No sé que me hizo fijarme en tí; si el cabello -negro y revuelto- el maquillaje, los ojos -perfectos- o el contorno de tus piernas, tus piés, largos y delicados a la vez, calzados en tacones altísimos, haciéndote contonearte con toda gracia al caminar. Sí sé que no pude detenerme y aunada a mi seguridad, tenía quen intentar seducirte y pronto.
Cuando era más joven, tenía menos miedo...
Ahora, ruego por hallarte; tus manos, tus ojos, la curva breve de tus senos. Necesito a alguien como tú para dormir en ella y no morirme sola. Tu contraparte real me gusta por las mismas cosas; su capacidad de seducción, su brillantez, su mirada, su belleza increíble, la forma en como se mueve, su cabello, su luz, todo.
Pero no eres tú y estoy llena de ese temor dulce que el deseo propicia. Y no sé para dónde hacerme o cómo huír de tí, porque eres ideal y ya me estoy enamorando, sin que aún existas.
Soy más feliz de lo que puedo adelantar, por la sola idea de lo que puedas ser. Y a la vez, te temo.
Te escribo compulsivamente: sabes? El fin de semana fuímos a esta tienda donde hay oraciones al Santo Gato Sombra. Decidí rezar porque aparecieras en mi vida, con los costos contemplados y compuse una especie de poema con esa oración. Me aterra mirar tu rostro; lleno tu ausencia ahora con música, la creación de zombies y una discusión de Física con dos alumnos. Quisiera decir "aparece" y verte. Y esto, de pronto, es un sinsentido.
Soñé con tu risa; deberían encerrarme por eso? De momento, te llevo en mi demencia como un ángel oscuro. Tal vez el Gato me escuche; tal vez no. De momento, cumples con tu función de musa y eso, es lo único importante. Lo único para lo que existes. Lo único que me hace ser, en este instante...
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