CAPITULO 1
El día anterior a la masacre, había caído gran cantidad de lluvia, las hojas estaban mojadas y el suelo resbaladizo; relampagueo toda la noche, el cielo ocultó las estrellas. Esa tarde me escondí detrás de un árbol como siempre lo hacia y ver correr bajo los arboles a Teresita, una niña de piel blanca, cabello liso y linda sonrisa; parecía tener unos 10 años o más, pero no mayor que yo Según mis cuentas yo andaba alrededor de los 13 años. Nunca lo comprobé, pero ella sin duda era menor que yo. Su dulce rostro me embrujaba cada tarde durante esas últimas semanas; Yo era su vigilante, pensaba.
No hacia mucho que ella había llegado a la aldea con su madre, no frecuentaba mucho a la calle; según me entere su padre había muerto. Aquel día la vi disfrutar vivir en su nuevo hogar; estaba muy cerca de ella, vi como disfrutaba corretear a las mariposas, y con sus manos repletas de flores; intenté hablarle pero por la forma en que me vio, supe que no entendía mi idioma; <<Un fracaso para mi>>. Provenía de un lugar lejano, en la cual hablaban el idioma del norte, como salida de las historias que me decía mi padre, un idioma no tan diferente del nuestro pero con un acento confuso. Su madre no la dejo jugar fuera de su casa por mucho tiempo, las gotas de lluvia caían cada vez mas rápidas y al verme cerca de ella tubo mas razones para llevarla a dentro. Yo no era un extraño, pero seguro mi apariencia no le agrado.
Al retirarse Teresita se volteó, me dirigió una sonrisa. Suficiente para que mi corazón brincara de alegría, pude sentir todo mi cuerpo flotar esa tarde, me sentía entero, como si el tiempo hubiera retrocedido un par de años.
La lluvia siguió mojando el resto de la tarde, pero a mi ya no importaba mojarme, sentía mi corazón retorcerse de alegría, esa sensación que logra elevar al mas hundido ser humano. Camine por largo rato hasta caída la tarde, pero antes de regresar a mi pequeño techo, instantes antes de la llegada de la noche, baje la empinada calle que daba hacia la parte central del poblado; llegue queriendo entablar conversación con algún joven que nunca faltaba en aquel lugar esperando a quien cotejear. Pero no encontré indicios de nadie. A lo lejos escuche ruidos y seguí.
Detrás del salón comunal, vi desaparecer los vecinos de mi única tía; parecían huir de alguien, a prisa y sin voltear vi como siguieron la vereda hacia las montañas; detrás de ellos vi correr a don Silvio y sus dos pequeños niños.
Corrí como pude y arrastrándome llegue hasta mi tía que había salido a la puerta al escuchar el relajo. Que sucede ? pregunte; Creo que nos llego la hora contesto, y se interno en su pequeña casa. Algo confundido con tan vil respuesta, entre al salón donde había un grupo de pobladores discutiendo. Con facilidad pude identificar a los que estaban en medio, eran los dirigentes del pueblo; discutían con fuertes palabras gritándose entre ellos. Según ellos todos debíamos abandonar el lugar, pero otros se oponían diciendo que querían defender su hogar.
Era solo un niño, pero entendí la confusión que reinaba entre los que discutían. El país estaba en guerra, padres, jóvenes y niños eran reclutados para ir a luchar; no importaba el bando solo quien llegaba primero a reclutarlos, y el rechazo era casi una condena. Esto no me era extraño, lo había vivido ya, mi padre y yo habíamos sido llevados a la fuerza a combatir; tuve suerte de regresar con vida. Él no pudo...Una gran explosión se escucho afuera del salón, todos se miraron entre si queriendo ocultarse detras de cada mirada, de nuevo otra gran explosion ahora mas cerca, dos de los mas ancianos se habian refugiado entre las sillas. Pero todos suspiraron al entender que había sido solo un relámpago provocado por las nubes que surcaban sobre la aldea; entendí luego que algo andaba mal.
Días antes hombres armados habían llegado al pueblo amenazando a todos, según los gritos que estos daban, dejar el lugar era la única solución para nosotros. Sin embargo nadie hizo caso a estas amenazas, y ellos prometieron volver
Y al parecer eso estaba ocurriendo, alguien había dado aviso que estaban próximos a la aldea, muchos seguían huyendo siguiendo hacia las montañas y yo seguía parado en la puerta sin siquiera sentir el escalofrió que los demás experimentaban por la impresión en sus rostros.
Todos se veían desesperado, yo sin embargo no tenia de que huir, había perdido mi casa, mi madre murió cuando tenia 3 años, mi padre fue victima de la guerra, y correr era lo ultimo que yo podía hacer. Pero pareciera que mi corazón me decía lo contrario, ¡debía de correr¡
aunque no fuera por mi
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