Al llegar al precario e improvisado vestuario, me encandilan el brillante verde del emblema que adorna mi camiseta y el negro reluciente de mis botines.
Ya vestido, y antes de salir al campo de juego, me despojo de mis temores dejando de ser Fernando para convertirme en Tachuela...
En el precalentamiento todos me rodean demostrando su alegría... Que suerte que volviste! ... Te extrañábamos! ... Tachuela te sanaste! ... El silbato del árbitro anuncia el inicio del partido, solo quiero jugar, correr...
Los nervios se apoderan de los integrantes de ambos equipos, a nosotros el empate no nos sirve.
De pronto me cometen una falta dentro del área y ... penal !
Mis compañeros baten palmas gritándome... Patealo vos Tachuela! - Dale loco, jugaste fenómeno! Tu zurda lo destroza, no podés errarlo!
Trato de serenarme, observo el arco y tomando carrera...
Nunca sabrás madre que la dulzura de tu beso impidió que Tachuela - tu Fernando convirtiera el gol del triunfo... Porque al despertarme ya nada es igual, los tres palos del imaginario arco están cubiertos por un arquero frío e inamovible ... mi silla de ruedas ..., que espera a su dueño indiferente a esta pequeña esperanza que sollozando se diluye lentamente en el oscuro laberinto de los sueños imposibles.
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