Salí corriendo, aguantando las lagrimas en pleno liceo.
En la noche, me acosté en la cama pensando en Nanny y pensando en los recuerdos donde ella me rechazó. Parecía un video grabado; se repetía una, una y otra vez dentro de mi cabeza. Quize hablar con ella a solas, en tema de disculpas a mis errores.
Cerré los ojos... y de repente aparecí en el liceo, justo dentro de un salón. El salón se adornaba en los pupitres en forma de columna, frente a un escritorio con los cuadernos puestos. Era a plena luz del día, así tipo once de la mañana.
No estaba solo, alguien estaba allí parado, mujer femenina parecida a Nanny, la emo, por supuesto, era Nanny en persona.
La contemplé de frente a frente, viendo los atuendos que cargaba. Ella se colocaba un sueter de rayas negras y rosadas, muy pegadas. Encima del pelo lo amarraba con un cintillo rosado, con su peinado de niña buena. Flaca, y más o menos alta. Menos mal que ella tenía los parpados pintados de azabache, porque sin ese maquillaje, ella se vería horrible, con sus ojeras parecidas a las de una anciana.
-Sabes, Nanny -le dije-, me caes mal.
-¿Por qué?
-Me rechazastes, y ahora lo tienes que pagar.
La agarré por los brazos, haciendole una llave japonesa que con ella la tumbé al escritorio. Les describo la pocisión: la sostuve hacia el escritorio, le apoyé todo mi peso de las piernas hacia las suyas, recostandole lo que ya tu sabes, y le dejé pegados los bracitos al escritorio aguantados por los míos.
-¡Te amo, Nanny, te amo! -le murmuré a su oído.
Le quité su sueter, luego la camisa beich, luego la chemis, luego los sostenes, y por fin apareció sus golosas y pequeñas teticas de una muchacha cuando es adolecente.
¡Dios míooooo, le lamí todo el cuerpo, inclusive hasta la barriguita! Le pasé la lengua, provando su suave piel que sabe a orgasmo prendido.
-¡Nanny, estás guena y guena, te quiero comer!
¿Qué pasará? Muchisimas cosas, en cambio necesito los comentarios, y si ustedes quieren que yo continue con mi historia.
Continuara...
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