


| Escritor: | Georgy |
| Públicado: | 19/05/2008 |
El hombre leyó en la página 72 del libro: "Los Sueños, arrabales de la Muerte", que durante el sueño las almas escapan de sus desprevenidos dueños y vagan libremente por el universo; pero que al despertar, esas almas errantes siempre regresan para afrontar la vigilia. El hombre, acaso asediado por el inminente sueño de la madrugada, cerró el libro no sin antes sospechar que acaso pudiera existir un error en el complejo mecanismo que hace regresar las almas a sus legítimos propietarios.
Cuando despertó al otro día, comprobó con inquietud que aquella no era su cama, tampoco reconoció a la mujer que yacía a su lado. Desconoció su habitación; no encontró sus pantuflas de gamuza beige y hasta su cepillo de dientes no era el mismo. Al mirarse al espejo, tropezó con un rostro extraño que jamás había visto en su vida. Definitivamente, no era él. Recordó lo que había leído acerca de los sueños y de las almas fugitivas. Revivió sus sospechas y presuroso, regresó a la cama. Miró por última vez a la extraña mujer que se desperezaba a su lado y procedió a dormirse. A las pocas horas, el hombre despertó, se levantó como todos los días, se calzó sus pantuflas de gamuza beige y desayunó solo, como cada mañana. En el Metro, camino a la oficina, tropezó con aquel mismo rostro extraño que creyó ver en el espejo de su baño. El hombre volvió a sospechar que bien podría existir un error en el complejo mecanismo de los sueños.
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