solemnidad

Categoría(s): cuento, relato breve, psicologo

 

El licenciado Sandevil cerró el libro con el que mataba la espera. El paciente de las ocho había faltado y se ocupo de releer por enésima vez “La familia” de Lacan. Miro el pequeño reloj que lo observaba desde el escritorio, ya era la hora del próximo paciente. Sonó el timbre. Se levanto poniendo los pies uno delante del otro siguiendo la línea que marcaba el dibujo de la alfombra marrón, abrió la puerta. Allí estaba Marta, la gordita sonriente.
- Pase Marta - le dijo en voz baja
-Gracias, ¿cómo te va? – respondió la mujer en voz demasiado alta, pensó el licenciado.
Marta se acostó en el diván de cuero negro y comenzó su perorata de todos los viernes a las nueve.
Sandevil no escucho ni una sola de las palabras con las que ella intenta distraerlo, su mente estaba ocupada, últimamente siempre estaba ocupada. Con el fondo de la charla de la mujer había un tema que su mente entrenada no podía manejar.
-Es la hora – dijo automáticamente y saludo a Marta con un apretón de manos no bien ella se incorporo.
-Hasta la próxima – le dijo mientras abría la puerta. Cerro y se apoyo  en la puerta sintiendo algo de cansancio, ya era hora de abandonar  el consultorio.
El teléfono sonó. Levanto el tubo y una voz masculina pregunto - ¿Licenciado?
Lo conocía, era el Comisario.
-Si, ¿que quiere Seisdedos? - Respondió enojado.
-Mire licenciado, lo necesito urgente, ahora va el móvil a buscarlo, tenemos un suicida en  un edificio de la calle Goya, se quiere pegar un tiro, tiene a toda la familia, también los amenaza, parece que la mujer lo engaño con el mejor amigo y no se cuantas cosas mas, así que tiene trabajo, ¿escuchó?
-Si, fuerte y claro – bromeo Sandevil y colgó el teléfono.
Muy despacio se puso el saco, arreglo el nudo de su corbata preferida, la que le regalo su mujer en el ultimo cumpleaños. Sonó el timbre.
Un policía en el pasillo lo saludo llevándose la mano a la cien. Bonito saludo, le daba solemnidad  –pensó Sandevil.
-¡Vamos! – le dijo al oficial.
Partieron velozmente por la avenida rumbo al departamento del  enésimo suicida.
Cuando llegaron la gente se apiñaba para ver el espectáculo, nunca había emociones fuertes en el barrio, hoy era día de fiesta. Instalados en la vereda de enfrente, cuatro canales de televisión tenían sus ojos atentos para que nadie se perdiera el show.
Sandevil bajo del patrullero, sin decir palabra se dirigió a la entrada del edificio, todos lo conocían, era el psicólogo policial, el mejor.
En el hall del edificio, con un arma en la mano, el hombre abrazado de una mujer rubia, bonita y llorosa. Dos niñas observaban  agarradas de la pollera de la mujer.
El licenciado, mas tranquilo que nunca en su trabajo, se acercó a la puerta de vidrio mostrando las manos vacías. El hombre lo miraba a los ojos.
-¿Cómo es su nombre? – le preguntó
-Antonio, ¡no se acerque más! – gritó
-Antonio vine a tratar de arreglar este problema, necesito tu ayuda – mientras decía esto caminaba lentamente hacia la puerta. Apoyó las manos en el vidrio.
-Abríme Antonio, así podremos charlar sin que todos estos se enteren.- le dijo guiñándole un ojo.
-¡No! – le contesto el hombre mientras apuntaba a la cabeza de la mujer.
-Yo se que estas mal, tus hijas también....tu mujer, que necesidad de hacer tanto lío si esto se puede solucionar. ¡Dale abríme!, le urgió.
-¡Esta hija de puta que se cague, la voy a matar, me cagó sabes, en mi casa, “encamada” en mi casa, con las pibas en la otra pieza, yo no quiero que las nenas sufran, no se que paso, no aguanto mas!- Gritaba, mientras abanicaba el aire con el arma.
-Déjame entrar solo un momento, quiero escuchar bien lo que me decís y aquí no puedo. Estos estúpidos hacen mucho ruido.- dijo Sandevil sacándose el saco para mostrar su indefensión.
Hubo un instante de silencio, la multitud espero el siguiente movimiento aguantando la respiración.
El suicida se acerco a la puerta junto con la mujer, abrió y se retiro unos pasos para dejar entrar a  Sandevil, volvió a cerrar.
Comenzaron a charlar.                                                                                        
 Al otro lado del vidrio hacían conjeturas. Se escuchaba a los “movileros” que  hablaban en forma entusiasta a sus televidentes explicando lo que se veía en dos millones de pantallas.
-¡Che Coco, cerrá el plano, toma a la familia- escucho en los auriculares un camarógrafo, obedeció. En el monitor del camión aparecieron, Sandevil recostado en la puerta, y con sus cuerpos juntos, la familia. El hombre, que seguía con el arma en la mano, asentía mirando al psicólogo, la mujer ya no lloraba, las nenas se habían tomado de la mano, estaban tranquilas. Los potentes focos de las cámaras iluminaban despiadadamente cada rincón. Y el tiempo pasaba lentamente.
-¡Le entrega el arma! – dijo el director de cámaras mirando el monitor.
-¡Coco, primer plano!- sonó en la cabeza del camarógrafo.
En la pantalla se vio el sumiso ademán de Antonio entregando el 38 a Sandevil. La policía se preparo para entrar. Con el arma en la mano, Sandevil camino por detrás de la familia que comenzó a arrodillarse en línea. El psicólogo seguía hablando, en su mano, colgando blandamente, el 38. Todos se persignaron en el hall del edificio.
Fue muy rápido, primero Antonio, luego a su mujer, dudo con las nenas pero igual lo hizo, por ultimo dirigió  el arma a su cien, recordó el saludo del policía y pensó: ¡Que pavada ser solemne!
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Comentarios:

Escrito por: ricardo48       24/12/07 16:58
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¿Todos borradores? Jajajaj. Mi abuelo que era escritor y pintor decía que los borradores son como masturbarse, dan satisfacción pero no van más allá de la mano.
Deberías pensar en algo más definitivo JAJAJAJA. Un abrazo felices fiestas.
Escrito por: coloso49       24/12/07 02:15
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gracias Ricardo. tendre muy en cuenta tu aporte. para mi todos son borradores, unos mas que otros, claro
Escrito por: ricardo48       24/12/07 01:23
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Hola amigo hace tiempo que no leo nada tuyo un gusto poder pasar por allí.
Me resulto una historia de las que se ven en tv en los noticieros. Bien llevada, con algo de ironía. En el final la locura del psicólogo sorprende y ese toque irónico que lo caracterizo durante el relato regresa y le da un tono tragicómico al cierre. Creo que le falto fuerza en el remate si bien tuvo sorpresa. Saludos compañero
Escrito por: coloso49       23/12/07 23:25
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habla, habla, porque quedaras como el protagonista
jajajaj.
no sabes como me gustaría hacer un corto con esto
aaaaaaaaaaaghhhhhhhhhhh!!!!!!!!!! quien fuera "pudiente"
gracias mil
Escrito por: mariazul11       23/12/07 23:17
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La pucha... bueno me has dejado muda y mirá que es difícil, excelente.
Lili
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