


| Escritor: | CAMILLE |
| Públicado: | 01/10/2007 |
El sol golpea mis gestos. Los aminora, los fragmenta. Camino calle arriba. Agoto las pendientes con pasos aventurados, sonoros, enfermos. Llego a casa y miro el césped amarillo que parece hablarme del silencio, de una nueva , extraña quietud.
El hombre que estaba conmigo no está más. Se marchó. Lo hizo un domingo a medio día, lo hizo sin azotar la puerta, amparado en el efímero pretexto de querer pensar las cosas, de ejercitar la fantasía de su libertad teórica.
Ahora es preciso anotarlo todo. La ebriedad diaria. El llanto que es hábito, que surge a la menor alusión...por ejemplo al abrir su cuarto, el cuarto extraño de un amante extraño, la oportunidad agotada de un delirio cómplice, de una inventada perturbación nocturna.
Ahora miro su ropa, arrojada sobre una silla, las formas de su cuerpo en el pantalón, el sudor grasiento de su cabeza sobre la mancha de la pared, el polvo nuevo sobre los muros, el envase torcido de una lata de cerveza, y su olor. Sobretodo es su olor lo que me obliga a cerrar el cuarto, a cancelar las entradas, a tapiar los accesos, las ventilas, las rendijas ...
Cuando estaba conmigo solía cerrar la puerta para estar a solas, para sentirse único, para jugar el juego del falso misterio y de las sorpresas.
Afuera , sobre la superficie de la puerta, mi cuerpo sudaba, la encendida rendija al ras del piso parecía de fuego. Pegaba la mejilla afiebrada ,los labios, el absurdo entrecejo, los senos, las manos abiertas y tensas sobre aquella negación.
Aspiraba como un loco animal el aroma agrio que salía bajo la puerta, registraba los blandos sónidos de su cuerpo tirado sobre la cama . Él era un hombre observando la televisión, nada más, agotando el tiempo, disfrutando el ocio sencillo de un burócrata que se dice artísta , y yo....yo... jugaba al deseo, creaba una coreografía solitaria tras la puerta , tras el muro socarrón de su indiferencia.
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