El comandante retrocedió unos pasos. Por unos segundos pensó que era Ramírez, lo cual estaría fuera de lógica, y él era un hombre lógico, o eso creía, pero los acontecimientos que se estaban dando, al parecer, no tenían muchas explicaciones dignas de analizarse de la forma en que lo hacía siempre. A pesar de estar seguro de haber escuchado aquel llamado de súplica, no podía haber sucedido, aquella muchacha sonreía, como si nada hubiera pasado.
Su rostro ya no mostraba aquella expresión de susto como cuando le había agarrado el brazo hace unos momentos. Pero no era una sonrisa con la que uno podría sentirse tranquilo, era más bien algo...¿demoniaca?
Tragó saliva y dirigió su atención al guardia que con tan solo mirarlo unos segundos, lo hizo estremecerse. El arma que tenia en sus manos se le resbalaba. Estaba sudando.
-Bien...- lo que tendría que haber hecho era llamar inmediatamente a alguien, pero aquella voz que antes le había parecido algo triste y luego la de su subalterno, ahora le pareció escalofriante, seductora...fría.
-¿No me ayudará a levantarme?- Sus ojos brillaban con interés.
De buena gana le hubiera dicho que no necesitaba su ayuda. Su cuerpo estaba aún con aquellas espantosas marcas, pero él no sabía porque creía que ella podía arreglárselas por si sola.
-¿Qué paso aquí?- preguntó inseguro, dando muestras de que no tenía ningún deseo de acercársele. Su mirada siguió fija en ella, esperando su respuesta mientras metía su mano en su bolsillo izquierdo, estaba seguro de que había llevado el celular. Lo sacó y levantó la otra mano para marcar pero...
Antes de efectuar cualquier tipo de llamado, las luces se apagaron repentinamente. Fue como si el tiempo parara, como si el corazón del comandante parara, como si algo malo fuera a pasar...era definitivamente un mal presagio...
Guardó el teléfono mientras miraba a todos lados esperando que su vista se acostumbrara a la oscuridad. Retrocedió unos pasos más, haciendo que sus manos tocaran todo lo que estaba a su alrededor, tenía que llegar a la puerta y pedir refuerzos. Estaba casi seguro de que aquella joven era una demente. Imitando a otras personas y torturando a los guardias.
La luz regresó, como una nueva esperanza, como la salida de un túnel muy largo. Ya no debía estar lejos de la puerta, pero no fue eso lo que lo inquietó. La muchacha ya no estaba sentada, sus delgados brazos colgaban alrededor de su cuello. Estaba detrás de él.
Había algo en ella que lo hacia sentir débil. Pero sabía que era muy peligrosa, así que concentró toda su fuerza en su brazo derecho y la golpeó directamente en las costillas. Se oyó un alarmante gemido. Uno que le puso los pelos de punta.
PD: Amigos, aqui les dejo el link, para que vean como se va desarrolando este super interesante proyecto:
Besos
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