Susurros del Silencio

Categoría(s): Historia
Susurros del Silencio

Dejame susurrarte un secreto al oído, no sentirás remordimientos después de saberlo, sino un gran alivio... dejame acercar mis labios a tu oreja, lo suficiente para que escuches un murmullo, para que sientas mi respiro, para que desees que te muerda el lóbulo... dejame decirte mi secreto... dejame hacerlo de una forma que sé que te gustará, date la oportunidad de cerrar los ojos mientras te lo cuento y de sentir cada milímetro de tu piel mientras los escuchás... dejame compartirlo contigo...



Fue un martes el día que la vi, mi libreta de apuntes mientras esperaba la próxima clase, el lápiz para hacer rayones y garabatos y así pasar el tiempo. Entre el tumulto de gente de la universidad encontré un espacio, mi espacio, debajo de un árbol, cómodo para sentarse, pero no lo suficiente para caer en los brazos de Morfeo.

La sensación de la tierra debajo, sin capas de asfalto o cemento que la cubran es única. Pasar la mano sobre el césped, ver el verde al natural. Sentir el beso del viento. Rico. Cerrar los ojos y olvidarse del tumulto de la gente, sentirse imperceptible. El valor de apreciar la soledad y los susurros del silencio. La belleza de la imperfección.

El disfrute del tiempo pasar lentamente. Los ojos cerrados a la espera de una imagen que pocas veces aparece. La fantasía de cuento de hadas que no existe. La nostalgia del amor que se fue antes de disfrutarlo. La necesidad de la tristeza para apreciar la felicidad… La historia de mi vida…

Cabellos castaños que se mueven con la brisa, el viento los peina, los dibuja, acomoda una mechas para que caigan sobre su cara; para que mire sus ojos, como un pozo profundo al que quiero llenar con mis misterios, cafés, con un brillo mientras sonríe, sus labios rojos que se mueven y juegan delante de mi mirada, juegan en mi cabeza, en mi interior. Sin darme cuenta mi mano empieza a trazar líneas. Sus líneas. Sus curvas. Sus caderas, sus pechos, su cabello.

Un sueño color rosa… una imagen en mi mente…


Sentarme ahí cada martes y jueves era mi manera de existir, de disfrutar la belleza de la vida. Tres flores para mi: la primera para tener paciencia, la segunda para guardar prudencia y la última para mantener esperanza.

¿De que sirve soñar con alguien? ¿Acaso me sumerjo en la fantasía para evitar la realidad? Pero después de todo, ¿quién puede definir qué es fantasía y qué es realidad? De la nada, ella se volvió mi realidad. Una espera que no significaba sacrificio alguno. Un reloj que se mueve en su propio tiempo, distinto al de todos los demás, mi propio tiempo, que funciona según el suyo. Una lámpara que se enciende con la llama de una ilusión.



Aquí estoy, en el mismo lugar de siempre, en mi espacio. Mi espacio podría ser tuyo si quisieras... Se cruzaron nuestras miradas durante siete segundos y seguiste tu camino. Esperar hasta tu próxima clase.

Mientras te espero recorro los mismos caminos, hablo con la misma gente, recibo las mismas clases. Las conversaciones se convierten en insignificantes, el sinsabor a repetir una y otra vez algo que no me importa. La “capacidad” de estar presente en algún lugar y tener la mente en otro… junto a alguien.

Un sabor a recuerdo en mis labios. Aroma de una caricia soñada. Un canto de amor. Una estrella que se cae porque nadie la sostiene. Un corazón que deja de latir mientras te espera.

Miro tus piernas, miro tu escote y me imagino tus pechos blancos, tus pezones rosados. Otra vez soy presa del deseo.

Una nota con mi número. La escribí veintitrés veces. Una nota con mi número, pero sin un nombre. Si te escribiera mi nombre sé que jamás llamarías. Tal vez logre dejar una gota de curiosidad. Después pensarlo infinidad de veces antes de dejártela en ese lugar donde siempre veo que dejas tus libros. Una nota pegada a un casillero, ¿la imprudencia del deseo o el riesgo de entregarse? La línea que separa el miedo al fracaso del riesgo a sufrir es a veces muy tenue.

Sonó el teléfono esa misma tarde, no pude conseguir tu número, era privado, no hablaste, cortaste con mi ¡hola!, pero sé que fuiste vos. Esperaste siete segundos antes de cortar, siete segundos para pensar si marcaste el número correcto, para corroborar que la voz que creías escuchar era en realidad la que escuchabas. Mis siete segundos. Tu silencio. Luego el horrible sonido de una llamada que acaba sin una conversación que iniciar.



Tus ojos en los míos, una mirada diferente, de duda, de miedo, de algo nuevo para ti. Era jueves. Te fuiste rápido. ¿Temor, desconcierto o repulsión? No la pude leer. Tres flores para mi, por favor.



Dos semanas de tristeza… ¡maldita imprudencia! Dos semanas sin dormir. Tu imagen cada vez que cierro mis ojos y luego la vergüenza; vergüenza de quererte, de desearte, vergüenza de arriesgarme a dejar de ser invisible para ti; vergüenza de mi, de descubrirme. No puedo evitar mirarme al espejo, encuentro solo vacío. Vergüenza de ser quien soy. Una lágrima no significa nada.

La mañana, no significa nada tampoco, un teléfono que suena y me despierta en una pesadilla viva. Un teléfono que suena sin ser contestado, mi teléfono, un número privado y luego la alarma de un mensaje de voz. No me interesa, debo ir a clases otra vez.

Mi lugar, ese en el cual soy invisible. Mi lugar, ese en el que te descubrí y me descubrí. Otra vez el teléfono, me siento y contesto. ¡Hola! Soy yo, escucho. No puedo hablar, no sé que decir, no te esperaba. Aquí estoy. Te busco, te encuentro. Tu cuerpo, tu cabello, tu mirada sobre mi… y una sonrisa. Te quiero ver.

Mi día se convirtió en un sueño vivo.



La belleza de tu cuerpo sobre las sábanas blancas, esperándome en mi habitación, semidesnudo, tu mirada desde que abro la puerta, tus ojos café que me invitan a poseerte, tus labios rojos que susurran un ven. La brisa que hace que la cortina dance con tu cuerpo.

Te haré el amor como ningún hombre antes lo haya hecho, te olvidarás de todos aquellos que pensaron te harían mujer. Te haré el amor como ninguna otra mujer jamás podrá hacértelo. Me sentirás y temblarás. Después de todo, ¿quién te podrá amar mejor que yo?... dos hijas de la luna que comparten secretos en silencio.
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Comentarios:

Online
Escrito por: avesolitaria       11/04/08 18:37
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Esos "susurros del silecio" rebosan sensualidad y deseo... Y unos sentimientos muy bien plasmados, que se logran contener y mantener hasta el momento preciso mediante esas tres premisas: Paciencia, prudencia y esperanza. Brillante relato.
Escrito por: Momo       10/04/08 22:03
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¡Qué bueno que se hiciera visible!. Me ha gustado tu historia. Un saludo. Chares
Escrito por: Lisume       07/03/08 22:16
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Hermosa historia! abarcando pasión desenfrenada, calor de pareja y mas aun de una pareja que normalmente cuestionada por nuestra sociedad actual
Un beso mina!
te sigo leyendo!
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