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Se habían enamorado un día en que ella angustiada y sin saber en quién confiar, comenzó a contarle lo que había sido su mísera vida hasta aquel instante.
El marido de Juliana, con edad suficiente como para ser su padre, la había cargado de hijos, mientras él gastaba lo poco que ganaba, tomando en los boliches y saliendo con mujeres de mala reputación. Obviamente, no le interesaba en lo más mínimo satisfacer las necesidades de sus pequeños hijos y mucho menos las de su mujer.
Victor, el vecino que vivía solo, tampoco había tenido suerte con la mujer con la que se había casado. Hacía más de un año que se había quedado solo y se había jurado a sí mismo no volver a enamorarse más. Pero ahora, había comenzado a sentir algo en su interior, cada vez que veía a Juliana, luchando por la vida y por sus hijos
.y no era solo el deseo de ayudarla. Se estaba enamorando.
Pero no se lo dijo hasta que un día, se dio cuenta que ella estaba sintiendo lo mismo y decidieron de común acuerdo, vivir secretamente ese amor.
Mientras tanto, Juliana había vuelto a sonreir a la vida y él, otra vez comenzó a confiar en los asuntos del corazón. Ya no sentía dolor cuando recordaba a la que había sido su última mujer. Por el contrario, le hacía bien saber que ella estaba viviendo con un hombre al que Victor había considerado su amigo, hasta que éste le había enamorado a su mujer.
Pasaron los meses. Un día decidieron que querían vivir abiertamente este amor. Se daban cuenta que ahora tenían las fuerzas que les daba este amor como para hacer frente a cualquier situación que tuvieran que soportar. Viajarían a la ciudad vecina y allí, él buscaría un trabajo para poder establecerse y alquilar una pequeña casa para la familia. Es así como se puso en contacto con su hermano quién vivía en la ciudad vecina y por medio de él, consiguió un trabajo y una casa.
- Para evitar que nos vean juntos, yo cruzaré el río primero y te esperaré del otro lado, -dijo Juliana, con su corazón pleno de ilusiones.
En ese tiempo no existía aún el puente sobre aquel estrecho río. Las enormes balsas hacían el trabajo de cruzar a la gente y a los vehículos. Así que esa mañana, Juliana pasaría en la balsa para esperar a su amor en la otra orilla y desde allí partirían juntos para poder vivir ese amor tan puro que había nacido entre ambos.
Cerrando un ciclo de vida y con toda la fuerza de ese nuevo amor, iniciarían juntos una nueva vida.
Pasaron los años y su vida fue tranquila, normal, como la de cualquier pareja, con sus crisis y sus momentos felices
hasta que Juliana enfermó de cáncer.
Otra vez, Victor quedaba solo
con miles de recuerdos de aquella maravillosa mujer, sencilla, amorosa y dedicada. ¿Quién no amaba a Juliana?...
Es que quien conocía a Juliana, inmediatamente quedaba seducido por su forma de ser, sus bondadosos ojos, sus manos generosas
siempre dispuesta a servir, a ser útil a los demás. Sería muy dificil reemplazarla, tan dificil, como no amarla al conocerla.
Cinco años después, Victor volvió a casarse, pero no le fue bien. En dos años, ya se había separado de su nueva mujer. Es que él se había casado debido a que sus hijos, (los hijos de Juliana que lo adoptaron como su padre), le insistían que no era bueno que estuviera solo. Era joven aún, y no podían verle tan triste y solo por la vida. Ya ellos tenían sus propias familias y a esa edad, no era conveniente soportar la soledad cotidiana a la que se enfrentaba.
Y ahí estaba: otra vez solo. Así permaneció por años.
Ese año, había cumplido 82 años. Se sentía enfermo, muy enfermo. Una enfermedad obstructiva pulmonar, le estaba aquejando desde hacía unos cuantos años atrás. Era la secuela de una TBC que había tenido cuando joven.
Ese invierno, estaba más aquejado que nunca. Cada vez se sentía con menos fuerza. Los años de soledad habían hecho de las suyas también.
Una de las hijas que siempre estaba con él, lo había encontrado un par de veces caído al lado de su cama. Él sabía que no le quedaba mucho tiempo. Y su hija lo sabía también, pues el médico ya le había dicho que el desenlace podría llegar en cualquier momento.
Así que esa mañana, cuando la hija le llevó el desayuno a la cama, él la recibió increiblemente feliz
"qué raro pensó ella
qué le pasará?
-Mi´ja
qué lindo sueño tuve
qué lindo sueño, si vieras!!
- A ver contame papá le pidió la hija
- Soñé con tu madre, sabés?... y la ví tan real, tan real, como te veo a vos.
- Sí?...seguime contando
- Es que la veía tan real, tan claramente, como te estoy viendo a vos ahora, y me dijo: Viejo, mañana nos vamos, nos vamos juntos!!
primero yo cruzaré el río, y te estaré esperando al otro lado
Victor le contó entonces a su hija, recordando, que así había pasado 50 años atrás cuando su madre y él habían decidido vivir juntos ese amor que había nacido entre los dos.
La hija tuvo una sospecha, pero no dijo nada. Sintió que ese sueño tan real, era una premonición, aunque pareciera que tan solo eran recuerdos de tantos años atrás.
Para el mediodía, dos veces la emergencia médica había venido a atenderlo. Todo el día y toda la noche, la hija quedóse a su lado cuidándolo.
A la tarde del otro día
Victor era llevado en un movil de emergencia al hospital.
El médico reuniendo a los familiares, les notificó que el anciano estaba muriéndose y que no había nada mas para hacerle.
En un momento, la hija quien guardaba en su corazón aquel sueño, salió de la salita donde estaba su padre y se sentó en la escalera que conducía a otra sala.
Sumida en el silencio, repasando lo que había sido la vida de ese hombre al que había aprendido a amar y aceptado como si fuese su verdadero padre, sintió que una brisa suave le voló el cabello y se dijo: -ya está hecho
mi padre ha cruzado el río y ahora, abrazados con mi madre
emprenden el camino hacia la luz.![]()
Dedicado a mis padres a quienes tanto amé y que sé que tan solo se me adelantaron en este viaje.
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