TEODORA

TEODORA

 

 

A casi 40 años  de haberla visto por primera  vez aún guardo en mi   memoria los rasgos inconfundibles de un rostro sereno,  una frente adornada con  informes surcos  que invitan a ser regados con el agua cristalina que brota de sus sienes, y una amplia sonrisa que conserva siempre aún después de enviudar por segunda vez, la primera cuando  apenas cumplía 16 años y la segunda hace escasos 5 años.

Parece disfrutar la soledad de su rara choza con paredes de barro y su techo cubierto por rusticas hojas de corteza extraías de gruesos  pinos, colocadas unas sobres otras y opacas por el constante humear de su hoguera sin chimenea.

 Cada mañana me estremecen;  siempre me sorprendió la forma en que podía soportar  vivir enredada en una bola de humo que se regaba por el interior de su rara choza y escapaba lento por alguna rendija provocada  por una corteza mal colocada.  Cualquiera podría pensar que se trataba de una bruja realizando hechizos.

Teodora es famosa  por su fortaleza física , su ronca voz   y sus ansias de vivir , pueden verse en su sonrisa y en su cálido apretón de manos que se apresuran  a encontrarse con las de cualquier extraño que osa entrevistarla.

Gusta contar sus hazañas que siempre han sido victorias de las que puede sentirse orgullosa. Excepto la última ,  la del 18 de octubre de  de 1968.

Apenas habían transcurrido dos horas de que el sol se  escondiera detrás de las montañas , y cuando estaba tragando el último bocado de ese día para disponerse a dormir ,  escuchó  un grito agonizante que no estaba acostumbrada a oir, apuntó su tímpano izquierdo hacia la dirección de donde posiblemente provenía aquel aterrador grito, pero este se confundía con el roncar que el viento produce al rozar las copas de los altos pinos.

Con ese don de presentir el grito de  auxilio del alma doliente , sin detenerse a investigar tomó su negro reboso de algodón, y lo colocó sobre su cabeza en forma de cofia o corona que infundían respeto, se colocó de un lado a otro de su ancha espalda un viejo morral  a  manera de maletín de primeros auxilios, en el que apenas cabía una vieja tijera pasada por el fuego, una bolsita de raras hierbas  para preparar su pósimas , dos lienzos cuidadosamente doblados que obtuvo de la cuarta parte de su amplio refajo de manta.  y un misterioso frasco de aguardiente que guardaba celosamente para ocasiones especiales como el 18 de octubre.

Sin  más preparativos  salió corriendo, nunca necesitó calzar sus largos pies;  las hojas muertas   de color café   que el viento hacía caer de los frondosos árboles  cada invierno;  habían formado para ella a través de los años una suave alfombra tapizando la angosta vereda   por la que desciende presurosa al primer llamado y sube cada tarde después de su ardua faena.
 

Al llegar a la humilde choza de donde creyó, provenían los gemidos, se alumbró con la tenue luz que podía ofrecerle un palo cubierto de resina de oyamel. En el suelo una fogata casi dormida junto a la que están cuidadosamente colocadas dos piedras de río y sobre ellas un cazo de agua hirviente.

Ésta vez se ha tornado todo difícil  y oscuro para ella da vueltas de un lado a otro en el interior de la choza, de  vez en cuando toma un gran trago de aguardiente,  esperando sólo el amanecer.  Por fin  el primer rayo de sol aparece dibujado  en la piedra que lleva su nombre, precisamente por ser el primer lugar que el sol besa cada mañana, divisa a lo lejos un grupo de hombres vestidos de blanco  , ella no entiende, porqué se la llevan, a dónde  llevan a Jacinta.

Días  más tarde se dio cuenta que todo para ella había terminado, no estaría mas atenta a los gritos de auxilio, no mas el viejo morral, vertió en tierra las últimas gotas del frasco de aguardiente y lanzó en su hoguera matutina sus raras  hierbas que al mezclarse con el humo se escaparon por una rendija de su vieja choza y era para ella como escapársele el alma….
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Comentarios:

Escrito por: minerva       29/10/07 17:03
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Gracias Aurelio, eres de la persona que quien más he aprendido en este foro, ni siquiera sabía lo que era dequeísmo, gracias por hacerme crecer.
Escrito por: Aurelio       27/10/07 00:01
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Ya lo había leído en tu otra cuenta, así que transcribo mi comentario:

Bastante descriptivo, como me gusta un relato; salvo algunas pequeñas observaciones ("rústicas", "pócimas", "más", una que otra coma omitida y/o de más, y un dequeísmo aludiendo al sol poniéndose), tiene mucha hilación, pero me parece inconcluso; ¿tal vez forma parte de algún trabajo mayor?
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