


| Escritor: | agazape |
| Públicado: | 19/06/2008 |
Suspiro tras suspiro, pálpito a pálpito vivo yo mi antes intrépida y ahora
apagada vida. Cada noche me duermo con la esperanza de no volver a
despertar, pero el destino me castiga con el monótono cantar de los pájaros
que me hace darme cuenta de que todavía vivo. Mi única labor durante el
día es limpiar mis estanterías llenas de libros escritos por célebres autores
que ya gozan de lo que yo aún espero. Hace mucho que vivo solo y mi
agonía cada vez es más intensa.
La soledad no es más que una compañera que solo me es infiel cuando
llega el repartidor de periódicos. Me da el periódico y sigue su camino
hasta el final de la calle; algún día yo también llegaré al final de la calle.
El silencio invade hasta el más inhóspito rincón de mi casa. Ese silencio
abrumador e incómodo que causa escalofríos allá donde se encuentra.
La triste imagen de mí mismo en el espejo refleja el rostro de un viejo inútil
cuya vida se apagó hace ya mucho tiempo. Tengo la sensación de vivir
inmerso en una pesadilla cuyo fin nadie puede predecir. Tal es mi desespero
que mi único consuelo es el saber que lo que ansío llegará; es inevitable.
Mientras, me dedicaré a seguir con esta aburrida vida.
Cuan solo me siento al recordar tiempos pasados, o al mirar a través de la
ventana y ver a esas familias felices entrar y salir de sus hogares llenos de
compañía.
Toda mi infancia desperdiciada en la escuela, el instituto y la universidad
para acabar solo, jubilado y con apenas pensión para subsistir. Hace 23 años
que no salgo de mi casa. Mis pupilas se han acostumbrado a la oscuridad y
mi endeble cuerpo está agarrotado. Pero ya queda poco. Mi corazón va
advirtiéndome que no le quedan fuerzas para seguir bombeando. Ya
queda poco. Pronto me dormiré para no despertar jamás y terminar con esta
agonía. Pronto recibiré lo que tanto a Dios imploro. Pronto todo esto se
habrá acabado.
Hoy me he dormido 5 veces en todo el día y la última tuve la sensación de
que ya había sucedido, pero no, allí estaba, sentado en el sillón. Cada vez
el corazón late más despacio. Cada vez mi sueño es más intenso. Para qué
alargarlo más. Me tumbo sobre la cama y, por fin; no he despertado.
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