Tobita

Segunda parte
Telesforo Barquero

Tobita fue el mote que le puso su tío materno, aunque a veces para molestarlo le decía Lulú… ¿Recuerdan? Las fábulas de la pequeña Lulú… Bueno tobita era como tobita… Un niño inquieto, precoz y vivaracho de pelos parados, ojos dulces pero pícaros y una sonrisa de chiquillo malo… Ese era tobita.

La verdulería abría a las seis y de inmediato ingresaba el camión con la mercadería, Carrillo y Montoya jalaban los sacos de papas, cebollas, zanahorias, las jabas de tomate y chayote todo al fondo de la bodega… Tobita, al ingresar, arrastraba con sus manecillas los trozos de yuca malo, limpiaba las pailas de tomate salsa, que era el producto mayugado o dañado, por el constante toqueteo de las viejillas clientes del negocio o podridas al estar mucho tiempo en los anaqueles de madera… Cargaba una a una las urnas de productos frescos… Primera, segunda y tercera…

Luego al concluir con su labor de limpieza, guindaba los plátanos en enormes clavos que sobre las alfajillas topaban de frente con la cara de los clientes…Luego esperaba qué le mandaría a hacer don Juan el administrador…Casi siempre tapar los agujeros de los cocos con petróleo, seleccionar los chayotes por tamaño o sacar a asolear la cebolla… ¡No sean mal pensados! Para que el tubérculo perdurara más, había que asolearlo, se eliminaba así la humedad y luego se podía almacenar sin miedo a que se pudriese…

 

Muchos se preguntarán por qué tapar los agujeros de los cocos...Bueno, para que duraran más y las cucarachas o ratones no los picaran los tapabamos con petróleo... A Los insectos y roedores no les gustaba el sabor del negro aceite... Jajajaja. Las pequeñas manos quedaban al final de la jornada con un color azabache que tardaba días en quitarse...La uñas cedían ante el ardor del químico.

 

Cuatro enormes ruedas de salchichón adornaban la escena… Y una urna de madera y vidrio gastada por el constante martilleo del cuchillo al cortarlo, pendía sobre un viejo refrigerador… Eran cuatro enormes trozos de queso blanco y tierno al alcance únicamente de los grandes…Deleite inalcanzable diría yo…Quien veía durante todo el día como pedazo a pedazo se terminaba sin dejar para mí mas que la limpieza de viejo anaquel… Bueno era un niño… Al mediodía mis tripas rugían y las saciaba con las hojas tiernas de repollo, o con lo que a Dios gracias mi madre proveía…

Continuará…

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