cual nos creemos dueños de todo lo que existe y realmente así es pues tenemos un empuje fuera de todo lo convencional, tanto en lo físico como intelectual, neuronas que succionan por así decir cuanto nos cae a mano, resistencia física incalculable, normalmente sin responsabilidades directas ya que esto es asunto de nuestros progenitores, pero sin la experiencia de vida que nos da los años, razón por lo que no se debe pensar aún en pareja y si disfrutar al máximo las incalculables posibilidades que nos oferta nuestra condición. Esta juventud viene con su segunda etapa que es la más fructífera pues aún poseemos las incalculables posibilidades de la primera acompañada de la plenitud que proporciona la experiencia, concluyendo estamos en el cenit de todo nuestro potencial, por lo que es la edad propicia para escoger pareja con carácter definitivo, pero con mucha astucia hay que acometer esta situación y sin apuros que puedan conllevar a la escogencia lo que menos nos conviene, en primer lugar no solo el atractivo físico, ni la posición económica o social, ni sentimientos equivocados que en ciertas ocasiones se confunden con lastima o compromisos irreales. Como cosa segura siempre funciona el atractivo físico como punta de lanza al inclinarlos por alguien, pero por ello es necesario un buen periodo para conocerse y un buen análisis que coadyuve adentrarnos en la compatibilidad de la pareja, como por ejemplo sus preferencias de divertimento, creencias, sus relaciones con la familia, costumbres, carácter y tendencias, cito esto en lo fundamental, aunque pueden y existen muchas más, pero la premisa fundamental de todas es que exista el verdadero amor y no la obligación, todo interés que vaya más allá de la idea de compartir una vida junto a una persona, en las buenas y en las malas, formar una familia con verdaderas bases morales, luchar codo a codo ante cualquier contingencia, moldear los mejores perfiles en el, o en la compañera con tolerancia, paciencia, firmeza y amor y repito amor pues con amor todo se puede, todo se vence, si este marco no nos acompaña lo mejor es desistir y seguir buscando para evitar males mayores que al final repercutan en aquellos que más queremos y que ninguna culpa tienen de nuestros errores; que son los hijos.
Luego vienen las otras etapas que pueden resultar muy atractivas y felices si en la anterior supimos dar bien el paso, de lo contrario pueden resultar muy gravosas para nuestra vidas y de aquellos que nos acompañen en la misma o originar rompimientos con las naturales consecuencias.
Si peligroso y perjudicial puede ser quemar etapas también lo es atrasarnos pues cada cosa tiene su fecha y situación. Concluyendo mi modesto análisis pienso que todo en la vida tiene su momento y de nosotros depende aprovecharlo, ni de Dios ni de nuestros padres, ni de nadie más es la culpa que de nosotros mismos, lo malo o bueno que hagamos es nuestro; ya que son nuestras vidas y el único arbitro debemos ser nosotros mismos ocurra lo que ocurra ante cualquier imposición, venga de quien venga.
CaribeOro
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