Tobita

Telesforo Barquero

tercera parte

 

Uhmmmmmmmm, durante el primer mes de labores observé los enormes trozos de queso dentro de anaquel. 30 largos y tortuosos días… Jugosos… Blancos, veía como al partirlos brotaba su jugo…Ummmm lo saboreaba e intentaba colocarme tras la urna cada vez que vendían un trozo.

Imaginaba una tortilla caliente… Como las que hacía mi abuela María Rosa Rafaela Barquero… Untadas con mantequilla o manteca de chancho, bueno… Pero el queso era en ese momento mi obsesión… Lo observaba al ingresar y al irme para mi casa, ubicada a apenas 100 metros de la vieja verdulería.

 Un cuarto, una libra del enorme queso sólo quedaban los bordes amarillentos en ocasiones al estar varios días guardados. Maduraba al natural jajaja. Sí al natural.

Una o dos veces por semana, el lechero traía el queso y lo colocaba rítmicamente en el recipiente de madera, era todo un ritual para mí, el queso, el queso, el queso….

Hasta que un día ideé un plan, esperaría la hora de cierre y que don Juan estuviese haciendo caja, para de puntillas y sin que nadie me viera, comer aquél preciado platillo…

Pero pasaron muchos días para que se presentara la ocasión, el momento exacto para que el queso y yo estuviéramos de frente…

Esa noche subí sigiloso en una jaba y zaz tome en mis manos cuatro enormes pedazos….

 

Las babas bajaban por mis rosetas mejillas, devoré en segundos libra y media, recortes que durante el día habían quedado. Eché sin darme cuenta tres grandes trozos en las bolsas de mi pantalón y corrí apresurado a despedirme.

 

La vieja puerta se abrió y mis pequeños pies corrieron calle arriba, doblaron a la izquierda y rápidamente estaba frente a la puerta de mi casa…

Bajo mis cobijas el olor brotaba por doquier…Esa noche comí la cantidad de queso que durante mis diez años anteriores no había comido. Éramos el queso y yo…No pasaron 40 minutos cuando de pronto mi estómago comenzó a temblar… Mi rostro tornó rojizo y mis manos tiritaron con un sudor extraño…

 

Un último retorcijón me hizo correr a mil metros por hora al escusado, compañero que me acompañaría toda la noche…Fue una semana donde el retrete y yo fuimos uno, no volvería a comer queso en diez años…

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Comentarios:

Escrito por: ROCI_SOL1       20/11/07 09:31
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un cuento con moraleja
encantador y perfumado cuento si hasta me dió ganas de comer un trocito después de tu experiencia
Páginas: 1

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