SOLSTICIO DE VERANO
Desde el punto de vista antropológico las fiestas son formas de expresión de las colectividades que las protagonizan. Las fiestas tuvieron su origen en una vivencia religiosa. Los primitivos grupos humanos abandonaban sus labores cotidianas en un momento dado, para dirigir la mirada hacia lo alto y rendir culto a la divinidad. El origen de nuestras fiestas estaciónales viene del neolítico, cuando se creía en la fuerza sobrenatural de la naturaleza.
En la noche del 23 al 24 de Junio, se celebra el solsticio de verano. Esta celebración esta vinculada con ancestrales ritos de fertilidad en los que se agradecía a la tierra la cosecha anual. Los hombres pedían por la fecundidad de la tierra, en la esperanza de la bonanza de las próximas cosechas y por la fecundidad de las mujeres, que eran asimiladas a la tierra por su poder generador. Es el tiempo en el que se debían de comenzar a almacenar alimentos para pasar el otoño y el invierno.
En esta fiesta se rinde homenaje al sol, que durante esta época del año brilla en el cielo con más fuerza que nunca. Se dice que en los tiempos del inicio de la humanidad se temía que el sol no volviera a su esplendor total, pues después de esta fecha, los días era cada vez más cortos. Es por ello que en la idea de ayudar al sol a renovar su energía, se encendían fogatas en las cimas de las montañas, a lo largo de los riachuelos, en la mitad de las calles y al frente de las casas. Asimismo, se organizaban procesiones con antorchas y se echaban a rodar ruedas ardiendo colinas abajo y a través de los campos. Nuestros ancestros consideraban que el fuego liberaba los espíritus de la naturaleza, destruyendo las influencias nocivas y purificando la tierra, en esa noche alrededor de la hoguera se salta y baila hasta que amanece, se quema lo antiguo y se da paso al futuro.
La tradición y la magia se entremezclan esta noche en una serie de ritos ancestrales para obtener felicidad, salud y fertilidad y en los que el fuego y el agua son los principales protagonistas. Fue una festividad muy extendida por todo el mundo antiguo. En Egipto se celebraba este día del culto a Ra el dios sol, mientras que en Grecia se celebraron durante el solsticio de verano las fiestas en honor al dios Apolo, encendiendo grandes hogueras de carácter purificador. Los romanos dedicaron a la diosa de la guerra Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas y ya entonces se atribuían propiedades medicinales, a las hierbas recogidas en aquellos días. En el mundo celta el antecedente de esta celebración son las fiestas que se celebraban en honor a Beltaine en mayo, que era cuando este pueblo celebraba la llegada del verano. Dichas fiestas consistían en un festival anual en honor al dios Belenos. Durante el Beltaine los pueblos celtas encendían hogueras que saltaban con largas pértigas y pedían a los dioses, que el año fuera fructífero, sacrificando algún animal para que sus plegarias fueran mejor atendidas.
Todos estos rituales fueron unificados por la iglesia católica bajo la advocación de San Juan Bautista, el primo de Jesús, el profeta que predicaba el bautismo para el arrepentimiento de los pecados. Aunque en la óptica de la iglesia, por San Juan se conmemoran una festividad directamente relacionada con la vida del Mesías, los antiguos rituales subyacen sin apenas modificación durante siglos en las celebraciones populares.
En muchas poblaciones asturianas, la noche de San Juan Bautista y su amanecer es un instante mágico, en el que las xanas eran desencantadas y los cuelebres perdían sus poderes malignos y rara es la población asturiana que no celebre esta festividad.
Los protagonistas de la fiesta son fundamentalmente el fuego y el agua. Fue costumbre que los jóvenes de Caravia, subieran en la noche de San Juan al monte para ver al sol bailar en el momento en que aparece. En Navia, en la noche de San Juan, se enciende la famosa Foguera de Amancio, tras la cual las gentes van a la playa a terminar la fiesta. En Oviedo la foguera tiene lugar en la Plaza de la Catedral, donde suele haber una representación teatral en la que bailarinas ejecutan una serie de escenas alegóricas sobre el agua y el fuego y entorno a la misma se baila la danza prima como ritual de invocación al aire que da la vida. En Gijón se celebra el solsticio de verano en la playa de Poniente con una gran foguera. En Mieres los vecinos se congregan en la Plaza del Ayuntamiento y alrededor de la hoguera se danza la Danza Prima. En diversas localidades del oriente de asturias, en la noche de San Juan, las hogueras no se queman, se plantan, tal como ocurre en Balmori, (Llanes). Dice una leyenda que la Fuente Vieja de Balmori cobija doce moras encantadas las cuales fueron convertidas en polluelos de oro por un pecado de amor y que en San Juan recobran su forma humana. En Insierto (Mieres) en el Valle de Cuna, asi como en otras muchas localidades asturianas , se conserva la tradición de enramar la fuente; por la tarde se recogen flores y sanjuanes para hacer una corona que a medianoche es llevada por los vecinos a la fuente.
Popularmente el agua en la noche de San Juan a partir de las 12 de la noche se consideraba bendita y se creía que el rocío caído sobre la tierra, cuando la luna aún no se ha ocultado y el sol empieza a salir, curaba todos los males, de ahí que muchas personas se revuelcaran en él para curar enfermedades fundamentalmente de la piel; también en algunas poblaciones se pone al rocío la ropa que luego se va a vestir, porque se cree que de este modo queda bendita y quien la ponga no padecerá enfermedades.
Esta muy arraigada en esta tierra la leyenda de la flor del agua, entendiendo como flor del agua el primer agua recogida de las fuentes en el amanecer de la noche de San Juan. El acto de coger la flor del agua consiste es posar los labios sobre el agua de la fuente antes que nadie; se dice que la flor del agua concede felicidad, un buen marido y un hijo dentro del año; la moza que cogió la flor del agua debe dejar una rama como señal de que ya estuvo allí. En algunos lugares de Asturias se tiene la costumbre de echar una rosa en la flor de agua recogida conservando luego esta agua para curar las afecciones de los ojos.
En Proaza los jóvenes iban de madrugada a lavarse la cara a las fuentes y las personas mayores que padecían sarna o erupciones cutáneas, se revolcaban completamente desnudas en los prados, costumbre también registrada en Aguino (Somiedo), en Boriness (Piloña), Tormaleo (Ibias), y en algunos pueblos de Allande eran las mozas las que se revolcaban, completamente desnudas, en los prados, para recoger las virtudes del rocío. En la Riera (Somiedo) tienden las ropas al rocío porque esto libra de las enfermedades a quienes luego las usan. Rito purificatorio era también el que llevaban a cabo las jóvenes de Ibias que, al dar las doce de la noche, cogían la orvallada del río.
También en esta noche en las poblaciones asturianas se recoge la yerba de San Juan, a la que se atribuyen propiedades curativas. Esta hierba es, en realidad, una planta llamada Artemisa, oriunda del sur de Europa y que crece en muchas partes del mundo. En el lenguaje de las flores, la palabra significa felicidad y debe su nombre a la diosa griega del amor a la que invocaban las mujeres en busca de salud. En la antigüedad se atribuyeron virtudes mágicas a esta planta, a la que con el tiempo se han dado diversos nombres populares. Entre ellos, el más conocido es el de hierba de San Juan. Los celtas, llevaban guirnaldas y cinturones hechos con esa planta en la noche del solsticio de verano, mágica para ellos. Así adornados, bailaban alrededor del fuego sagrado y al terminar las ceremonias rituales, tiraban la hierba al fuego, para quemar simbólicamente todos los malos augurios y las influencias negativas. Estas hierbas gozaron de gran popularidad entre las mujeres ya que las hojas, tomadas en infusión, activan la digestión y regulan el ciclo menstrual femenino.
El culto al árbol y a los vegetales se halla también representado en los ritos de S. Juan, las mozas enraman sus balcones y los mozos asturianos colocan ante las casas de sus novias un árbol (roble o fresno) denominado ramu, con el objeto de que el santo los bendiga. Tras ello, recorren el pueblo cantando:
Mañanita de S. Juan/, madruga, niña, temprano/ a entregar el corazón al galán/ que puso el ramo.
En algunas parroquias, como en la de Jarceley (Cangas del Narcea) colocan sobre el tejado un ramo mojado en la fuente durante esa mágica noche con el objeto de que no puedan caer rayos sobre la casa. Coger esta noche un trébol de cuatro hojas era símbolo de que la suerte iba a acompañar a la persona que lo hallara.
(De mi trabajo leyendas y ritos de fertilidad en Asturias)
Creo que agradecerle es poco.
Este es un excelente trabajo que nos permite explorar vuestra cultura.
De hecho en nuestros pueblos hay un sinnùmero de mitos y leyendas que forman parte del diario vivir sobre todo en el campo.
Un abrazo
Gracias Nauxica por tan erudita información.Es curiosa la coincidencia de todos los pueblos de la tierra en saludar el inicio de las estaciones floridas.América latina recibió toda esa magia de España. Lo que no me quedó claro fue la relación de esos ritos con San Juan.Una vez mas gracias y que la noche de San juan te sea propicia.
Es un excelente trabajo, Nauxi.
Con los anteriores que haz escrito nos cautivas.
Tienes un amplio conocimiento sobre estos temas.
Un beso
Andrés
Cautivante ver que tan atiguas tradidciones aun estan vivas y activas en culkturas como la vuestra. Ganas de participar en ellas, me dan.
Saludos.
Qué excelente relato, Nauxica!
Es que si nos quedara alguna duda sobre el significado de estas festividades,
está todo contestado en este texto tan informativo, como interesante.
Un besito, amiga